Gemma (2)

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Por motivo de trabajo debí ausentarme de casa algunos días, por lo que no hubo viajes con Gemma, ni tiempo tampoco para hablar de lo que había sucedido. 

Desayunaba yo con Hazel mi mujer, cuando desde la puerta del baño, oímos un "buenos días" de Gemma, que indicó iba a ducharse. Casi de inmediato pidió ayuda, alegando que el calentador de agua no operaba bien. Como era lógico, mi mujer me solicitó la ayudara.

Me dirigí al baño, y la encuentro envuelta en una pequeña toalla que apenas cubría desde la mitad de sus pechos hasta la mitad de su culo, dejando ver sugestivamente, por arriba un poco de sus areolas y pezones, y por abajo la mitad de sus ricas nalgas.

Al acercarme me susurra: "yo sabía que te iban a enviar a vos", y despojándose de la toalla dice: "mira, estoy deseando una nueva lección". Me abalancé sobre sus pechos a lamer sus pezones, al tiempo que tocaba sus nalgas e introducía mis dedos levemente en su vagina, y luego en su ano, lo que le provocó un pequeño sobresalto, pero más de sorpresa que de rechazo. Murmuré en su oído. "ya verás cuando mi mujer se vaya". De regreso en el comedor, manifesté "problema resuelto" y terminé de desayunar, ansioso por el momento de quedar a solas.

Gemma salió del baño, y se despidió a lo lejos de Hazel que ya casi salía hacia su trabajo. Luego de unos minutos al ya no escuchar el ruido del motor del auto, me dirigí hacia su habitación, donde me esperaba vistiendo solamente una corta T-shirt, que se quitó al verme entrar. Con mi boca y lengua recorrí todo su cuerpo, descubriendo que el besar su cuello, nuca y orejas le era tan placentero y excitante como si lamiera sus pechos y pezones, y que producía que su zona vaginal se humedeciera y lubricara rápida e increíblemente. Nos besamos, mientras acaricio su vagina, y de vez en cuando, la entrada del ano, reafirmando que esto último no le disgustaba para nada, y mas bien parecía disfrutar de este placer desconocido hasta ahora para ella.

Ya para ese momento estábamos ambos desnudos, y acercándome a su oído murmuré: "voy a sentarme en esta silla, y quiero que tú te sientes sobre mi pene, y te penetres al ritmo, velocidad y profundidad que tu desees, y luego te muevas como quieras y sientas tú, mas placer". Sin dudarlo y sin mucho pensarlo, procedió quedando de frente a mí, y rápidamente estaba cabalgando como una experta, en un "mete/saca" que pronto produjo en ella un intenso orgasmo, gozando Gemma esta nueva forma de placer.

Acto seguido, la tomé, la puse de 4 al borde de la cama, alcé sus caderas, empujé su cabeza hasta que su cara tocó la cama y con la espalda arqueada, la penetré vaginalmente por detrás, de una, fuerte, duro y hasta el fondo. Con embestidas, enérgicas, rápidas, fuertes, y con sus gemidos y palabras indicando no parar, gozaba nuevamente de un placer inmenso e intenso que la hizo explotar al cabo de unos minutos en otro orgasmo entre gritos contenidos y gemidos, ahogados por su cara contra la almohada. Pasados unos minutos se deja caer en la cama agotada y satisfecha. Yo por mi parte había logrado también mi clímax, y rendido tras eyacular en demasía, me tiendo a su lado a descansar.

Media hora después, mientras se enfundaba en un delicioso juego de ropa interior de encaje negro transparente que hace resaltar su color de piel, Gemma manifiesta, su satisfacción por las nuevas experiencias y sus ansias de mas. Se embute en un jeans al tiempo que dice, que otro día me relatará como en mi ausencia, ha practicado masturbarse, con resultados muy exitosos y placenteros. Finaliza de vestirse con una blusa negra y tennis blancas, mientras agrega estar entusiasmada porque nos aventuremos en cosas nuevas.


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