Petrificando el Mal 2

Por cclecha
Enviado el 11/03/2018, clasificado en Varios / otros
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           El Mal obsesionaba a todos; incluso a mi maestro escultor Reinard, que por encargo del abad iba esculpiendo las figuras de humanas y de animales que simbolizan el Mal El abad creía que lo maligno tenía que estar representado en los capiteles del claustro, para que todos los monjes pudieran tenerlo muy presente en sus vidas, además estas fuerzas demoniacas al estar esculpidas y petrificadas quedarían vencidas, sometidas e inmovilizadas por un poder superior. El abad creía que la figura del simio era maligna, así como algunas aves con alas de murciélago. A pesar de todo el miedo que me inspiraba el pensar en estas cosas, no acababa de entender como el simio, que tanto se parece al ser humano, podía representar el Mal. La verdad es que entiendo muy pocas cosas, como por ejemplo que una sirena que mi maestro esculpió en uno de los capiteles y que más tarde me enteré que simboliza la tentación, pudiera tener poderes malignos. Aquella sirena no me parecía nada atrayente y su postura, recordando las diosas paganas te dejaba indiferente.

       ¿Por qué este continúo obsesionarse con el Mal? La naturaleza es inconsciente, los animales plantas y minerales no tienen la culpa, para los religiosos es tan solo el hombre el que es libre y es consciente y por lo tanto puede pecar. En una naturaleza despótica y criminal, cargada de desgracias y enfermedades, el hombre minúscula pieza de este engranaje, se empeña en cargarse con una moralidad y culpabilidad agobiante.

       Con el paso de los días fuimos acabando toda esta simbología del terror que a los monjes tanto les gustaba. También yo terminé unos capiteles con motivos florales junto al lado del capitel de Adán y Eva que mi maestro estaba a punto de ultimar. Mientras Reinard acababa de pulir la silueta de Eva, el mismísimo abad, se detuvo en sus meditaciones para contemplar el relieve y clavando sus fríos ojos en mi maestro le dijo

¿No os dais cuenta que esta imagen enturbia la mente de mis monjes? Después de tanto tiempo entre nosotros me avergüenzo en comprobar lo poco que os han aprovechado las palabras que habéis escuchado en nuestra casa. Desde un principio había confiado en vos y ahora me lo pagáis de esta forma…Recoger inmediatamente vuestras pertenencias y alejaros rápidamente de aquí antes de que mi cólera vaya en aumento.

       Mientras se recuperaba de su sofoco, el abad levantó su vista hacia mí y me ordenó que vistiera las vergüenzas de Eva de alguna forma.

       Mi maestro salió aquella misma mañana del convento poniendo metros entre él y el abad. Más tarde me enteré que se había ido son cobrar los últimos sueldos que le adeudaban, había podido más el temor que le causaba el abad que su derecho a cobrar por su trabajo.

       Afortunadamente mi tarea de artesano de la piedra ha finalizado sin contratiempos entre los monjes. Yo si he tenido la suerte de cobrar unos humildes dineros por mi labor. Normalmente tengo el defecto de no agradecer a Dios casi nada, pero esta vez le agradecí poder salir de aquella santa casa sin contratiempos.

       Siempre que pienso en el Bien y el Mal, recuerdo los ojos del abad para con su trabajador y el odio espontaneo que brotó en ellos. Este monje llevaba el Mal dentro de él y sin embargo se esforzaba en buscarlo en los que le rodeaban.

         Alguna que otra vez cavilo que los pobres hombres no son culpables de casi nada y en consecuencia miro a Dios como culpable de casi todo…pero cuando llego a pensar de esta forma irreverente, inmediatamente me asusto y empiezo a rezar Padrenuestros sin descanso hasta que mi conciencia se tranquiliza.


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