Érase una vez en Rebis. Capítulo 31. Deber

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CUATRO DE OROS

¡¡SON DEMASIADOS…!!

 

REINA DE OROS

Cuatro de Oros, mantén la calma. Somos pocos los que quedamos y debemos proteger a Comodín…

 

UNO DE OROS

(SIN CODIFICAR)

¡¡REINA!! Me llegan disparos de todos lados,…

 

REINA DE OROS

Como a todos.

 

UNO DE OROS

(SIN CODIFICAR)

…mis escudos están a punto de caer…

 

REINA DE OROS

No antes que los míos.

 

UNO DE OROS

(SIN CODIFICAR)

…y pasar junto a Comodín entre esas dos fragatas es una auténtica locura.

 

REINA DE OROS

Uno de Oros. ¡¡CONTRÓLESE!! ¡Y use el código de seguridad! El enemigo no debe saber lo importante que es Comodín para nosot…

 

UNO DE OROS

(SIN CODIFICAR)

¡Señora! Con el debido respeto, en este momento me importa muy poco lo que le pase a Comodín.

 

REINA DE OROS

¡Uno de Oros, cumpla con su deber!

 

UNO DE OROS

(SIN CODIFICAR)

¡¿TE LLEGA LA SEÑAL, COMODÍN?! ¡Deja de esconderte entre nosotros y lucha como lo están haciendo tus compañeros antes de caer!

 

REINA DE OROS

¡¡¡USA EL CÓDIGO, MALDITO ESTÚPIDO!!!

 

UNO DE OROS

(SIN CODIFICAR)

Te crees muy importante, ¿verdad? Pues a mí no me pareces más…

 

REINA DE OROS

¡¡¡UNO!!! ¡¡Abandone ahora mismo la formación y regrese a la base!!

 

UNO DE OROS

(SIN CODIFICAR)

…que una rata asustada qu… ¡¡AHHH…!!

 

REINA DE OROS

Era lo mejor que podía haber pasado. Estaba a punto de hacerlo yo misma…

 

CRUPIER

¡Crupier a Reina! ¡Ese imbécil ha hecho que Nelson repare en Comodín!

 

REINA DE OROS

¡¡A TODOS LOS MAZOS!! ¡Abandonen la lucha y lleven inmediatamente a Comodín de vuelta a la estación!

 

CINCO DE OROS

¡Reina! ¡Una ola de monoplazas viene hacia nosotros! ¡¡¡VAN DIRECTOS A POR COMODÍN!!!

 

REINA DE OROS

¡¡¡TODOS FUERA!!!

 

COMODÍN

¡Aquí Comodín! ¡¡Han fijado el blanco en nuestra nave…!!

 

CRUPIER

¡¡¡AYUDEN A COMODÍN!!!

 

PILOTO DE COMODÍN

¡No puedo esquivarlos por más tiempo…!

 

REINA DE OROS

¡¡AGUANTA!! Voy a tu encuentro…

 

PILOTO DE COMODÍN

No pued… ¡¡NOOO…!!

 

REINA DE OROS

Crupier. Al habla Reina. Le han dado a Comodín…

 

*        *        *

 

A Taro Todoroki lo conocían en Japón como el Basurero loco de Fukuoka. El origen de ese apodo databa de trece años atrás cuando al desconsolado Todoroki, recientemente enviudado, se le apareció su esposa entre la niebla del sueño para encomendarle una misión de tintes casi sagrados: debía limpiar su Fukuoka natal de la montaña de residuos que amenazaba con sepultarla, fruto de la deriva cívica y cultural en la que se hallaba perdido el país tras la última gran guerra.

Para Taro Todoroki la aceptación de tan peregrina tarea estaba por encima de todo y de todos, ganándose el mordaz sobrenombre, y así, con los limitados recursos de la familia Todoroki, amén de las escasas subvenciones que pudo mendigar aquí y allá, adquirió un pequeño remolcador al que bautizó como Kissy Maru en honor a su querida esposa, con el que arrastró a través del silencio un kilométrico convoy de residuos para hacerlos desaparecer entre los gases inflamados del Sol.

Taro Todoroki era inmensamente feliz. Optimista por haber coronado con éxito aquel primer viaje, ocupó los meses que duró su regreso a casa para perfilar las bases de una empresa de limpieza de mayor envergadura, convencido de que ahora ninguna entidad bancaria se atrevería a negarle un crédito con el que financiar la purificación de Fukuoka. Lo que el señor Todoroki no sospechaba siquiera era la gran repercusión mediática que había alcanzado su particular y descabellada cruzada, llamando la atención del mismísimo emperador Bondohito, que quiso abrir personalmente la escotilla del Kissy Maru tras su amerizaje en el Mar del Japón, entre los sones del himno nacional y los flashes de los reporteros gráficos. La sorpresa del Basurero loco de Fukuoka fue mayúscula cuando vio ante sí la recia figura del soberano, mayor si cabe cuando recibió de sus propias manos la patente del negocio para las próximas siete generaciones, quedando establecida por decisión imperial que la familia Todoroki fuera la encargada de devolver el equilibrio y la pureza no sólo a Fukuoka, sino a todo el territorio nipón. Taro Todoroki jamás hubiera podido imaginar tal recompensa por complacer los deseos de su difunta esposa.

Con el beneplácito imperial de su parte, la flota de remolcadores del señor Todoroki fue aumentando año tras año y la basura empezó a llegar desde todos los rincones del país, contándose entre sus principales clientes los responsables de la manipulación de residuos radiactivos, siempre difíciles de controlar e incómodos de guardar. Trece años después del inicio de su andadura, el Basurero loco de Fukuoka vivía retirado en una isla de pescadores Ama llamada Kuro, el negocio confiado a las buenas manos de sus tres hijos, donde pasaba los días contemplando las transparentes aguas que él mismo había contribuido a limpiar y escribiendo algún que otro haiku al amor perdido. Aún así, una vez al año, coincidiendo con el día de Reyes que nada tenía de festivo para su país, capitaneaba uno de los cargueros en recuerdo a aquella primera travesía en la que nadie creyó.

Quiso la casualidad que ese día de Reyes el señor Todoroki se pusiera a los mandos del nuevo Kissy Maru, una enorme estructura de estilizadas formas que sustituía al abuelo de la flotilla, ya demasiado achacoso como para aguantar un nuevo viaje, yendo todo como la seda a bordo de la ultramoderna máquina cuando la luz de la cabina viró al rojo sin previo aviso, los mandos dejaron de funcionar y la astronave con su carga arrastrada –aproximadamente siete kilómetros de residuos debidamente asegurados– se precipitó hacia la locura desatada en una de las tierra de nadie que se extendían entre las rutas comerciales establecidas, zonas muertas que por ser excesivamente imprevisibles sólo frecuentaban traficantes y contrabandistas. Por el rabillo del ojo vio cómo su segundo lo abandonaba entre lastimeros llantos y con gusto lo hubiera seguido si su profundo sentido del deber no le hubiera impulsado a intentar salvar a todos aquellos desgraciados sobre los que se cernía la Muerte a velocidad de crucero.

–¡¡MAYDAY, MAYDAY, MAYDAY!! Al habla el capitán del Kissy Maru. He perdido el control de la astronave. ¡¡Apártense inmediatamente si no quieren que les arrolle!!

Después vino el choque, la sangre fluyendo a través de la ceja abierta y el aviso de que la carga salía disparada, sin razón aparente, como si hubiera sido disparada por un resorte.

 

*        *        *

 

La desesperada llamada de marcado acento oriental les llego a todos los combatientes a través del canal de emergencias, aunque pocos fueron los que le prestaron alguna atención hasta que la enorme proa del carguero se abrió paso entre la masa de astronaves como la de un rompehielos en aguas árticas. Crupier tampoco había advertido su presencia debido al poderoso escudo de invisibilidad que extrañamente envolvía a la astronave de carga y en la mesa 3D, sobre la que asistía al desarrollo de la batalla, sólo vio cómo una enorme fuerza separaba de improviso las aguas de aquel Mar Rojo hecho de puntitos luminosos verdes y naranjas, apagando algunos, fragmentando otros, que únicamente cesó cuando se interpuso en su camino la masa de superestructuras de Nelson. La batalla perdió impulso durante unos minutos.

 

B.A.: 2.018


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