La hermana de Joanna se queda en nuestra casa

Por Roberto9
Enviado el 01/02/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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La hermana de Joanna se queda en nuestra casa.

Carla, la hermana menor de Joanna, venía a la ciudad a ver un concierto de música, y nos avisó que pasaría por nuestra casa a saludarnos.

Tenía previsto llegar en el tren de por la tarde, pero me llamó desde la estación que lo había adelantado y llegaría sobre las 12h.

Su hermana no llegaría hasta las cuatro, y mi marido una hora más tarde. Yo me preparé para recibirla con una blusa larga que apenas me tapaba las nalgas desnudas, pues pensaba darme un chapuzón en la piscina de la casa e invitar a Carla, haciéndole recordar sus estancias aquí.

Llegó a la hora prevista, tocó a la puerta, y yo fui presta a abrir, y allí me encontré a una mujer, ya tenía 23 años, pero con un cuerpo mucho más desarrollado que el de su hermana, venía vestida con un vaquero corto muy ajustado y con algunos rotos que le dejaban ver su muslo y nalgas, y una camiseta de asillas muy abierta, sin sujetador, que mostraba la parte superior de sus hermosos pechos, y debido al sudor por el fuerte calor que hacía, también se le marcaban perfectamente las puntas de sus pezones.

La verdad es que me cautivó nada más verla, no pensaba que fuera tan descocada, ni con un cuerpo tan hermoso. La estancia de su hermana en nuestra casa había despertado en mi una atracción hacia las mujeres que desconocía desde las confidencias entre amigas de la adolescencia.

Nos besamos en cada mejilla y le halagué su belleza y lo que se había desarrollado aquella joven que yo conocía. Ella también me dijo que yo seguía estando guapa como siempre.

La invité a quitarse la ropa que llevaba para lavarla, pues estaba sudada, y me dijo que no tenía otra, a lo que yo le contesté que la pondríamos en la secadora y la tendría lista para por la tarde.

Le dije que me acompañara a la piscina, pues el día solo estaba para no salir del agua. Me siguió y me paré en el patio justo al lado del azulejo que pone “Zona Nudista” . Ella se sonrió y me dijo que tenía muy buenos recuerdos de esta piscina, y que se alegraba que siguiera siendo nudista., pues sus padres ya se pasaron al textil.

Ambas desnudas nos dirigimos una mirada de reconocimiento, volviendo a alabar su belleza, tenía unos pechos grandes, las caderas redondas y largos cabellos negros y rizados. Sin poderme resistir le acaricié uno de sus pechos, sus pezones estaban duros, casi rojos, como dos pequeñas fresas, y le dije que eran hermosos como los de su madre. Ella me dirigió una sonrisa cómplice y me dio un suave y fugaz beso en la boca.

Comenzamos a contarnos recuerdos del pasado e historias de ahora de nuestras vidas, que yo iba subiendo de tono, al contar intimidades con mi marido y ella con sus parejas, pues había tenido varias.

Sin dejar de hablar me ofrecí a ponerle crema a lo que ella accedió de muy buena gana, girándose para que se la pusiera. Comencé por los hombros, espalda, nalgas, que hacía muy suavemente con la excusa de que la crema tenía que penetrar bien en la piel. Me entretuve en sus nalgas y comencé con un dedo untado en crema a recorrer el camino de su ano a su vagina, con mucha decisión y presionando un poco más, que hizo que casi lo introdujera en su agujero trasero y en su vagina , que se había humedecido con los masajes. Al finalizar con sus piernas comencé con su pubis, que estaba completamente depilado, y de una suavidad extrema. Continué subiendo por su barriga hasta sus pechos, que tras descargar un buen chorro de crema en cada uno me entretuve en masajearlos, dejándolos completamente erectos.

El nivel de confianza llegó a que me contara lo que le sucedió con mi marido la última vez que estuvo en nuestra casa. Me contó que estaban los dos en la piscina, pues los demás habíamos salido de compras, y como era habitual nadaban y jugaban, pues ella tenía 18 años, y uno de los juegos era pasar por debajo de las piernas del otro dentro del agua, que al estar desnudos hizo que en uno de esos pases la polla de mi marido, que se encontraba algo erecta, rozara su espalda y nalgas., lo que hizo que se empalmara aún más, como nunca la había visto antes. Me dijo que se puso nerviosa y quiso salir, pero subiendo la escalera de la piscina, el la agarró por la cintura, la tiró al agua e invitó a seguir jugando. Le dijo que ahora lo harían más difícil, pasando al revés, boca arriba, por entre las piernas. Primero pasó él, y rozó sus labios en el pubis de Carla, que también fue rozado insistentemente por su verga empalmada.

Me dijo que no sabía que hacer, pues las piernas le temblaban, pero le había dado un gusto indescriptible. El siguió nadando mientras Carla se quedó inmóvil.

Al momento nadó un poco y le dijo que ahora le tocaba pasar a ella por entre sus piernas. Pasó, y la excitación era tal que no se pudo resistir y su boca agarró la polla y la tragó lo que pudo, luego siguió pasando y fue su sexo el que se restregó con su polla.

Salió de la piscina y se fue corriendo a la casa.

Al día siguiente, se iban de la casa.

-Quédate esta noche en nuestra casa , y acaba lo que iniciaste hace cinco años, le dije.

-Eres muy generosa, acepto complacida tu invitación, me contestó.

- Tienes un cuerpo de pecado y no me puedo resistir, le dije.

- Pues no lo reprimas que nuestros cuerpos son sabios y saben lo que desean, me contestó.

La recosté en una tumbona y comencé a besarle y comerle su chochito, mientras ella daba pequeños gritos de satisfacción y se acariciaba sus tetas.

-Yo también quiero comerte el tuyo, me dijo

Nos pusimos en el césped haciendo un 69, sin dejar de comernos nuestros sexos., hasta llegar al orgasmo.

Estábamos en pleno éxtasis cuando llegó mi marido, iba desnudo hacia la piscina, y nos vio.

Se acercó dirigió su boca hacia las nalgas de Carla, que mordió y succionó, metió la lengua en su ano, que hizo que se excitara aún más, luego un dedo, más tarde fue metiendo su polla erecta y a punto de estallar.

-Métela toda, rómpeme el culo, dijo

Mi marido no dejaba de taladrarla con aquella polla que había esperado 5 años por aquel momento, mientras no dejábamos de comernos nuestros chochos.

Llegamos los tres al orgasmo entre gritos y jadeos.

Entre las dos le limpiamos la polla a mi marido y la pusimos nuevamente preparada.

Puse las piernas de Carla en los hombros de mi marido, para que se la follara por delante, algo que sucedió inmediatamente, mientras yo sentada en su cara dejaba que su lengua me acariciara mi vagina y clítoris. Los gritos de los tres llenaron toda la casa.


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