Metida de mano en el avión

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Tomaba mi vuelo de vuelta a casa, había viajado por cuestiones de trabajo y me encontraba extasiada de por fin regresar de aquel largo viaje, en cuanto me iba a subir al avión tuve mi primer disgusto, hubo un mal entendido y me tuve que sentar en una fila y de un lado que no había elegido, sin querer armar un escándalo por ello acepte y después me di cuenta que todo pasa por una orgásmica razón en esta vida.

Estaba en la última fila sentada y llego un desconocido a tomar asiento al lado de mí, era un señor bien vestido, con cara de galán y sin duda con un buen perfume encima, saludó cordialmente y tuvimos una conversación casual sobre trabajo, gustos, etc. 

Llegó la noche y las aeromozas nos llevaron unas mantas y unas cómodas almohadas, le di las buenas noches al desconocido y le dije que descansaría un poco, cuando comenzaba a dormir sentí su cabeza apoyada en mi hombro, voltee y mire como dormía como bebé, no quise despertarlo pero en un mal movimiento lo hice, pidió disculpas y yo sonreí, miró mis labios y fui yo quien lo beso, no sé qué estaba pensando, solo seguí mis instintos, el siguió el beso y aquella manta comenzaba a parecer carpa de su lado, él se acomodó en su asiento y volteo hacia los lados, luego metió disimuladamente su mano sobre mi manta, me susurro al oído:

—baja tu pantalón.

Me puse roja, me sentí entre ofendida y excitada, yo sabía que  lo quería, para que hacerme la santa, no suelo hacer ese tipo de cosas pero algo dentro de mi ardía en grande, con una sonrisa obedecí y baje un poco mi pantalón, el metió su mano y en cuanto toco mi clítoris gemí, el sonrió y me hizo una mímica de que guardara silencio, lo intente, siguió moviendo su dedos en círculos sobre mi clítoris, sentía como estaba mojando el asiento, sin esperarlo introdujo un dedo y me retorcí, mordía mis labios para no gemir, mis pezones erectos, mi sexo mojado y mis ganas de más al máximo, con mi mano baje su cierre y saque su pene, comencé a masturbarlo de igual manera que el a mí, llego un punto en el que ninguno se preocupó por ruidos y por los movimientos, aquella conexión de orgasmos fue mágica, ambos terminamos igual y sin duda su manta no sería reciclada para futuros pasajeros.

Durante todo el viaje seguimos tocándonos un poco, disimuladamente, y cuando terminó el viaje nos despedimos cordialmente esperando encontrarnos en algún otro viaje y un par de corridas más.


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