La canción que cayó del cielo.

Por Manuel Murillo
Enviado el 13/02/2014, clasificado en Varios / otros
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Las hélices ya estaban girando. La avioneta no tardó en despegar. 

Cuando el vuelo se estabilizó, Jack encendió su pequeña radio y la puso al máximo de volumen, para poder escuchar algo entre el ruido de la hélice y el motor, deseando que sonase un rock'n roll en el momento en el que tuviese que matar a esos japoneses. Creía que no podía haber nada mejor que ayudar a tu país escuchando música de tu país. Con una sonrisa, vio aparecer a lo lejos, en el cielo, siluetas de los aviones enemigos.

Fue en ese preciso momento cuando comezó a sonar aquella canción. Aquel Jazz que había escuchado alguna vez en su vida no recordaba cuándo, y que de vez en cuando se le venía a la mente. A veces le quitaba el sueño por las noches, porque no se la podía quitar de la cabeza. Y ninguna de estas veces había sido capaz de recordar cómo terminaba. La canción hacía un bucle en su cabeza, empezaba pero jamás terminaba. Aun así, le gustaba tanto que se le pegase... Era una melodía tan bonita.

Una lágrima se le escapó al escucharla, pero no pudo secársela debido a las gafas de protección. Entonces un sonido atronador lo devolvió a la realidad: Habían comenzado los disparos.

Él empezó a gritar, no de euforia como otras veces, sino por la rabia que le entró cuando el sonido de los disparos eclipsaron por completo el de su radio. Fue el único momento en su vida en el que sintió desprecio por la guerra. Y de repente sintió una tremenda urgencia por salir de aquella nube de plomo, chapa y combustible. No por volver a ver a su familia, no por colgarse otra medalla más, no por besar una vez más su bandera y sentir ese orgullo que lo embargaba como si de droga se tratase.

No. Simplemente se dio cuenta de que esa podía ser la última vez que escuchase esa canción, y que si así fuese, jamás sabría cómo terminaría. Realizó una maniobra en el aire e intentó escapar de allí, independientemente de lo que pensasen de él sus compañeros. Cuando el sonido ambiental empezó a atenuarse y la canción fue audible nuevamente, él pensó que ya había pasado el peligro. Pero no tardó en darse cuenta de que llevaba un zero japonés a poca distancia de los estabilizadores. 

La canción había llegado al punto donde comenzaba el bucle en su memoria, la parte a partir de la cual Jack no recordaba más. Miró la radio con los ojos como platos, comi si estuviera diciéndole: "¡Vamos, cuéntamelo de una vez, no te hagas más de rogar"!

Primero fue el sonido, el tremendo sonido, que hizo callar a la radio a una sola orden.

Después, la sensación de que toda la piel le ardía.

Y después, mientras esa sensación persistía y el humo se disipaba debido a la velocidad, la visión de la hélice delantera completamente parada y del suelo acercándose con inquitante rapidez. 

Lo último que Jack pudo pensar fue cuando se preguntó si el piloto de aquel zero llevaría una radio. "A saber qué musica estará escuchando", se dijo. 

Un minuto y medio después de su muerte, la canción terminó.

-Qué canción más bonita, ¿Verdad, mamá? - Dijo su hija, sentada frente a la radio de la casa, sonriente.

-La verdad es que sí. ¿Sabes? Esa canción me ha recordado a tu padre - dijo su esposa, desde la cocina.

-¿Os gustaba cuando érais novios?

-Nó, ni siquiera la conozco. No sé por qué, pero al escucharla me ha venido a la mente la imagen de tu padre caminando y tarareando. Qué tontería, ¿Verdad?

-¿Cómo crees que estará?

Su esposa dejó el cuchillo en la mesa y miró por la ventana, a aquel cielo azul tan precioso. Jack a veces decía que ese cielo tan bonito sólo podía existir en su país, y que era uno de los motivos por los que se había hecho aviador. O algo así. La verdad es que hacía bastante tiempo de aquellas palabras. Sonriendo, le dijo a su hija:

-Seguro que está bien, cariño. Siempre lo está. 


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