Nos enamoramos los tres después de coger (1)

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Larissa y yo comenzamos una de esas amistades a las que les llaman “inseparables” y claro  desde el primer momento en el que nos presentamos en la clase de artes visuales algo nos separaba de todos los demás, entre gustos musicales, forma de vestir, incluso la forma de pensar, siempre más liberales.

Pasábamos ocho horas juntas en la universidad, pero no eran horas suficientes, ella incluso dormía conmigo. Pasamos a ser “mejores amigas” por eso de “los excesos de confianza”. Incluso su familia tiene buenas amistades con la mía.

Por todo esto, comencé a notar un poco extraña a Larissa, algo distante y dispersa.

Larissa: Hace 1 mes que estoy conociendo a alguien. Sinceramente no me nació contarte esto desde un principio, me pareció algo que no pasaría de unos días. El caso es que quiere verme, pero le he contado de ti.

No me preocupé, cada quien tiene su intimidad.

Larissa: Le he contado mucho sobre ti. Te lo tengo que decir porque no quiero parar esto, él quiere venir y nos propusimos hacer varias cosas juntos.

A esta altura yo ya estaba muy nerviosa, no sé si estaba tratando de asustarme con un secuestro o algo así, todo sonaba muy extraño.

Larissa: No quiero que pienses que se trata sobre hacerte daño o algo así. Es sólo que no encuentro las palabras para confesarte muchas cosas.

Se llama Afrah Mourad, por el nombre sabrás que no es de nuestra nacionalidad. Lo conocí por internet, vive cerca de aquí, como a dos horas. Aún no nos hemos visto, porque le conté que salgo contigo. No como amigas sino como una pareja. Le dije todo eso porque me gustas, por tu forma de ser y porque te he tenido demasiadas veces tan cerca que he tenido sueños húmedos contigo. Y porque él me atrae demasiado, hemos tenido platicas bastante intensas sobre la vida, pero también hemos tenido sexo virtual y ya no sé cómo manejarlo.

¿Qué piensas?

Me quedé helado un momento y opté por reírme para tomarlo con más calma.

Larissa tú y yo somos amigas desde hace mucho, agradezco que seas bastante sincera, pero creo que no sé manejar esto. Tú eres muy guapa, pero yo… Pues supongo que no he sentido alguna atracción hacía ti.

Larissa: Pero ahora tú lo puedes saber. Sé que me quieres, eso es suficiente para mí. Necesito que estés conmigo. Te dejo para que de verdad lo pienses, no tienes nada que perder. ¿Qué dices?

Te llamo después...


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