CANSANCIO DEL MITO 1

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Hace unos cuántos meses que en las Bibliotecas públicas que dependen de la Diputación de Cataluña se puso de moda una novela sobre la Guerra Civil Española que era mitad histórica y mitad ficción llamada YO MATÉ A FRANCO, que como es sabido fue el dictador militar que gobernó durante cuarenta años a mi país.

Y se dio la circunstancia que como yo participaba en la tertulia literaria que se organizaba en la Biblioteca de Badalona, que es una ciudad marítima de la provincia de Barcelona, no tuve más remedio que leer la novela para comentarla con la máxima honestidad de la que era capaz como había hecho con otras tantas obras literarias.

Estaba yo sentado en un departamento de aquel centro cultural junto a unas cuántas mujeres de mediana edad en torno a una larga mesa, y súbitamente sentí que en la medida que ellas iban dando su opinión acerca del libro, enriquecidas por las malas experiencias que habían sufrido sus familias durante la Contienda y los duros años de escasez que le siguieron, el tema en cuestión se me atragantó como un mal bocado en el almuerzo, seguido de una pesada digestión, y deseaba que aquella tertulia no se alargara más de la cuenta.

Cuando me tocó el turno de hablar me dispuse a hacerlo sin ningun reparo.

- Esta novela está muy bien escrita, y los pasajes que describe el autor están muy bien reflejados. Parece que él haya vivido las situaciones bélicas en su propia piel - dije yo.

Todas las féminas asistentes corraboraron complacidas mis palabras.

-... Y sí el Régimen político del dictador fue nefasto porque no dudó en asesinar amparándose en una justicia hecha a su medida, a un sinfin de personas por sus ideas, pero que no habían hecho nada malo. Sin embargo esta novela no es más que una burda propaganda política nacionalista que miente descaradamente - añadí

-¡Cómo dice usted éso! - se exaltaron algunas tertulianas de tendencia combativa.

-En efecto. Vosotras podéis pensar como os de la gana. Pero resulta que el protagonista de esta historia se une a los anarquistas como si ellos fueran los héroes del pueblo oprimido por los fascistas que luchaban por la libertad. Pero esto es una estampa romántica que es completamente falsa, porque la verdad era que los anarquistas asesinaban impunemente a quienes tenían otros ideales diferentes a los de ellos, y las calles de Barcelona estaban llenas de los cadáveres que esta gente hacía a diario - expuse sin reparos-. Un ejemplo. En aquellos fatídicos años, en el pueblo en el que ahora vivo, había un joven que al parecer era bastante místico; muy religioso. Mas cuando los grupos anarquistas de la villa - estos "valientes" chicos- dieron con él a causa de una denuncia malintencionada, tiempo les faltó para apresarlo y pegarle cuatro tiros en la puerta del cementerio. Si ellos eran tan amantes de la libertad ¿por qué no dejaron en paz a este pobre sujeto para que viviera su vida? Y otra cosa. Los anarquistas hicieron causa común con los comunistas para luchar contra el fascismo. Pero se dio el caso que los comunistas eran una gente muy organizada, mientras que los anarquistas no soportaban ningún tipo de autoridad, por lo que aquel Frente Popular se lió a tortazos entre ellos. También hoy en día se recuerda el asesinato de de varias prostitutas en un vagón de tren ordenado por el anarquista Durruti, que era un atracador de Bancos, por estar ellas infectadas de sífilis.

En aquel departamento se hizo un tenso silencio.

- ¿Y qué decir de los comunistas? ¿Qué democracia podían defender cuando en Barcelona tenían sus "checas" que eran unos pisos donde se torturaba y asesinaba a gente conservadora? - continué con mi disertación- ¿La libertad era para ellos solamente? ¿De verdad creeis que si hubiésemos tenido un Régimen de un color opuesto al franquismo habríamos tenido más libertad? El dictador mataba en nombre de Dios, y los otros hacían lo  mismo en nombre de una utopía. Para mí eran los mismos perros con distintos collares. Con estos antecedentes lo dudo.

-Bueno...bueno... - expresaron incómodas por mis comentarios algunas contertulias.

- Esta novela me parece que es descaradamente manipuladora, que tergiversa la memoria histórica a conveniencia de los políticos - proseguí-. A través de su protagonista que se aferra a su lengua materna como el único estandarte de la libertad, el autor nos quiere hacer ver que la sombra del dictador Franco es alargada hasta el día de hoy, y que seguimos tan oprimidos como en la postguerra por el Estado de la nación. Ahora esta fiebre político-nacionalista se explica diciendo que claro como la religión ha dejado de ser sexi para una mayoría de gente, y por otro lado hay tanta precariedad laboral, el ciudadano se ha quedado sin referencias; todo es muy volátil, y por tanto éste para tener un terreno donde pisar, tiene que agarrarse al relato político-nacionalista, cual Indiana Jones contra el Templo Maldito del Estado opresor. Y yo pienso que esto es verdad.


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