Memorias de una persona muy reservada. (Reescrito, 5 minutos)

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 Nunca me ha gustado hablar, soy una persona muy reservada. Prefiero aparentar que escucho, poner cara de atención y de vez en cuando lanzar alguna pregunta que, por su brevedad y no venir a cuento, suelen interpretar cómo trascendente.

Curiosamente, por uno u otro motivo, esta forma de comportarme siempre ha despertado el interés de las mujeres. Hecho que, junto con un físico nada despreciable y mi tarjeta de presentación con nombre en inglés, “Brand Manager & Public Tender Executive”, de una firma de corsetería al por mayor, ha supuesto que por mi vida hayan pasado un sinfín de féminas de las que guardo un grato recuerdo, y a veces algo más que el recuerdo, las guardo enteritas, con físico y todo. Eso es lo que sucede cuando uno da el paso y decide casarse.

Se podría decir que no soy de vivir sólo, ser hijo único me marcó. Así que desde muy pequeño tuve claro que mi familia sería numerosa, cuantos más mejor. El problema es no saber parar. Y más cuando vas a hijo y medio por año, hasta sumar once, de tres esposas diferentes. Simultanear varias vidas, sin contar con uno o dos avatares que te echen una mano, puede resultar ciertamente agotador.

Como bien decía, este carácter mío de poco de hablar conlleva que ninguna de mis mujeres conozca la existencia de las otras. Explicar mi tendencia a la poligamia con menos de diez palabras es harto complicado y podría ser mal interpretado, así que mejor dejar las cosas tal cual. Por fortuna las tres responden al mismo nombre con lo que evito equívocos comprometidos.

Con mis hijos tengo más dificultades. No hay quien acierte con sus nombres compuestos, las combinaciones parecen infinitas. Así que he optado por llamarlos a todos “mi Princesa”. A los dos varones este hecho, y que les ponga bragas de la firma de corsetería que represento, les incomoda, pero bueno con los años se han ido acostumbrando. Además, les da confianza que su padre utilice la misma línea de ropa interior. Un buen comercial   predica con el ejemplo: "si las bragas son buenas para el cliente son buenas para el vendedor".

He de deciros que no hay nada más cómodo que la braga clásica de algodón, aunque por motivos laborales intento cambiar de modelo a diario, y no por capricho o vicio sino por exigencias del mercado. Mis clientas no realizan ningún pedido sin verme previamente con el género puesto. Al "culotte" y la "braga faja" no acabo de cogerles el punto, no se adaptan a mis formas, pero ¿qué oficio no tiene sus contras?

Hubo un tiempo en que esta forma de ser me dio más problemas que alegrías. Es curioso cómo se pueden interpretar los silencios en función del contexto y de la edad. De pequeño pensaban que era tonto del culo, lo que era ciertamente imperdonable en una familia de superlistos. Mis padres nunca se tomaron a bien que su único hijo y heredero, en el cual habían depositado tantas esperanzas, fuera presuntamente lelo. Así que tuve que aprender a desconectar mi interruptor de emociones cuando papá y mamá discutían:

- ¡Ocho años y solo dice jamón y con acento gaditano!, esto es intolerable Cuca que somos del mismo Valladolid..., que te lo digo yo Cuquita, este niño nos ha salido raro de cojones. No es cuestión de logopedas es cuestión de que su cadena de ADN no está bien secuenciada, y eso tiene mal remedio - decía papá ante mi atenta y bóvida mirada.

A continuación, mamá procedía a gritar a papá y a recordarle que la Catedrática era ella y él un simple profesor asociado, así que si había problemas de genoma no eran suyos, ni de su estirpe de catedráticos que se remontaba al bisabuelo Don Cuco.  A lo que papá respondía: 

-Sí, pero catedráticos de letras, que a efectos de calidad de ADN vale menos que mi ingeniería.

Y en este ir y venir de acusaciones mutuas yo observaba sentado desde mi inodoro portátil. Era como estar en el cine. Qué actuaciones tan reales, pensaba, aunque el guion no me acababa de convencer. En alguna de esas refriegas incluso estuve a punto de pedir palomitas, si bien al final siempre cambiaba la palabra "palomitas" por un “mamón (que no jamón)” mal pronunciado, que para mí regocijo jodía especialmente a papá... :)

 

Jam Louvier, mayo 2019


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