TIERRA DE SOMBRAS (5 minutos)

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Por primera vez en años estoy viendo una sombra. Las sombras existen pero no en mi mundo.  El viejo nos enseñó a respetar a las sombras, a conocerlas. Las sombras nos avisan, nos susurran. Nunca hay que dejarse arrastrar por ellas sino a traerlas a la oscuridad... Cuando dominas este arte, las sombras te recompensan.

Mi vida siempre ha estado ligada al abismo, la gran cámara de bóveda infinita bajo la que vive mi pueblo. Una luz casi imperceptible lo envuelve todo. Ese brillo que emana de las rocas nos ayuda a poner límites, a ser conscientes de la infinitud del abismo. El abismo, con sus lagos y bosques de piedra, sus pasos y quebradas siempre ha sido nuestra morada. Por encima del abismo habitan las sombras.

En el principio de los tiempos, cuando los dioses nos entregaron estas tierras para ocultarnos del abrasador sol, nos regalaron algo más. Ellos conocían la infinitud del abismo y de su entramado de galerías, y sabían también cómo evitar que nos perdiéramos y pusiéramos límites a nuestro nuevo mundo. Por eso insuflaron el Don a los elegidos. Ese Don permitió a nuestra raza crear una red de “marcas de olor” de cuya existencia dependemos para guiarnos y percibir las características de aquello que nos rodea sin verlo.

Hay marcas sencillas que nos informan del lugar donde nos encontramos o el camino que debemos de seguir, y otras más complejas capaces de describirnos todo aquello que nos rodea o contarnos historias que perduran como ecos infinitos. Hay miles de ellas impregnando la piedra del mundo y sus fronteras. Unas fronteras que han ido ganando terreno, expandiéndose gracias a los exploradores, porque sólo ellos pueden crear nuevas marcas que conectan el abismo con territorios desconocidos, trazando rutas que pueden seguir el resto de nuestros hermanos.

Los viejos caminos han ido desapareciendo, cerrados por grandes bloques de piedra que impiden a los cazadores alcanzar el mundo de las sombras. Sin nuevos accesos mi pueblo morirá...Necesitamos a las sombras, ellas nos traen la comida. Carne cálida y sabrosa, que almacenamos en unos rediles casi vacíos, necesitados de nuevas bestias de cría con la que abastecernos.

Yo soy el hacedor de marcas que ha de guiar a mis hermanos. Pronto la falta de alimentos enfrentará a mi pueblo, que luchará por los últimos bocados si no encontramos una nueva ruta. Soy la única esperanza, el último explorador de un pueblo tan antiguo como la roca que nos rodea...

Mi viaje empezó hace tanto tiempo..., estoy cansado. No recuerdo cuando traspasé los límites de lo conocido, cuando dejé de percibir rastros de olor. He subido paredes escarpadas, atravesado gargantas, cogido tantos caminos que no llevaban a ningún sitio..., y he vuelto a empezar hasta casi perder la cordura. Todo lo he dejado escrito con marcas que me ayudan a no volver a errar, a descartar y tomar otra alternativa, a guiar a los que me siguen.

Pero hoy, hoy, cuando sentía que mi vida se acababa, tendido sobre el frío suelo, he visto aproximarse una sombra, y pegada a ella, sujetando un punto de cálida y fluctuante luz en su mano, he visto mi comida, una sabrosa bestia llena de vida. Espero tembloroso a que se acerque sólo un poco más..., puedo sentir ya el correr de la sangre por mi boca...

Las sombras, como nos decía el viejo, siempre nos recompensan...  :)

Jam Louvier 2018

 

 

 


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