UNA MALA ELECCIÓN (5 minutos,)

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Enviado el , clasificado en Intriga / suspense
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Recién duchado disfrutaba observando su cuerpo. Estaba muy bueno, y cuando ponía su media sonrisa de ligar se consideraba irresistible. Siempre el mismo ritual de poses frente al espejo. Primero realizaba una sucesión de guiños pectorales, después se ponía en escorzo, apretaba los glúteos y también los movía, elevando los cachetes al ritmo del reggaetón que salía de su móvil.

"¡Estoy para follarme!, exclamó en voz alta mientras se peinaba con los dedos untados en gomina. Hoy nenas os voy a hacer un favor, papá va a salir y pienso quemar la ciudad".

No tardó en aplicarse sus tres toques de desodorante; el último bajo el slip le hizo poner una mueca de escozor. Se ajustó el vaquero, y tras abotonarse su camisa de la suerte, cerró la puerta en busca de la noche. Sin prisas echó a andar hacía el local que le habían recomendado en la recepción del motel:

"Todo recto, le indicaron, y una vez cruce el Puente Mayor, la primera a la derecha. No tiene pérdida, seguro le sorprenderá...".

De camino al garito se acordó de su chaqueta de cuero, hacía más frío del que esperaba. Para entrar en calor apretó los brazos al cuerpo y continúo andando con la cabeza gacha. Apenas se cruzó con nadie, no era un día ni una hora de paseo.

Tal y como le habían indicado localizó el antiguo puente, y poco después llegó a su destino, Al principio dudó. Lo que tenía frente a él era una antigua casona de dos plantas. En su fachada, iluminado por la tenue luz de una farola,  un pequeño cartel ponía nombre al lugar: “Madame Bovary”.

El sitio no era lo que esperaba. Quizá cuando preguntó por un garito para pasarlo “muuuy bien”, no se explicó con claridad. Joder aquello era muy distinto a los antros que frecuentaba, olía a antigualla. Aun así, se agarró al nombre. Lo de Madame le sonaba muy bien. Quiso imaginarse un montón de chicas bailando sin control entre luces de neón y decibelios a tope. Pero ni lo uno ni lo otro.

En el ambiente flotaba una suave melodía de saxo, percusión y piano ¿A quién cojones le podía gustar aquello?, pensó mientras  escuchaba a una pareja hablar sobre el jazz y un tal Miles David. La música por lo visto era suya, y parecían disfrutarla, tamborileando con los dedos y siguiendo el ritmo con leves movimientos.

Apoyado en la barra pudo apreciar lo extraño de ese bar de copas. Hasta dónde alcanzaba a ver distinguía libros por todas partes. La gente leía o charlaba bajo los escasos   puntos de luz que rompían la oscuridad.   Una   oscuridad densa que se desparramaba por el local impidiéndole poner límites a sus dimensiones, aunque por el bullicio y movimiento que percibía le pareció muy grande.  Salió fuera un momento, confirmó el nombre del letrero “Madame Bovary”, y tras fumarse un cigarrillo volvió a entrar. Tampoco parecía tener otras opciones.

De nuevo en la barra puso su sonrisa irresistible para ganarse el favor de una de las camareras, la más joven. No estaba nada mal, ese mechón de pelo otaku le atraía casi tanto como sus pechos, que parecían levitar bajo su breve camiseta. Atendía a unos y otros sin prestarle aparente atención.   Tendría que alargar la pose. "Un, dos, tres, cuatro, cinco...", contó despacio y nada, como si no estuviera allí. Aquel tugurio de mierda empezaba a irritarle.

Por fin la guapa camarera se acercó para preguntarle que le apetecía. Necesitaba un trago, así que pidió un doble de lo más fuerte que tuvieran. Al rato volvió  con una gran taza de café entre las manos, de la variedad arábiga, le dijo,  y dos galletitas de jengibre que por lo visto le daban un puntito picante.

“No puede ser, me están tomando el pelo en esta mierda de pueblucho”, murmuró sin poder creer lo que le estaba pasando.

Se levantó dispuesto a largarse sin pagar, pero antes alguien le retuvo tomándole la mano. Un pivón digno de su mejor fantasía, le sonreía:

- Qué tal, veo que eres nuevo por aquí, y  mis amigos y yo nos preguntábamos si…, ya sabes...., si  quieres unirte a nosotros para pasar un buen rato…

La cosa se enderezaba. Él era poco de orgías. Le gustaba disfrutar solo de sus conquistas, pero la chica lo merecía. Sí..., por qué no, aceptaba, ese culito respingón no se merecía otra respuesta:

-Ok guapa -respondió con su sonrisa de ligar-, soy todo tuyo.

-Genial nos faltaba uno más para nuestro juego especial. Hoy va sobre la “Generación del 27”, ya sabes Alberti, Lorca, Vicente Alexandre... Pregunta respuesta, si ganas no me olvidarás nunca, y si pierdes... pues mueres -dijo sin abandonar su oscura y perturbadora mirada-. Claro que un chico tan listo como tú no tendrá problemas en salir airoso...

Generación del 27, Lorca, muerte...Todo aquello le sonaba a chino, no podía ser. Sin duda se trataba de un mal sueño, pensó, mientras una misteriosa fuerza le arrastraba irremisiblemente al interior del local. Quiso huir, gritar, pero no podía, era como un dócil corderito directo al matadero. “Yo solo quería echar un polvo...”, fue lo único que le salió por la boca en ese momento.

Al errar las tres preguntas del juego, al tiempo que escuchaba el percutor de un arma junto a su cabeza, pudo oír la voz de su mamá repitiéndole machaconamente: 

“Niño estudia, estudia, utiliza tu linda cabecita para algo más que lucirla, o algún día te pesará, como a mí, no haber estudiado”.

 Jam Louvier, marzo 2019


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