DON MAURO

Por Chus Luvi
Enviado el 13/12/2018, clasificado en Humor
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Don Mauro tenía un problema, a decir verdad lo había tenido toda su vida, y es que no sabía decir que "no". Con los años había aprendido a rechazar al intransigente, al malencarado,  pero las buenas maneras o una simple sonrisa le desarbolaban por completo, no podía evitarlo…

Esta forma suya de ser le había supuesto adquirir en los últimos años veintisiete enciclopedias a un simpático comercial que semanalmente le visitaba con su arrebatadora sonrisa y una  caída de pestañas que aturdía los sentidos.  Aunque  las enciclopedias le habían restado espacio y habitabilidad a su modesta casa, también era cierto que le aportaban un saber incuestionable. En cualquier rincón, e incluso en el frigorífico o sobre la tapa del bidé,  Don Mauro había  apilado ordenadamente volúmenes tan interesantes y dispares como  "Materiales cerámicos en la construcción" o " Los Misterios desvelados del punto de cruz y otros artes del tejer", libros que siempre tenía a mano y leía con gran pasión. 

Ciertamente la casa de Don Mauro parecía un mercadillo donde uno podía encontrar, aún sin desembalar, vaporetas, centros de planchado,  escobas eléctricas, vajillas chinas y otros lujos de oriente,  e incluso tres cajas de  fina lencería que había comprado recientemente a un locuaz "Brand Manager" que conoció en unos aseos públicos mientras se ajustaba el peluquín . Por supuesto, el Brand Manager tenía la sonrisa impresa en el rostro.

Sin embargo, otros de los bienes adquiridos por Don Mauro sólo le habían reportado  desgracias y pesar en su vida. Treinta y dos años de dulce convivencia con su amado Don Casto  tirados a la basura por la compra de un inútil achiperre de apenas 30 centímetros de longitud.

Y así fue... Una vez comprado el trasto a una vendedora ambulante  y desconociendo Don Mauro un uso adecuado para semejante instrumento,  decidió guardarlo bajo la  cama,  junto a una colección completa de recetas gastronómicas del medievo. Y ahí se quedó, en el olvido, cogiendo polvo hasta que un día  su amado   lo encontró…

 Aquella fatídica mañana, recién despertados, Don Casto  tanteó  bajo  la cama en busca de sus zapatillas de felpa, pero entre las pilas de  libros palpó algo distinto…, lo que parecía ser un miembro de tamaño incomprensible para él. Al comprobar que aquello no era un sueño de juventud sino algo real, y sabiendo que semejante instrumento no era suyo, pidió explicaciones a don Mauro  entre sollozos.

Una felonía intolerable para Don Casto  que entendió el hallazgo como un acto de infidelidad pura. Un amante contra el que nunca podría competir, ni en tamaño, ni en rigidez ni en bravura.

De nada sirvieron las explicaciones dadas por  Don Mauro, quien  contó cómo había adquirido semejante achiperre. Una amable y sonriente señorita, que también ofrecía estampitas de Santos, se lo había vendido. Don Mauro argumentó en su defensa que, al no prestar devoción  de ninguno de los beatos, optó por comprar el maldito y cien veces maldito flautín  

Le suplicó que no le abandonara después de tantos años de amor incondicional..., pero de nada sirvió...Don Casto se fue esa misma tarde con tres cajas de fina lencería  y el molde de Nacho Vidal sobresaliendo del bolsillo de su chaqueta.

Mientras  veía alejarse a su amado,  Don Mauro supo que había llegado el momento, un punto de inflexión, de no retorno. "Nunca Mais", se dijo en perfecto Gallego sin saber por qué. Mi vida será a partir de ahora una negación. Y en ese instante decidió que la única palabra que saldría por su boca sería "NO"...

 

 


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