LA TRANSFORMACIÓN

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       Al principio creí que algo tan desagradable no podía ser realidad…que era un sueño, una pesadilla que antes o después, con seguridad se desvanecería.

       Además, acababa de leer la genial novela corta de Frank Kafka, “La metamorfosis” en la que Gregor Samsa se convierte en un repulsivo insecto. Esta degradación, ese paso atrás, le lleva a una relación tensa y extraña con su familia. Yo vivo como Gregor con mis padres y hermana, lo que abonaba más la tesis de la pesadilla. Pero no me he despertado al alba, de mi fatídico sueño, al contrario, me ha tocado asumir la monstruosidad de lo que estaba viviendo. Esta aberración de Kafka es una ficción que tiene como fin último un relato magistral, pero mi transformación, distinta, ¿a qué obedecía?...tan opuesta a la de Gregor, pero tan parecida, que en el fondo nos convertía a los dos en unos monstruos. Los dos somos unos esperpentos repulsivos y diferentes a todo. Sin embargo, a mí no me han salido patitas ni antenas, ni un caparazón deleznable, asqueroso y repugnante, sino que mi transformación, me lleva a ser también un espantajo monstruoso, pero por el otro lado.

       Me explicaré. Hay muchas maneras de ser distinto; una es recular en la escala evolutiva, convirtiéndote en un insecto como Gregor y no ser admitido por nadie de tu entorno, otra es exactamente al contrario, avanzar en la escala biológica, pasar a ser un hombre evolucionado que es lo que me ha ocurrido a mí, pero siendo un engendro que también causa horror.

       Esta mañana, me he despertado extraño y tarde… mi madre, preocupada por saber que tengo un examen en la facultad importante para mí, ha tocado la puerta. –Toc, toc, Toc- ¿Alberto estás bien? ¿Sales?

           Yo no contesto, parece como si el habla me hubiera abandonado. Ella se impaciencia y entra. Me mira y ocultando su rostro con las manos, solloza con desesperación…-¡Oh, Dios mío… ¿Pero qué te ha sucedido?!

           Empezando a comprender algo de lo que me pasa, doy un paso al lado para contemplarme en el espejo de la cómoda. La imagen reflejada es inasumible… una cabeza grande sin pelos me contempla… la mandíbula y la boca, muy pequeñas, esbozan algo parecido a una mueca de asco, unos ojos enormes me observan…

           Me vuelvo hacia mi madre alarmado. Entonces me doy cuenta de que le hablo telepáticamente.

           “Madre no te preocupes, no perdamos la calma”.

           Ella, todavía se asusta más cuando comprueba que me he introducido en su mente.

           -¿Pero cómo puede ser? Sal, sal, sal inmediatamente de mi cabeza.- Entonces viene el descontrol total. Se pone a gritar sin orden y cierra con violencia la puerta.

             Vuelvo a estar a solas y no puedo esquivar la tentación de volver a mirarme. El volumen de mi cabeza es desmesuradamente grande, seguro que para acoger un cerebro superior. No tengo dientes y mi boca y mandíbula son pequeñas, como habituadas a una alimentación a base de líquidos y pastillas…y el tamaño de mis ojos, familiarizados a navegar por la poca luz del espacio, me miran con sus pupilas desmesuradas. No cabe duda, soy también un monstruo. Evolucionado, pero un monstruo.

       Sé perfectamente que mi familia no aceptará mi transformación. No podrán explicarlo ni a nuestros familiares ni amigos. Corroborando esto, oigo unos susurros detrás de la puerta. Mi poderosa mente los escucha telepáticamente y no le gusta lo que oye. Comprueba que para ganar tiempo me quieren dejar encerrado en mi habitación. Finalmente padre y hermana entran para ver el fenómeno con sus propios ojos.

       El padre, al igual que en la novela de Kafka, lleva un bastón a modo de garrote para imponerse si fuera necesario. Me dice blandiendo el bastón:

       -Pasa adentro de la habitación… -dice esto hablando muy fuerte y silbando, como cuando los pastores introducen el rebaño en los cobertizos.- Venga, venga, para adentro…

     “Padre, recapacita… usemos la razón. Piensa que soy una persona evolucionada y como tal os puedo explicar muchísimas cosas que desconocéis… si el universo es finito o no… el porqué existimos… si nuestra inteligencia lo llegará a entender todo… si el Bien es un concepto religioso o meramente humano…”.

         -Pamplinas, cállate de una vez. El problema es muy grave. Todos somos hijos de un tiempo y nuestra evolución tiene que ver con ello, pero contigo todo se ha derrumbado. No me interesan tus respuestas evolutivas, sólo me importa poder llevar una vida tranquila. Has arruinado nuestras vidas.

         Detrás de él mi hermana, poniendo más nervios a la situación, me mira horrorizada y no para de llorar. El clan familiar, consternado, no sabe cómo afrontar la desgracia. Mi padre, sin saber ya que decir, añade:

         -Ahora nos vamos, cerraremos la puerta con llave y veremos que hacemos contigo.

         Escuché como el cerrojo daba dos vueltas, con infinita tristeza me eché en la cama y mis grandes ojos tristes y profundos empezaron a llorar. Unas lágrimas que venían del alma que se turbaba al ver la realidad de las cosas y que comprobaba que el amor de los míos era muy condicional. No les importaba conocer las cosas, ni el saber porqué estaban en este mundo… preferían continuar en la ignorancia, antes que enfrentarse a la nueva situación. Cuando mis ojos se cansaron de llorar se cerraron y todo se volvió oscuro…

               Al cabo de no sé cuánto tiempo u horas, se volvió a presentar mi padre con su garrote y un plato de comida, dejándolo encima de la cómoda.

-Tu madre te ha preparado esto. Procura comértelo. – Mientras salía de la habitación, me quedé mirando el plato, comprobando que mi boca no era capaz de ingerir tanto sólido. Le pedí que a partir del próximo día, me trajera alimento líquido.

Desde entonces, el encargado de llevarme la comida era mi padre. Nuestra relación se ceñía estrictamente a eso, sin querer escuchar nada más de mí. Nadie se atrevía a visitarme. Esto provocó que mi cuerpo se fuera debilitando por la falta de pastillas alimenticias y mi alma por la falta de amor.

Conforme pasaron los días, mi cuerpo se apagaba y mis ganas de vivir también.

Me acordé del paralelismo de mi historia con la De Gregor en la novela de Kafka, en la que acaba muriendo porque no consume los alimentos adecuados y en el fondo porque es tanto el dolor que hay dentro de él, que acaba muriéndose.

Muy débil, me estiré en la cama, volví a entornar mis enormes ojos, esta vez no lloré, ya no tenía fuerzas, la oscuridad del universo vino a mí…una oscuridad de la que ya no desperté.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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