Trilogía de la Rareza Espacial III-Volviendo a casa.

Por Joakinmar
Enviado el 16/02/2014, clasificado en Ciencia ficción
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Abre los ojos. La oscuridad es lo único que ve. Pero solo de momento. Se siente extraño. Su cuerpo flota de un modo peculiar. Ve una luz. Un pequeño punto claro en toda aquella absorbente negrura. Se hace grande, poco a poco. Es hora de volver a casa.

 

Recordó como empezó todo. Una cuenta atrás. 6, 5, 4. Control de tierra pidiéndole que se pusiera el casco. Que cogiera el paquete de proteínas. "Enviadme una copa para cuando llegue", bromea el Mayor Tom para relajarse. Todo funciona, según lo establecido. Tom está preparado. 3, 2, 1."Que Dios vaya contigo", dice Control.

 

Flota, sin apenas problema. Toma impulso, mientras siente como su cuerpo se empieza a notar más libre, más inquieto. La luz lo ilumina todo. Mira su traje blanco. Su cabeza, oculta tras el casco. El cristal cóncavo refleja el brillo de aquella extraña luminiscencia. Sin peso, pone rumbo a su hogar. La Tierra está muy cerca. Puede verla, sentirla. Escucha un mensaje, "Dile a mi esposa que la quiero". No recuerda si fue así como se lo dijo a Control, pero más o menos, era lo que tenía que decirles. Y ahora, este mensaje resonaba, con un toque de nostalgia y tristeza.

 

Hubo un fallo, era lo único que recordaba. Estaba recogiendo datos, comprobando que todo estuviese en orden. Las alarmas sonaron. Control informaba de un problema. Tom comprobó todo y vio la luz fuera. Iluminando la nave con un resplandor angelical. Salió, con su hermético traje, al frio e inerte espacio. Le dio un mensaje a Control. El mismo que ahora oía. Tras eso, solo vio la luz. Que tenía que seguirla. Y ya está.

 

Ahora, el espacio parecía desvanecerse. Las estrellas eran puntos  lejanos. Planetas, constelaciones, cometas, agujeros negros. Elementos que se hacían ajenos a medida que su viaje continuaba. La Tierra está muy cerca. Nadie sabe nada. Si Tom esta o no vivo. Nadie comprende, pero Tom ahora sí. La luz es la guía y el vuelve a casa.

El desierto era inmenso y grande. El terreno pedregoso mostraba una aridez terrible. Era un lugar seco y muerto. Pero en la distancia, allí donde el Sol se pone por el horizonte, se podía ver como un objeto circular y brillante caía. Hubo un impacto. Polvo y arena se levanto en el impacto. Finalmente, volvió a casa.


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