"Me llamaba luna"... sexto capítulo

Por Hipnótico-Hipnosis
Enviado el 06/02/2014, clasificado en Terror
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El los volvió a acercar, arrancando parte del cuello de uno y llevándoselo a la boca. No era posible que estuviera pasando eso. ¡¡¡ ¿Entonces eran como esos muertos vivientes, que antes había visto en películas antiguas de Romero???¿¿¿Eso eran?!!! Y lo peor: ¡¡¡ ¿por qué me lo ofrecía a mí?!!! En un momento que no miraba, me levanté y me escapé corriendo entre los pedazos humanos que se amontonaban a mí alrededor. ¡¡¡ No podía ser!!! En poco tiempo, Yian, me volvió a atrapar y de nuevo, los restos humanos cerca de mí. No quería morir a manos de esa bestia, así que, agarré un pedazo de muslo que sobresalía del fallecido y lo metí en mi boca sin masticar. Lo extraño es que me empezó a resultar muy atractivo ese sabor y empezó a masticar entre sufrimiento. Luego agarré otro pedazo del que aún respiraba y otro, hasta que el hambre, me hizo desbocarme en un ser infernal. Desgarrando cada pedazo de aquella persona y lo peor, es que ya no había sufrimiento ni nada parecido: solo hambre y parecía que nunca fuera a desaparecer ese sentimiento. Me sentí tan fuerte como nunca, y sin nada que me pudiera hacer daño. ¡¡¡ ¿En qué me había convertido?!!! Mi idea romántica de las cosas, me hacía pensar, que era una especie de vampiro, pero esto era algo peor y más primario. Tampoco creo que sea un animal, ni nada parecido. Pero deseo saber, que paso ese día, cuando todo acabo y empezó algo nuevo para mí. ¿Cómo lo averiguaría?: ni idea, pero era obligatorio hacerlo.

Pasaron los días y cada día, mi cuerpo experimentaba un cambio significativo: desde pérdida de color, hasta perdida de sentimientos. Mi humanidad, se estaba desvaneciendo por cada minuto que pasaba en ese lugar...en esas circunstancias. Aún no me atrevía a arrebatar la vida de alguien, pero si disfrutaba de lo que su muerte me daba. Mi alma, ya estaba convertida en girones de crueldad. Solo podía admitir mi destino. Aunque, desde estas letras, pido disculpas, por aquellos que murieron para satisfacer mi sed: en verdad, ¡¡¡lo siento!!! La muerte, solo trae más muerte. Y yo no era quien para atraer ese tipo de desdicha a mi vida. Pero, para ser sinceros, somos la cima de la cadena alimenticia y vosotros solo sois nuestro sustento proteínico.

Más días y el móvil, que un día, tras ser mojado, aún funcionaba, se apagó por completo, y con él, toda esperanza de encontrar a un ser querido. Ya no podía ser peor, ¿o sí?

Quería encontrar algún tipo de comunicación con la realidad y saber que pasaba en esa ciudad. No encontraba nada en las calles: todo era periódicos antiguos y televisiones apagadas. Ni un contacto con el presente. Hasta que Yian, quiso adentrarse más en la ciudad, donde ya estaban reconstruyendo, todo lo que había destrozado aquel momento. Esa tarde, fuimos a por comida una vez más, a un pequeño barrio, casi inhabitado, pero en pie. Llegamos a una casa, donde una familia, comía sonriendo, mientras veían un programa televisivo. Yian quiso entrar por la ventana, pero yo, que aún tenía algo de cordialidad, toqué la puerta. Un niño de unos seis o siete años abrió aún con la sonrisa en la cara, y me miró, haciendo que, todo lo que en ese momento en su vida, parecía que le protegía, se nublo por completo. Llamó a sus padres y en ese momento, abrí aún más la puerta de un golpe. El niño tumbado en el suelo solo podía llorar, mientras sus padres, aún absortos por el sonido del alto volumen de su televisor, no se percataban de lo que iba a ocurrir en breves momentos. Brinqué al niño indefenso y me dirigí al salón, donde todos sonreían como títeres de una narración macabra. Mientras seguía adentrándome a la casa, dejé de oír los llantos del pequeño y solo se escuchó un breve e incisivo golpe contra un cristal.

 Uno de los siervos de Yian, me sobrepaso y se encargó, él solo, de la mujer y de la hija pequeña de la familia. Otro más, de un mordisco, arranco la yugular del señor, y yo, mientras, cambiaba los canales del televisor, queriendo encontrar esperanza. Cuando modulé el canal de noticias, solo hablaban de una catástrofe de un tsunami, en esa misma ciudad. Y que, dos reactores nucleares, habían tenido una significativa fuga en los núcleos, con la consecuente contaminación de las aguas cercanas. ¡¡¡Espera!!!, ¡¡¡yo no había experimentado tal cosa!!!: Yo vi algo caer a esas aguas, antes que todo el mar, se enfureciera contra mí. Seguí cambiando de canal, y hablaban de lo mismo: tsunami... tsunami...tsunami. Hasta que en un canal local, hablaba de una posible bomba, que fue tirada en el medio del mar, con la consecuente catástrofe. ¡¡¡ ¿Bomba?!!!, podría ser lo que vi. Pero la vi demasiado lejos y la reacción fue gigantesca. ¡¡¡ ¿Bomba nuclear?!!! , me parece más factible. Por eso la radiación en el mar: eso tal vez sí. Hablaban de un país que quería callar la boca a Japón y que no diré: tal vez muerta, pero no idiota. ¡¡¡Un momento!!! ¡¡¡ ¿Radiación?!!!. ¡¡¡ ¿Mi hambre y sed?!!! No creo que, esos directores de cine de terror de serie b tuvieran razón. ¡¡¡ Estaría bueno que en unos días se vea a Godzilla destrozando la ciudad!!!: ¡¡¡Nooooooooooooo, ja, ja, ja !!!. Pero, ¡¡¡¿y por qué pasa todo esto?!!!: Fácil pregunta con imposible respuesta. Seguí mirando más canales, mientras mis compañeros, desgarraban las partes blandas de cada habitante de esa casa, y en ese momento, mis ojos se llenaron de rabia. Miles de personas habían muerto en ese suceso y miles se estaban contaminando de esa radiación. Miles de personas no hallaban descanso a su dolor pero aun así, estaban levantando los escombros para rellenar esos enormes huecos en su alma. Si ese suceso tan horrible, hubiera pasado en mi país, aun estarían absortos y con todo patas arriba. Luego, una lista: lista de buscados por sus familiares y entre esos nombres, el mío. En sobreimpresión, un número al que llamar, y yo, sin poder decir palabra. Aparecían fotos de las personas desaparecidas, y en ese momento, la casa enmudeció: todos mirábamos la pantalla, y, uno a uno, se derrumbaba. Los últimos en aparecer fuimos Yian y yo: él, con una sonrisa en la foto y bastante apuesto, con tan solo veintisiete años, y yo, con la mirada al frente, sincera y altiva: preciosa, y sin que nada supiera que me fuera a ocurrir.


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