Mi vecinita

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Cuando era pequeño pasaba mucho tiempo en casa de mi abuela. Por esa época casi todas las puertas de los vecinos estaban abiertas y los pequeños andábamos de una casa a otra. Un día, solo estaba mi abuela, que se pasaba la vida en la cocina rodeada de cazos y sartenes y en la salita de estar, al otro lado del largo pasillo, estábamos mi vecinita, una prima mía y yo. Estábamos aburridos. Yo tendría unos diez años y ellas eran un poco más mayores. Ya andaban cachondas como perras. Mi vecina dijo que porque no jugábamos a los médicos. 

- ¿Vale- dije - que hacemos? 

- Pues mira, tu eres el médico y nosotras estamos enfermas y nos tienes que examinar - 

Las dos se sentaron en el sofá. Comencé a improvisar. Tampoco sabía muy bien que hacer. Empecé a tocarlas el cuello. 

- Esto está bien-

Luego la frente. 

- Esto también - 

- Doctor, creo que nos debería palpar por aquí abajo-

La vecina se quitó las bragas y se levantó la falda, abriéndose de piernas en el sofá. Al verla, mi prima hizo lo mismo. Era la primera vez que veía un coño y algo despertó entre mis piernas en forma de cosquilleo. 

- Bueno, vamos a ver--dije

Le palpé a ambas sus coñitos rasurados. 

- No noto nada. Voy a tener que explorar más a fondo - 

Intenté meterle un dedo a mi vecina, pero aquello parecía estar cerrado a cal y canto. Fui al baño y cogí un poco de vaselina del cajón. Le unte el coño y entonces el dedo entró perfectamente. Mi vecina tenía los ojos cerrados y la cabeza hacía atrás. Yo tenía una erección impresionante. 

- Voy a tener que ponerla el termómetro - dije 

Entonces me subí al sofá y despacito Le metí en su coñito mi pequeña polla y bombeé una y otra vez hasta que me dio un gusto enorme. Aunque aún no me salía semen. 

Mi prima nos miraba tocándose. 

- Yo también estoy enferma, doctor - dijo mi prima

- Si, pero creo que lo suyo es un problema en el ano - le dije

Mi vecina se quedó tumbada observando. 

Le unté vaselina en el ano a mi prima y sin preliminares, le metí el termómetro una y otra vez, mientras le palpaba su rasurado coñito. Dio un grito y rápidamente se apartó, tirándose de lado en el sofá, poniéndose las manos en el culo. 

- Bueno, señoras, creo que tendrán que volver otro día para la revisión - 

Mi prima salió corriendo de allí y mi vecinita se quedó dormida en el sofá, sin bragas y con las piernas abiertas.


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