La caza de la bestia I

Por Bastet
Enviado el 16/02/2014, clasificado en Fantasía
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Vieja Vrunni

Luna en cuarto creciente, dentro de Anímedes.

Las tabernas seguían abiertas al viajero a aquellas horas de la noche, las posadas ofrecían cama y comida caliente para aquel que viniera a resguardarse del temporal. La tormenta era fuerte y los truenos resonaban como si el cielo estuviera quebrándose.

Los rumores sobre la caza y captura de una extraña criatura habían traído a la cuadrilla de Kormik destrozacráneos hasta Vieja Vrunni.

-Si no me equivoco los bosques que delimitan la ciudad son su lugar de esparcimiento, puede encontrarse en cualquier lugar, hemos elegido un mal día con esta tormenta- Un chico joven delgado que portaba una mochila llena de mapas comenzó a trazar una línea organizando una ruta. Su cabello era oscuro  y su piel clara, manos pequeñas y ojos verdes inquietos.

-Megg ¿podemos parar y continuar mañana? -Kormik le pregunto a la chica pelirroja que les acompañaba envuelta en una túnica harapienta echada a perder por el camino. Ella se quitó la capucha y levantando la cabeza miró al cielo escarlata:

- Mañana no es el día- La chica volvió a resguardarse en la capucha

-¿Lo será hoy? - dijo Ray, otro joven burlonamente que se encontraba a la derecha de Kormik

-¡Calla estúpido!- le replicó el chico de los inquietos ojos verdes

La cuadrilla prosiguió internándose en el bosque, la lluvia no cesaba iban calados hasta los huesos. Megg sacó de sus saquillos una piedra blanca, su textura era parecida al cuarzo la frotó repetidamente con su pulgar  mientras posaba una de sus manos en la corteza de un gran árbol, pronunciando un canto entre susurros la piedra comenzó a emitir una luz blanco azulada que permitía ver a los presentes en la total oscuridad del bosque. No habían profundizado mucho aún pero los árboles eran gruesos y altos, solo se escuchaba el sonido de sus pasos , el de la fauna nocturna y la lluvia cayendo sobre hojas, ramas y hierba.

-Hay un arroyo a menos de cincuenta pasos- dijo Kormik

Crecido por la tormenta los aventureros aprovecharon para beber algo de agua, sentarse y descansar.

-Vamos a enfermar Kormik, espero que nos pagues bien- dijo Ray. Miraba el suelo posiblemente tratando de identificar alguna huella.

Sus pasos ya se hundían en la tierra mojada, no había rastro de ninguna bestia y los presentes comenzaban a mirar a la chica pelirroja con algo de recelo. Continuaron avanzando ya con una marcha pesada.

-¿A dónde vas Ray?- dijo el chico de a mochila cargada de papeles y extraños volúmenes.

El chico se perdió en la oscuridad, pasado un buen rato se escuchó su voz en la lejanía advirtiendo de la presencia de una gruta. El grupo avanzó hasta visualizar la caverna donde se resguardarían a esperar.

-Aquí huele a sangre y a cadáver- dijo Kormik ya entrando en la gruta.

Estrecha pero de alto techo la caverna estaba llena de extraños excrementos y restos de huesos con algo de carne aún adherida.

Un sollozo se escuchaba en las profundidades. La cuadrilla se dirigió a identificar de donde provenía.

Llegados a cierto punto la caverna se ensanchaba para dar varios túneles en tres direcciones, siguiendo a la criatura sollozante se decantaron por el central donde había varias antorchas.

-¡Es una mujer! ¡Está desnuda!- Ray se apresuró a curiosear sin ser visto. Apoyado sus manos en una gran piedra se escondió mientras contemplaba la escena. Era una mujer de generosos senos , figura esbelta y cabellos rubios rizados que caían por su espalda. Se encontraba completamente desnuda y lloraba desconsoladamente deambulando por la gruta.

Ray movido por las hormonas y una extraña y repentina necesidad de ayudar al prójimo se apresuró a ayudar a tan desamparada mujer antes de que  Megg pudiera abrir la boca.

-¡¿Es que no piensa en otra cosa?!

-Es una pobre mujer probablemente perdida y desorientada...tal vez secuestrada- dijo Kormik mientras se atusaba la barba mirando las generosas formas de la señora.

-¿Completamente desnuda en una cueva con olor a cadáver y sangre?- dijo Megg mirando a Kormik con la ceja levantada.

El resto de la cuadrilla se mantuvo a la espera del encuentro entre Ray y la mujer.

-¿Te has perdido? ¿Sabes quién vive aquí?- El chico se acercó pausadamente tratando de no asustarla. La mujer le devolvió la mirada, sus ojos estaban llenos de lágrimas. Su cara reflejaba un verdadero terror, estaba confusa y sus manos le temblaban.  Consciente ya de la situación Ray miró al resto y les indicó que se acercasen:

-Quien sea que vive aquí ha debido molestar a esta pobre mujer- dijo Ray mirando al resto del equipo.


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