No lo esperaba.

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Lo estampo contra las taquilla más cercanas escuchando como crujen tras el golpe mientras pongo mi antebrazo en su cuello, haciendo presión en un intento de hacerle daño mientras su calor corporal y su fragancia masculina me envuelven. Él no se defiende, no opone resistencia y estoy llegando a mi limite. No se que pretende.

 

- No se lo que estas planeando pero no te vas a salir con la tuya – amenazo sobre sus carnosos labios fulminandole de una manera fría.

 

Las comisuras de sus labios tiran de una sonrisa victoriosa mostrando su perfecta dentadura y yo apretó la mandíbula haciendo más presión con mi antebrazo. Sus grises ojos por una fracción de segundos se desvían a mis labios y siento la misma corriente eléctrica recorrer mi espina dorsal. Mis ojos captan ese movimiento y abro mis labios provocándole, retándole. Sus ojos vuelven a los míos y reprimo las ganas de acortar la distanciá y probar de una vez por todas sus labios. Su expresión cambian de una manera feroz. Sus labios pasan a ser un línea recta, tensa la mandíbula y sus ojos se vuelven más oscuros. Coloca ambas manos en mi cintura provocando que mi cuerpo se estremezca y rezo por que no lo note. No me aparto, mantengo mi agarre seguro y vuelvo hacer más presión.

 

Estoy furiosa y se que no le haré nada pero mentiría si dijera que no estoy disfrutando pese a notar el ligero temblor en mis extremidades o el cosquilleo en mi estomago. En un rápido movimiento y sin que pudiera evitarlo, el policía de ojos grises apretá fuerte mi cadera y me obliga a dar media vuelta, chocando mi espalda contra la misma taquilla que vuelve a crujir e ignoro el dolor. No deshago mi agarre y él tampoco el suyo, no se aparta, sigue firme en su posición igual que yo. Él es quien tiene ahora el control y parece divertirle. Sus dedos se clavan en mi piel y inclina su cabeza hacía mi sin importarle que mi antebrazo sigue en su cuello haciendo presión. Su nariz roza la mía mandando mil descargas eléctricas por mi cuerpo. Y una sensación me toma desprevenida.

 

Mojo mis labios con la lengua y sus ojos captan ese gesto y veo en ellos más que rabiá. No se que diablos me pasa ni cuando he dejado de respirar, pero siento el corazón que esta apunto de salirse del pecho, me tiemblan las piernas y no se como diablos he acabado en esta posición. Siendo prisionera de su fornido cuerpo y de sus preciosos ojos que me miran con la misma intensidad que la primera vez, que me miran gritándome algo que no entiendo. Tengo que hacer uso de todo mi autocontrol para no besarle, me esta desafiando, esta jugando conmigo y pienso cobrármelo.

 

El policía de ojos grises se inclina más hacia mi cara y mi antebrazo se clava en su cuello dificultando que el aire  entre en sus pulmones. Su nariz vuelve a rozar la mía de una manera sensual, sus ojos se posan en mis labios y pese a que deseo que lo haga no lo hará, no me besara puesto que es demasiado orgulloso. Le veo tragar duro y por un momento pienso en bajar mi antebrazo.

 

Entonces ocurre lo que nunca pensé que ocurriria. De todas las posibilidad que se habían cruzado por mi mente antes de separarnos, esta, jamás se me hubiera ocurrido. Nunca pensé que acabaría bajo tierra de una manera tan miserable y rastrera, nunca pensé que estaría tan distraía para no ver sus intenciones.

Me perdí en sus ojos sintiendo como rasgaban la parte superior de mi abdomen, me perdí en el precioso brillo de sus grises ojos sin darme cuenta de que algo líquido manchaba mi camiseta puesto que salía de mi piel de una manera rápida. El dolor era insoportable pero al ver sus sonrisa soberbia fue más ameno. El aire no llegaba a mis pulmones como tampoco llegaba a mi cerebro, estaba ocurriendo y quise dejar de sentir, quise dejar de sentir la impotencia que latía latente en mi corazón, el odio que se filtraba por mis venas junto con la rabia de no haberlo visto. Mis extremidades fallaron pero no caía al suelo, unos repugnantes brazos fuertes me sujetaban de una manera retorcida. El extraño desconocido que con tan solo una mirada me había hecho sentir mucho más que otros, me sujetaba de una manera tierna. La claridad de mis pupilas pasaron a ser unos puntos negros mientras dejaba de oír el extraño sonido de mi alrededor. Mi boca se empezaba a inundar de un sabor metálico y ya no sabía ni donde estaba ni con quien ni siquiera que hacía allí y mucho menos por que me habían clavado un cuchillo…

 


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