PAJAS MENTALES DE UN PUTO CÍNICO:INTRODUCCIÓN

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                                                       PARA EMPEZAR

Buenos días. Me presentaré. Soy uno de tantos sujetos anónimos que han perdido la fe. No ya la fe en dios, sino la fe en lo humano, lo cual es más grave aún. Como hombre, soy animal social por naturaleza, y no es bueno que la naturaleza de otros-sí, otros- esté tan llena de fallos. Yo, como clarividente que soy, veo esa tortuosa realidad y por ella sufro. 

No siempre fui un descreído. En mis años de infante, me enseñaron a ser bueno. A querer a los otros. A respetarlos y demás. Mi incipiente inteligencia me insinuaba que respeto y aprecio había que ganárselo, no podían emerger de la nada. Yo, angustiado por esas terribles conjeturas, trataba de acallar las voces de mi propia razón, entorpeciendo así una y otra vez la actividad de mi cerebro. Pero hoy es un gran día: he roto mis cadenas y he cambiado de vida; he elegido la vía del cinismo. 

¿Y qué es el cinismo? Decía un tal Oscar Wilde que el cínico ve las cosas como son y no como deberían ser. A mi juicio, ese viejo pedante tiene toda la razón. La malicia abunda en el mundo, y mirar con ojos de bondad es mirar ciego. Y en mi caso, he decidido tornar mis ojos lúcidos. Soy responsable de mi pedregoso camino, y por el he decidido partir; dejar vía libre a los malos pensamientos y cerrársela en los morros al miedo. 

He de reconocer también, que soy un poco ignorante. Todos lo somos al fin y al cabo-incluido tú, ingrato lector-. Por ello, busco la ayuda de los más sabios, quiénes se sientan en la cúspide y gozan de iluminación. Mi búsqueda es en pos del gran maestro Diogenio, faro que me iluminará por las oscuras prácticas de la misantropía. 

Le pido ayuda y le suplico guía. Una manera de enfrentar la vida entre los hombres cuando se siente desapego por estos. Mi psiquiatra me llama esquizoide-yo a ella la llamo puta-, pero creo que no ha dado en la diana. Espero pues, encontrarme con este hombre honesto y sabio. Aquel capaz de guiar mis pasos. Es también mi deseo, mostrarle algunos pasajes recolectados de mi anterior vida; la existencia llevada aquí abajo. En estos escritos desmenuzo, con pelos y señales, lo grosero de este mundo: la inmundicia que nos abraza cada segundo. 

Mientras digo estas palabras, diviso a lo lejos un castillo: el templo donde el maestro practica su retiro. Me acerco. Ya casi llego. Estoy allí. El guardia de la puerta me autoriza a pasar. Qué nervios. ¡Voy a encontrarme con el noble y odioso sabio! Cruzo la puerta. El venerable se levanta: luce una túnica blanca y una desarreglada barba-el cinismo también hay que aparentarlo-.Al verme, decide dedicarme sus primeras palabras: 

-¡Oh! Me alegra verte amable discípulo: pero más me alegraría que tu visita llegase un par de horas después, pues estaba a punto de echarme la siesta. Dime: ¿Eres tú el angustiado precínico en busca de mi luz? 

-Lo primero, he de decirle que me agrada verle. Es usted un ejemplo a seguir para aquellos antisociales que moramos en la tierra. Su persona me… 

-Eh… sí amigo… ¿Quieres ir al grano? 

-He traído unos manuscritos acerca de mi vida terrenal: mi experiencia en la España del siglo XXI. Describo aquí pues, la sociedad en que vivo; las gentes con que lidio. Mi ilusión es leerle fragmentos de dicha experiencia, en busca de su más sincera opinión. 

-Hmmm la tierra. Sí, hace mucho que no paso por allí. ¡Buena decisión la de irme! En mis tiempos todo era distinto. Sí. Y bien… ¿Qué hacéis allí ahora para divertiros? 

-La diversión es más fácil si uno se extirpa el cerebro, al menos en los suelos que me ha tocado pisar. El primero de mis textos reza sobre eso, los intentos de divertirme 

-¿Y qué labores realizabas? 

-En mi caso, como en el de muchos otros desgraciados, gastaba mis ratos libres en frecuentar eso que llaman bares. ¿Quiere oír mi historia? 

-Parece que no tengo elección. 

-Allá va. Empezaré por aquello que he dado en llamar. “Rutina del misántropo”. 

 

 


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