Gemma. 1

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Luego de 6 años, no la reconocí. Se había transformado en un verdadero ángel, de 20 años, 1.70 cm de estatura, torneadas largas piernas que la hacen ser una mujer sumamente deseable. Cuando Hazel, mi mujer, me informó que su prima Gemma vendría a realizar estudios a la ciudad, y permanecería un tiempo con nosotros, no me atrajo para nada la idea, pero luego de verla y tratarla he cambiado de opinión, y más luego de lo que ha sucedido, que ya les relataré.

Accedí a solicitud de mi mujer a dar transporte de vez en cuando, tarde por las noches a Gemma, y fue durante esos pequeños viajes desde su recinto de estudio, que las charlas que inicialmente versaban sobre sus clases, poco a poco abarcaron temas más diversos y hasta llegaron a ser más personales e íntimos. Dos situaciones propiciarían los acontecimientos: la primera fue una noche efusiva y ruidosa de sexo con mi mujer Hazel, en la que olvidamos la presencia de nuestra huésped. Y la segunda, ser Gemma y yo, testigos accidentales de una escena de sexo en un auto.

Cierta noche tarde, la recogí en la U, y camino a casa al transitar por una zona oscura y solitaria, divisamos un auto detenido que se mecía notoriamente de lado a lado. Instintivamente puse la "luz alta', y frente a nosotros se desarrollaba una apasionada escena sexual. Gemma fue quien primero reaccionó, y entre risas nerviosas y pena, exclamó: "Les mataste el momento, a tí no te hubiera gustado que te hicieran eso la otra noche". De momento no entendí, por lo que pregunté: "¿Cómo? No entendí, ¿cuál noche?". Ella tomando aire agregó: "una noche de estas que vos y Hazel se tenían una fiesta, que seguro la cama se movía más que ese auto". De primera me tomó por sorpresa, pero repliqué: ¿No me digas que nos oíste?. "Pues sí, era inevitable" dijo ella.

En un tono más pícaro agregué: "Bueno, vos sabés cómo es eso, se pierde noción de todo". Tras un corto silencio, ella agregó: "pues no, la verdad no sé, nunca me ha pasado". Reí, pero al notar que ella no, la miré incrédulo y pregunté insinuante: Cómo nunca, acaso nunca has gozado así?. Se sonrojó, suspiró y dijo: "Virgen no soy, digamos que lo he hecho, pero nunca como dicen que debe ser, o como me imagino a vos y Hazel esa noche". Algo asombrado repliqué: "Cómo así, ahora te entiendo menos?. Gemma con pena, acotó: "en dos ocasiones he tenido sexo, ambas por curiosidad, pero ninguna fue lo que esperaba, ninguna fue placentera como dicen, y creo que no sé aún lo qué es gozar un orgasmo". En tono triste agregó: "hasta me he preguntado si habrá algún problema conmigo, si seré yo?".

Tratando de sacarla de ese bache emocional, acoté: "no creo que sea eso, más bien, creo tal vez has tenido mala suerte y te han tocado parejas malas. Pero asumo como parte de tu vida sexual, sí has experimentado orgasmos, por ejemplo, cuando te has masturbado". Apenada agregó: "pues no es algo que haga, porque no lo disfruto, y no, no he logrado orgasmos. Y por eso no me gusta, o tal vez sea que no sé hacerlo".

 Intempestivamente dijo "Vos me enseñarías? Quiero aprender con vos, lo he pensado desde la noche que te escuché con Hazel, pero no sabía cómo pedírtelo". Al oír aquella petición, mi reacción fue detener el auto, y mirándola replicar "no niego que es una idea muy atrayente, muy apetecible porque eres muy hermosa y deseable, pero es muy, muy inconveniente". Pero ya para ese momento mi imaginación y mi instinto animal, se estaban manifestado con una fuerte erección, mientras ella acota: "tengo muy claro que sería secreto, nuestro secreto, para no tener problemas". Iba a reiterarle lo inconveniente, cuando se aproxima a mí y tímidamente me besa, yo instintivamente reacciono y al sentir su calor y olor tan cerca, rocé sus labios con los míos y nos besamos apasionadamente.

 De pronto ya estaba acariciando sus pechos, ella suspiraba y jadeaba. Seguía besándola, y abriendo su blusa aparté su brassiere y procedí a besar, succionar, chupar y mamar sus pezones, al tiempo que tomaba su mano, la colocaba sobre el pantalón en mi pene erecto, y Gemma respondía presionándolo al mismo ritmo con que me besaba. Sin oposición de su parte, más bien con cierta complacencia, deslicé mi mano hacia arriba por sus muslos, llegué a sus ingles, y corriendo su tanga, toqué delicadamente su vagina sintiéndola húmeda muy húmeda, y decidido, susurré en su oído: "si estás de acuerdo te voy a dar tu primera clase ya, aquí y ahora, voy a hacerte gozar con sexo oral. Te voy a mamar, y no voy a parar hasta que llegues al orgasmo". Me miró fijo, como dudando, como pensativa y dijo "confío en vos".

 Bajé del auto, abrí la puerta del lado de ella, tomé sus piernas, las deslicé hacia afuera, subí su falda, bajé su tanga, y con la oscuridad de cómplice, abrí sus piernas y lentamente fui acercando mi cara a su zona genital, la besé, la recorrí y acaricié con mi boca, pude sentir su pubis totalmente depilado y su vagina muy humedecida. Con la lengua misma, poco a poco, fui abriéndome paso entre sus labios vaginales sintiendo cada vez mayor humedad entre ellos. Ella respiraba en forma agitada, al tiempo que susurraba "siento un raro cosquilleo en el cuerpo, pero me gusta". Ya para ese instante, yo lamía su vagina que se humedecía más y más, chupaba su clítoris y lo acariciaba con la lengua, lo que la hacía estremecerse y decir tímidamente "me gusta, ahí, sí, así, me gusta, se siente rico, sí". Por sus gestos y movimientos se adivinaba que ella lo estaba disfrutando.

Tras unos pocos minutos de esa frenética práctica, exclamó: "pará, detente, que me orino, pará, que me orino". Me detuve solamente para decirle: "No te preocupes, no te frenés, no te contengás, y no te vas a orinar, confía en mi, solo deja que suceda", y seguí en mi sabrosa labor. Instantáneamente ella empezó a gemir, a estremecerse, sentí su vagina irrigarse abundantemente, su cuerpo se retorcía delicadamente. Ella experimentaba pequeños sobresaltos mientras exclamaba "sí, sí, sí", señales inequívocas de que estaba teniendo un orgasmo, y así se lo hice saber.

La abracé por unos minutos, mientras recuperaba su respiración y se normalizaba su ritmo cardíaco, acomodando sus piernas dentro, cerré la puerta y me dirigí a mi lugar. Puse el auto en movimiento y nos dirigimos hacia la casa. Ella movía levemente su cuerpo en el asiento, estiraba y recogía las piernas pegando sus rodillas al pecho, mientras presionaba su sexo con sus manos, y emitía unos sonidos que denotaban el placer que aún estaba experimentando, confirmándolo ella misma al exclamar "Uhhhmmm, no se me quita esta deliciosa sensación de mis piernas, en mi estómago, en todo el cuerpo".

 Al llegar a la casa, Hazel ya dormía, y Gemma con un rápido beso y un "me encantó la lección de hoy, y espero con ansias la próxima", se retiró a su habitación.


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