La caza de la bestia II

Por Bastet
Enviado el 16/02/2014, clasificado en Fantasía
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En este preciso instante, cuando Ray giró la nunca la sollozante mujer que se encontraba a sus espaldas convirtió sus miembros superiores en negros tentáculos que aprisionaron al chico. Las finas y hermosas facciones de la mujer se convirtieron en unos enormes colmillos y una lengua viperina. Antes de que sus compañeros pudieran auxiliarle aquella víbora le había clavado sus mortíferos colmillos y continuaba asfixiando al pobre muchacho.

Kormik corrió hacia la bestia, desenfundó su espada y cortó los tentáculos que tenían preso a Ray. Una carcajada de aquella monstruosidad resonaba en los oídos de los presentes, todo daba vueltas y les era imposible coordinar sus movimientos. Un horrible dolor penetró en sus oídos. Desfallecían y perdían las fuerzas. Ray se encontraba tendido en el suelo con dificultad para respirar.

 Sacando fuerzas de flaqueza Kormik avanzó hasta donde se encontraba la bestia y evitando uno de sus tentáculos le propino una estocada en su ahora abdomen escamoso, después cayó al suelo desorientado. Ya la bestia debilitada se iba a abalanzar contra su último atacante cuando Megg clavó su daga en la espalda del ser. Al penetrar causó un enorme resplandor, una luz que salía de la boca de la bestia y que la cegó. Ya completamente invidente no dejaba de atacar enemigos inexistentes, Kormik sin dificultad ninguna cercenó su cabeza en cuanto se puso en pie.

Se apresuraron a ver el estado de su compañero:

-¿Estás bien Ray?- dijo el chico de cabello negro.

El joven respiraba entrecortadamente , temblaba  y sudaba al mismo tiempo.

-Creo... que... estoy... envenenado- Megg se apresuró  a mirarle el cuello y allí estaban aquellos dos colmillos clavados, la piel alrededor de los orificios había comenzado a podrirse.

Un ruido proveniente de los pasillos los alertó. Era un ruido sibilante, como el de una serpiente al reptar.

-Es enorme- dijo Kormik susurrando- Debemos movernos de aquí

Se colocaron detrás de unas rocas, entre todos arrastraron rápido a su amigo que se deterioraba por momentos.

Sus ojos no podían dar crédito a lo que veían, de las entrañas de la gruta un ser enorme y repugnante había acudido probablemente a la señal de auxilio de  uno de sus esbirros. Estaba cubierto de tentáculos negros y se movilizaba gracias a ellos. En el centro había una enorme boca solo llena de dientes afilados distribuidos circularmente en varias filas. Cuando llegó ante el ser caído, alargó uno de sus tentáculos y multiplicando el tamaño de su boca desmesuradamente engulló a la criatura muerta, la devoró en segundos dejando solo en el suelo los huesos y algunas trazas de músculo.

La cuadrilla se mantenía en silencio esforzándose por no ser percibidos cuando un grito de Ray que estaba comenzando a delirar alertó de su posición.

Movilizando sus tentáculos se aproximaba al grupo, una nube de gas espesa que provenía del monstruo contaminó la habitación.

-¡No respiréis!- Dijo Kormik


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