La señora de las tierras negras II

Por Bastet
Enviado el 14/02/2014, clasificado en Fantasía
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La tensión aumentaba conforme la salud del faraón menguaba. Su cuerpo se deterioraba por días y su mente estaba demasiado cansada. La corte se convirtió en una constante intriga. Mut deseosa de hacerse con el poder del trono el cual tenía tan cerca esperaba en secreto la manera de deshacerse de Hepheres que  era muy amada y respetada por el pueblo egipcio.

Hepheres por esos días se codeaba con las más altas esferas de la sociedad egipcia además de compartir  ratos con emisarios de otros países lejanos. Se comenzó a correr el eco de la validez como líder de la mujer y de su belleza embriagadora. Tal fue el eco de su fama que llegó a oídos de seres sobrenaturales. Hepheres comenzaba a introducirse dentro de una esfera aún más selecta dentro de la política egipcia. Entonces a partir de ese momento las noches se hicieron más largas y los días más cortos, comenzó a cambiar el sol por la luna dando paso a un período de oscurantismo que duraría demasiado tiempo.

Las gentes se preguntaban por su paradero. Se comenzó a rumorear que solo se la veía  cuando la oscuridad era completa acompañada de desconocidos y forasteros. Mut deseosa de desprestigiar la imagen de la futura gobernante comenzó a extender rumores, historias para no dormir sobre extraños ritos de sangre y seres que no salían nunca bajo la luz del sol.

Hepheres había encontrado algo que la había absorbido completamente de eso no cabía duda alguna. Se habló de amantes de ambos sexos e incluso de extrañas orgías a la luz de la luna. Estaba envuelta en un halo de misterio que acabaría destrozando su imagen pública.

El faraón murió y fue cuando se produjo la real unión que por exigencias de Hepheres debía ser en la noche. Las palabras del joven faraón el día de su boda quedaron grabadas en papiros y en la mente de todo aquel que las recuerda.

"Mi señora estaba diferente. Sus ojos verdes ahora se tornaban fríos, muertos. Su tez a pesar de mantener su tono bronceado ahora emanaba una extraña sensación estática, marmolea como detenida en el espacio y en el tiempo. No respiraba y tampoco parpadeaba, me hacía sentir como una presa a punto de ser devorada por un depredador. Sentí miedo al verla, un miedo irracional como el  desasosiego que se siente en la completa oscuridad."

No hubo noche de bodas como podía esperarse, los cónyuges nunca compartieron habitación. No pasados muchos días Mut amaneció muerta en su dormitorio en compañía de un joven mancebo de piel de ébano. Era un espectáculo sangriento que conmocionó a la corte y puso en alarma a la población para la búsqueda de la bestia que había ocasionado tal agravio.

"No sabía si atreverme a ver lo que con tanto afán trataron de ocultarme mis sirvientes. Nunca he sido especialmente valiente pero algo en mí me decía que lo que se escondía tras aquellas cortinas de seda era revelador al igual que terrorífico. Como  esas dulces mentiras que mi madre usaba para ocultarme las crueldades del mundo.  Era ella, mi madre yacía en su cama completamente desnuda solo provista de algunos colgantes de oro y azul lapislázuli. Su cabello negro caía en cascada sobre sus desnudos hombros. Su cuerpo boca arriba aún estaba contraído, sus manos aferraban el cuerpo de uno de los guardias de la corte. Sus rostros estaban desencajados de terror. Las sábanas blancas se habían teñido por completo de escarlata y un fuerte olor a sangre inundaba la habitación.  Ambos poseían la mordedura de la bestia. "


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