Iberia sumergida

Por Führer
Enviado el 05/03/2014, clasificado en Intriga / suspense
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            Se despidió de sus compañeros mientras se colocaba los audífonos, le puso play a una canción de The Killers y comenzó su camino a casa. Siempre fue santa costumbre escuchar música al caminar en la calle. Se ahorraba esos inevitables diálogos sin importancia que se escuchan decenas de veces paseando por la calle. Tocaba la batería en su mente y la gente lo reconocía al verlo con sus audífonos. Olvidaba el objetivo y disfrutaba el plan. Pretendía que todos lo saludaban y se consideraba importante al ignorarlos.

            Era de madrugada, pero la música hacía de las calles vacías un lugar menos terrorífico. Caminaba por el suave sendero en medio de la pista que dejaron las últimas refacciones. Pasando entre casas con luces apagadas y postes encendidos, uniendo puntos en el cielo estrellado y pensando en qué será lo primero que haga al llegar a casa. Los cazadores de la noche se refugiaban bajo las sombras gobernantes del momento. Se escondían en el sigilo, Dios de la noche.

            Sonaba Foo Fighters y el camino era menos extenso. Después de casi doce horas de arduo trabajo, llegar a casa era como un orgasmo dentro de Megan Fox. Las Converse hacían ruido al tocar el suelo y eso atraía la atención de quien raramente disfrutaba de la combinación: silencio y oscuridad. La ciudad de noche es la contracara de lo que es durante el día. Mientras la gente buena duerme, la mala despierta. Cada calle por superar es una oración más a un santo. Cada pisada ruidosa es como caer en la telaraña de una viuda negra.

           Sonaba Cuando los ángeles lloran de Maná y los vellos de los brazos se le erizaban. El frío viento que corre en la madrugada contradice el calor que se siente al amanecer.

Un ángel cayó

Un ángel murió

Un ángel se fue

Y no volverá.

           Cantaba en su mente en silencio, mientras cruzaba la avenida y llegaba a la última calle que lo separaba de casa. Ojos bien abiertos, parpadeantes y brillosos. Mirada de izquierda a derecha por si veía movimiento sospechoso y aceleraba el paso. De ratos disminuía la velocidad para no sudar y así evitar una larga y fría ducha en la madrugada.

           Acabó Maná y comenzó Héroes del Silencio con Iberia Sumergida. Cuando llegaba a la intersección de las calles sonaba el intro y de pronto, de aquel oscuro pasadizo rodeado de arbustos que parecen nunca haber sido podados, aparecieron los cazadores de la noche. Redoblaban los tambores y los tres chibolos malparidos se acercaban. Uno de ellos miraba hacia los costados por si se presentaba Spiderman. El otro lo miraba fijamente con odio. El último movía los labios mientras analizaba las cosas de valor con la vista. No se le escuchaba nada por la voz de Bunbury en los oídos. Los músculos se tensan, los latidos aumentan, la sangre se enfría, el miedo se presenta.

Amanecí con los puños bien cerrados

Y la rabia insolente de mi juventud

La ingenuidad nos absuelve de equivocarnos

Que cada uno aporte lo que sepa.

-          Ya perdiste conchatumadre. Pásame la mochila.

-          ¡Agárralo huevón que se escapa!

         De pronto las Converse comenzaban a moverse más rápido y trataban de huir de tres matones.

-          Ya te cagaste, ahora te enfrío.

          A dos casas de la suya se oyó un disparo en medio de la madrugada que hicieron que las Converse negras dejaran de moverse. Los Héroes del Silencio le dieron honor a su nombre y se extrañaba a Maná con Cuando los ángeles lloran.


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