LA AMANTE DE MI ESPOSO

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Sospechaba que mi esposo me engañaba así que comencé mi investigación, comencé a checar sus redes sociales, sus mensajes, su celular y comencé a seguirlo, me di cuenta que desgraciadamente mis sospechas eran ciertas, mi esposo me estaba pintando los cuernos, lo primero que deseaba hacer era gritarle y reclamarle, pero me contuve.

Tome el celular de mi esposo y le mande un mensaje a su amante, la cite en la habitación de un hotel, le deje claro que no me mandara mensajes porque iba a estar cerca mi esposa, esto con el fin de no ser descubierta, claro, me arregle, me perfume y me dispuse a conocer a la amante, no sabía si quería golpearla, gritarle, matarla, reclamarle o simplemente llorar y preguntarle ¿Qué le das tu que no tengo yo? ¿Cómo es? ¿Qué te hace? ¿Qué le gusta? Y aprender de ella, al fin de cuentas la traición era de parte de él no de ella, Salí dirigida al hotel, llevaba un vestido corto y zapatilla alta, quería verme hermosa y sexy, quería que viera que era digna de competencia. Llegue al hotel y me dirigí a la habitación, toque la puerta, mi corazón estaba por salir en una explosión por mi pecho, abrieron la puerta y una mujer rubia apareció, me miró confusa y me pregunto:

—¿Si?

—Hola, ¿puedo pasar?

—Me parece que está equivocada, ¿a quién busca?

—Eres Amanda, ¿cierto?

—Si… Ese es mi nombre.

—Entonces no me he equivocado, soy Mónica, la esposa de…, tu sabes de quien.

Me miró perpleja, lo pensó unos momentos y después abrió la puerta para que pasara, la mire a los ojos y luego pase por un lado de ella, me senté en la cama y la mire de pies cabeza, era simplemente perfecta ¿Cómo se suponía que la iba a ofender?, era joven, mucho más joven que yo, rubia, ojos claros, piel blanca, labios y ojos grandes, delgada y de busto prominente, ambas estábamos en silencio, ella permanecía frente a mí con los brazos cruzados y esperando a que hablara.

—Eres hermosa. —dije.

No sé por qué fue lo primero que se me ocurrió decir, simplemente salió de mí. Ella me miro confundida, supongo que esperaba una serie de reclamos venir y no que le hiciera un comentario sobre su notoria belleza.

—Gracias, supongo, tú también eres hermosa, la verdad que cuando Nicolás me dijo que era casado no esperaba que él…, bueno…, él tuviera algo como tú en casa. Debes de saber que el problema probablemente no eres tú, no busques respuestas en tu cabeza que no te llevaran a ningún lado, simplemente, así son los hombres.

—No sé qué decir, esperaba llegar aquí, mirarte, insultarte y odiarte, pero la verdad es que no me apetece hacerte daño, no es contigo con quien siento rencor.

—Lo entiendo, si él se está divirtiendo ¿Por qué tu no?

Se acercó hacia mí, se sentó al lado de la cama y se quedó mirándome con esos grandes ojos seductores, se cruzó de piernas y pude ver que no traía ropa interior debajo de esa falda, se quedó mirando y yo no sabía que es lo que pretendía hasta que me beso, inmediatamente la solté y le dije

—¿Qué estás haciendo?

—¿Nunca has estado con una mujer?

—No.

—¿No te gustaría vengarte de tu esposo?

—¿Contigo?

—¿y porque no?

No sé si pensé o no pensé, no estoy segura de que sentía; intriga, dolor, excitación por la venganza, por la situación, por herirlo y tal vez un poco por ella, nunca me he sentido atraída por una mujer, pero ella era un caso especial, no solo era su belleza, era su atrevimiento, su sensualidad, lo decidida que era, podía ver claramente que le vio mi esposo.

Ella me beso de nuevo y esta vez no la detuve, paso sus manos sobre mis pechos que no llevaban sostén, bajó a besar mi cuello lentamente, soplaba un poco y mi piel se erizaba, percibía pequeños gemidos en mí, se puso de pie y comenzó a desvestirse, me dio la mano y me paré, me dio la vuelta y bajó el cierre de mi vestido, mi vestido cayo y ella comenzó a besar mi espalda, mi cuello y hasta mis orejas, un escalofrió recorrió mi piel, ambas nos quedamos con las zapatillas puestas, ella me voltio y me tiró a la cama, en el momento que puso su lengua en mi clítoris deje de pensar, no pensaba más en vengarme, en que le doliera, en herirlo, estaba realmente gozando lo que estaba sucediendo y todo me dejó de importar, hace tiempo que mi esposo no me tocaba, no me deseaba y ahora tenía a una total desconocida navegando entre mis piernas, su lengua era hábil, su succión también, sus dedos que fueron entrando uno por uno a mi vagina me hicieron saber que no era su primera vez con una mujer, una niña de unos 26 años me estaba enseñando a gozar a mí, a una mujer madura de 43 años, la miraba, sus ojos entre verdes con azul se clavaban en mí, su sonrisa traviesa y coqueta me derretían, se aventó sobre mí y comenzó a tocar mi clítoris, estaba erecto ante la estimulación de su boca, no quería que parara, era delicioso, mordió mi boca y susurro a mi oído —vente en mi mano. Casi al instante que lo dijo sucedió, sentí una explosión interna y externa, ella sonrió y luego se montó en mí, comenzó a moverse como hábil serpiente sobre mi vagina, se resbalaba entre nuestros fluidos, se tocaba sus pechos y luego tomó mis manos para que yo los acariciara, eran suaves, sus pezones eran rosados y preciosos, se agacho y me colocó uno en mis labios, por instinto comencé a lamerlo y succionarlo, volvió a sentarse y siguió bailando hasta que llego al orgasmo, luego me voltio y como perro me penetro con su mano, 4 dedos habían dentro de mi moviéndose a toda velocidad, no tarde ni un minuto en venirme , después se tumbó cansada en la cama, yo aún sobre 4 patas recuperaba mi aliento, me levante, me senté y miraba al vacío ¿Qué he hecho?, me decía a mí misma, ella se levantó, tomo una copa de vino, le sorbió, camino hacia mí y beso mis labios.

 

Así fue aquel día que termine en la cama de la amante de mi esposo.


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