La ejecutiva, parte 1

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Sentir su mano, debajo de la mesa, acariciando mi pene, además de la lógica erección me dejó casi pasmado. No sólo porque no lo esperaba, sino por quién lo hacía, por el lugar, por el momento, la presencia de la demás gente y por la forma disimulada en que ella actuaba, de modo tal que sólo nosotros nos percatamos. El suave tacto de mi mano sobre su muslo, sobre aquella sedosa textura, sin que ella se inmutara, era más que excitante. ¿Qué si lo gocé? Obvio que sí. Si desde que nos vimos y nos reconocimos hace 5 horas, yo empecé nuevamente a desearla.

Coincidir en este hotel, a causa de este seminario, fue una sorpresa y un incentivo en una actividad que no me era nada atractiva y a la que no deseaba asistir, pero deber es deber. Claro si nos hubieran dicho lo que iba a suceder, no hubiéramos dudado en venir, al menos yo no.

De reputación intachable, Mary era poseedora de una belleza mágica y misteriosa. Por su posición de alta ejecutiva en su compañía, vestía siempre de manera elegante, sobria y formal, y por eso no era sencillo percibir su hermosa figura, apetecible y deliciosa, e imposible era intuir que en la intimidad se transformaba en una mujer muy fogosa y ardiente como descubriría yo luego.

Transcurrió la mañana de este primer día, entre conferencias y talleres. Procuramos formar parte de los mismos grupos de trabajo, en aras de hacer mas soportables las actividades, lo que facilitó entrar en confianza y compartir mas sobre nuestras vidas personales y experiencias, a tal punto que evolucionaríamos a los posteriores acontecimientos extra-seminario.

A lo largo de las sesiones de trabajo y actividades, descubrí que seguía siendo la mujer inteligente e informada que había conocido, y con los años además había desarrollado un fino sentido del humor, no vulgar sino más bien pícaro, que resultó ser algo en común conmigo, y que en plena actividad evidenciábamos, uno u otro, con expresiones e insinuaciones jocosas, graciosas y hasta de doble sentido, por supuesto en voz baja y solo para diversión de nosotros. Esa apertura en su forma de ser, ese bajar de la barrera de seriedad y sobriedad fue propiciando lo que ocurriría después.

El almuerzo fue servido en el elegante restaurante, equipado con mesas para grupos de 8, ataviadas con largos manteles blancos, que serían los cómplices de aquel episodio espontáneo y oculto de mutua masturbación, iniciado por Mary a manera de sobremesa. El manoseo se daba sin percepción por parte de los demás, y culminó al sentir ella que mi erección era ya más que evidente, y simplemente dijo "con permiso, me retiro", y se fue dirigiéndome una pícara y burlona mirada, sabedora que yo no podía seguirla, al menos no de inmediato, debido a mi erección. La vi salir del salón, al tiempo que entraba un mensaje a mi celular: "Habitación 722, apúrate".

En cuanto mi erección me lo permitió, dije también "con permiso" y me dirigí al ascensor. Pulse piso 7, el viaje se me hizo eterno, pero no suficiente como para adivinar o decidir qué iba a suceder. Recorrí mentalmente infinidad de posibles fantasías y también dudé. ¿Será posible? ¿Me estará tomando el pelo?  ¿Cómo debo reaccionar? ¿Debo tomar la iniciativa? ¿Me esperó a que ella actúe? ¿Qué le gustará? ¿Y si me está jugando una broma?.

Toqué la puerta 722. Una vez sin respuesta. Toco por segunda vez, tuve la sensación que me observaban por la mirilla, pero igual no hubo respuesta. Pensé en retirarme, pero toqué nuevamente y oí un "pasa, está abierto". Entré, la habitación tenía una distribución similar a la mía: salita de estar a la entrada, una pared de vidrio no transparente la separaba del dormitorio, al fondo el baño con tina/jacuzzi y al lado un pequeño balcón/terraza hacia la piscina central del hotel.

Al entrar, Mary estaba recostada en el sofá, copa de vino en mano, aun vestía su traje ejecutivo gris plata, desabotonado, igual que su blusa blanca de seda, lo que permitía ver parte de unos deliciosos pechos enfundados en encaje blanco. Una de sus piernas doblada a la altura de su rodilla, dejaba ver que sus medias eran sostenidas por liguero, confirmando lo que sospeché al haberla tocado bajo la mesa. Se enderezó, me tendió la copa y me invitó a sentarme en uno de los sillones.

 Acto seguido, de pie, a dos metros frente a mí, lenta y sensualmente Mary se despojó de su chaqueta tipo blazer, luego soltó su falda dejándola caer al suelo, y quedó solamente cubierta por su blusa de seda, que permitía distinguir su ropa interior de encaje blanco, medias de seda antideslizantes sostenidas por un sexy y vaporoso liguero también blanco. 

Terminó de desabotonar su blusa, se la quitó, exhibiendo un cuerpo exuberante, cubierto ahora solamente por la fina lencería, y calzando aun sus zapatos de tacón aguja que hacían ver sus piernas aún más largas y estilizadas. Mary se veía exquisita y magistralmente sensual. Sin quitar de mí su mirada retadora y lasciva, eróticamente fue soltando despacio, uno a uno los broches del blanco liguero que sostenían las medias, para luego desabrocharlo y lentamente despojarse de él dejándolo caer al piso

La imagen de Mary con las pocas prendas que aún vestía era sensual y provocativa, las medias de seda cubriendo sus piernas hasta los muslos, el bikini de talle bajo mostrando su abdomen casi plano, un ombligo delicioso y unas nalgas apretadas, y mas arriba el brassiere media copa de encaje sosteniendo unos pechos que parecen luchar por liberarse y traslucen los grandes pezones, todo eso aunado a la forma cómo se movía y ondulaba su cabellera, era muy, muy sensual.

Descalzándose de sus zapatos, subió su pierna izquierda y apoyada en el brazo del sillón, procedió a enrollar hacia abajo la media, poco a poco desde el muslo hasta el pie, desnudando su pierna. Cambiando de pierna, repitió la acción con la otra media de seda, que resbalaba sensualmente. Cada movimiento que hacía aumentaba mi excitación y mis ansias de acariciarla y poseerla, pero ella no me permitió acercarme.

Frente a mí, de pie con sus piernas abiertas y sus manos en la cintura, me mostraba la totalidad de su bien formado cuerpo, ahora solo cubierto por el fino juego de lencería blanco de encajes, brassiere y bikini. Se volteó de espalda, desabrochó su brassiere, lo arrojó al lado, y dándose vuelta, me enseñaba sus ricos pechos libres, coronados por unos grandes y erectos pezones, que acariciaba suavemente mientras me preguntaba: ¿Te gusta lo que ves?.

Mary introdujo los dedos de sus manos en la parte alta del bikini, jugó, deslizándolos de un lado a otro, para luego ir bajándolo poco a poco, despacio, contorneando su cuerpo y dejando ver su depilado pubis, para finalmente mostrar su bella figura totalmente desnuda. Aquel paisaje corporal era impresionante, y mi excitación era total cuando dirigiéndose hacia su cama dijo: "desnúdate, y vienes".

Me quité mi traje, y me dirigí hacia ella. Mary estaba tendida en la cama, cubriendo con sus manos sus senos y su vulva, y al verme abriendo sus brazos, susurró: ...

 

...Continuará...


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