EL DEMONIO EN EL LIENZO (parte 4 de 4)

Por Federico Rivolta
Enviado el 03/10/2018, clasificado en Terror
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Al día siguiente Ivana estaba más tranquila, y se atrevió a contarle a su esposo lo ocurrido.

– Mi amor – dijo ella –, sé que no te gusta que suba al altillo a ver tu trabajo antes de que esté terminado, pero ayer subí y vi tu último cuadro.

El hombre abrió los ojos, y sus manos comenzaron a temblar más que de costumbre. Parecía estar a punto de gritarle por lo que había hecho, pero de algún modo logró controlar su cólera:

– Está bien – dijo –.Ya pasó. Dime al menos que te pareció la pintura.

– Es… diferente. Es en verdad diferente a todo lo que he visto. Ese demonio que has pintado esta vez parece estar a punto de despegarse del óleo. Estás logrando algo que nadie podría realizar. ¿Cómo se llama el cuadro?

Nikolai sonrió en modo mefistofélico; orgulloso de su última obra.

– Se llama Azazel, “el devorador de almas”. Su poder es el de cambiar de forma a gusto y ocupar el lugar de los humanos. El de la pintura es su aspecto original, es así como se ve cuando se encuentra en el inframundo, pero cuando viene a la tierra es imposible de reconocer. Azazel podría estar enfrente de ti y no lo notarías.

Ivana deseó no haber preguntado nada. Siguió comiendo, pero no pudo terminar siquiera la mitad del plato.

Esa noche fue a acostarse sola, al igual que lo había hecho todas las noches durante los últimos meses. Se quedó despierta hasta tarde mirando el techo de la habitación, escuchando los ruidos de la tormenta y pensando en la horrorosa obra que estaba terminando de pintar su marido. Pensaba también en cómo las paredes y el suelo se seguían descomponiendo, ya fuese por la humedad o por el insidioso espíritu que habitaba el altillo.

En un momento logró quedarse dormida, pero a los pocos minutos un ruido la despertó. Fue como una explosión que hizo temblar la casa hasta los cimientos. La mujer se levantó de la cama y subió las escaleras corriendo:

– ¡Nikolai! ¿Qué pasó? ¿Estás bien? ¡Nikolai!

No hubo respuesta de su esposo.

Al abrir la puerta no lo encontró, y vio que en el lugar en donde antes estaba la ventana había un agujero. No solo faltaba la ventana; ni siquiera estaba el marco. Solo quedaba un gran hueco por el que parecía haber atravesado una enorme criatura.

La mujer se asomó para mirar hacia afuera, pero en la oscuridad de la noche no pudo ver más que la lluvia en un fondo negro.

Miró entonces hacia atrás, y allí estaba el cuadro que tanto la había asustado el día anterior. La obra de Azazel estaba terminada y era en verdad superior a todas las que había hecho su esposo. Solo le faltaba una cosa: El demonio.

En aquel escenario desolador, lleno de almas arrastrándose suplicantes, no era Azazel quien estaba retratado, sino su propio creador: Nikolai.

 

 

FIN


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