La señora de las tierras negras I

Por Bastet
Enviado el 14/02/2014, clasificado en Fantasía
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Men-nefer, la descrita "balanza entre dos tierras", lucía deslumbrante durante el reinado de IV dinastía. Constituía el centro neurálgico del Imperio donde tenían lugar importantes festivales religiosos y de otra índole, intercambios comerciales de todo tipo y ocio acompañado de la mejor cerveza de cebada que pueden dar los campos de  cereales que crecían en las tierras del Nilo.

Corrían los días de reinado de los hijos de Huny, grandes construcciones vieron la luz del Sol durante aquella época. La familia real ostentaba un poder indiscutible sin paragón, no proveniente de un dios, sino que la figura del gobernante mismo era la de una deidad para el pueblo que quedaba unido bajo el Imperio del Alto y del Bajo Egipto.

Nacida la primogénita del faraón, su mujer Meresenakh murió durante el alumbramiento. La chiquilla fue educada en el arte de la escritura, la literatura, los ritos religiosos,  la danza, la música, la oratoria y se codeó con los mejores maestros, filósofos y científicos de la época. Durante su infancia nunca le faltó el intelecto y resulto ser una chica muy aguda para su edad y de rápido aprendizaje. Creció y su belleza dejó de ser la de una tierna niña de mejillas generosas que atrapaba el cariño de la corte para convertirse una exuberante mujer virtuosa capaz de tomar el relevo de su padre en las cuestiones del Estado.

Todo parecía apuntar a que si el faraón no volvería a conocer esposa después de su principal Meresenakh, el peso del poder de Egipto recaería sobre su hija por ser la portadora de la "sangre divina". Capaz de ello Hepheres que así se llamaba la primogénita, puso todo su empeño en hacer todo lo posible por ganar el beneplácito de su padre, abrió nuevas rutas comerciales de artículos de lujo y puso en marcha junto con los arquitectos reales el proyecto de construcción de numerosos templos en la capital que harían las delicias de las deidades a las que iban dedicados.

La historia cambió drásticamente cuando una de las mujeres que usualmente compartían lecho con su padre quedó encinta. Dio a luz a un niño. Quedó reconocido como el heredero del faraón en el momento en el que nació. Sin embargo, para pesar de Mut, la nueva esposa del faraón, el chico nació enfermizo y no muy fuerte de espíritu. Los mejores médicos le atendieron, farmacéuticos de todos los rincones del mundo conocido trataron de dar con un compuesto que aliviara los dolores físicos y mentales del joven heredero pero nada se podía hacer su débil cuerpo.

El bebé enfermizo creció y se hizo un joven adolescente de salud y voluntad débil. No podía tomar una decisión sin la aprobación de su madre. El faraón cada vez más anciano evadía los problemas que pudieran surgir en su Imperio delegando el poder en señores menores. Hepheres al día de la política en Menfis comenzó arrimar el hombro asumiendo los papeles de su padre en la sombra, impidiendo que el poder del Estado se fragmentase.

El faraón enfermó y su esposa a sabiendas de que su hijo no podría llevar un Imperio y de que su marido no la aceptaría a ella como regente propuso el matrimonio de los dos hermanastros. La relación entre ambos no era negativa, había mucha diferencia de edad, Hepheres solo podía verlo como un niño asustadizo y enfermo hijo de una mujer más joven que ella.  


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