FANTASÍAS A GO GÓ

Por emilio rivellli rivelli
Enviado el 19/01/2014, clasificado en Fantasía
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Aunque hacía tiempo que me venía percatando, la disputa estalló una mañana mientras apuraba el cotidiano café con medialuna y mermelada de ciruela. Muy a mi pesar, era perceptible por cualquier observador medianamente perspicaz, de que cada una de mis extremidades superiores tenían vida propia, seguían rumbos poco solidarios entre sí, tal como los primeros rayos de luz se oponen a la persistencia de la helada nocturna. El ansia en una la llevaba a barnizar la tostada con la premura que exige una mantequilla a punto de claudicar. La vecina, optaba entonces por una saludable macedonia de frutas. Y así era en todo, opciones duplicadas para todas las situaciones cotidianas como si pertenecieran a seres humanos distintos. En un principio tomé la decisión de no inmiscuirme, no quería herir sus sensibilidades, confiaba en que ambas se darían cuenta de la futilidad de su antagonismo, del derroche de energía que su egocentrismo comportaba.

Si una elegía libros de enjundia, la colindante se decantaba por la lectura pegajosa de la prensa rosa. No pretendo hacer un relato pormenorizado de la dicotomía que estaba viviendo, tampoco desearía ser motivo de chanza si me detuviera en explicar las preferencias de una y otra en las cuestiones dermatológicas. De lo que si estaba seguro era de la presencia de la verguenza sorda que me invadía por no haber sabido ejercer de árbitro en su debido momento.

Una vez expuesta esta compleja situación, debo anunciar que la única esperanza que reservo es la de pedir una indemnización al cirujano que me implantó una de ellas (les había prometido no confesar cuál de ellas tenía la condición de foránea) tras el accidente de tráfico que sufrí al distraerme con las emisoras de radio, la fatal ausencia de coordinación que siempre me acompañó. Nada se me explicó de las secuelas potenciales que la operación presentaba e imagínense que una de ellas insiste en acudir a colegios de pago y vestir prendas exclusivas, necesito cubrir esa cobertura, nunca se sabe. Alguien cercano me explicó que esto me pasaba por ser un xenófobo incorregible, que esa extremidad extranjera me estaba aplicando el mismo rasero que yo usaba con otros; no le hice mucho caso. En el futuro trataré de ver el aspecto positivo de todo ésto, pero debo confesar que de momento no auguro grandes esperanzas de salir airoso.

 

                                                                                    Emilio Rivelli Rivelli


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