Roles

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Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
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Habíamos prometido hacer esto hace mucho. Y lo teníamos todo más o menos bien planeado. Pero los nervios me jugaban una mala pasada y cada cinco minutos cambiaba de rol. Cuando puedes ser quien quieras ser, ¿por quién te decides?

Tenía que salir de mi zona de confort. Salir mucho. Esa era la regla número 1. Asi que me puse un mini vestido rojo y unos zapatos de tacón. Aunque no se veía nada, no habia lugar para la imaginación, aquel vestido lo marcaba todo. Pinté mis labios con un carmín rojo y bajé al bar del hotel.

Cuando entré vi a un chico muy guapo sentado en la barra del bar. Una camisa de leñador, unos vaqueros ajustados... el perfecto hipster barba y moño incluidos. Podía haber elegido el hueco al otro lado del bar, pero me senté a su lado.

- Perdona, ¿está ocupada?

- No, en absoluto.

- Gracias. Un gintonic por favor.

- ¿Tu también has venido a beber sola? - me miraba de reojo, sin atreverse a encontrarse con mi mirada.

- La verdad es que espero a alguien.

Eso no le paró, y de alguna forma consiguió que empezáramos a hablar. Sin parar. Durante una hora y media.

- ¿Te gusta la astronomía?

- ¡Si!

- Entonces sígueme.

Me llevó con él hasta el ascensor. Una vez dentro pulsó el último piso y se colocó junto a mi, brazo con brazo. Ese suave roce era insuficiente y yo quería más.

Subimos hasta la azotea. Las vistas eran preciosas. Apoyada sobre la barandilla, de cara a la ciudad noté como se acercaba hasta que estuvo detrás de mi, rodeándome con sus fuertes brazos.

- Hueles a diosa griega. - Posó sus labios sobre mi cuello, mientras me empujaba contra su erección. - ¿Crees que si te hago gritar alguien te oirá desde abajo?

- ¿Por qué no lo compruebas tu mismo?

Apoyó sus manos sobre mis muslos para ir subiéndolas poco a poco. Yo me incliné un poco para poder notar mejor su erección contra mis nalgas. Sus dedos llegaron hasta mis clítoris estimulandolo suavemente. Mientras yo me agarraba a la barandilla y movía mis caderas, el sacó su pene erecto y lo metió entre mis muslos rozándome a su paso. Estaba muy mojada y eso ayudó a que su pene se deslizara fácilmente. El roce con mi vagina me volvía loca y me obligaba a mover las caderas para poder rozarme un poco más. Los gemidos se escapaban de nuestas gargantas.

- Inclínate sobre la valla por favor.

Puso la punta de su pene duro sobre mi clítoris y lo estimuló haciéndome creer que iba a morir de placer. Poco a poco se fue acercando hasta que metió levemente el glande y se quedó en aquella postura.

- No pares ahora. - le supliqué

Siguió penetrándome poco a poco. Alargando la tortura hasta que fue cogiendo ritmo, tirando de mi cintura hacia él para penetrarme más fuerte cada vez; haciendo chochar sus testículos contra mi. Siguió follándome hasta que ambos nos quedamos sin voz de gemir, su sémen se resbalaba por mis muslos y su pantalón estaba mojado por mis fluidos.

Nos vestimos como si nada hubiera pasado y nos fuimos a la habitación. Antes de dormir le bese.

- Por estas y otras muchas cosas es por lo que te quiero Saúl


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