Una tarde especial (1era parte)

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¡Rápido cambio de frente y Agustín pica al área a toda velocidad!¡ Saca una volea maravillosa en dirección del punto del penal y Sabrina engancha una chilena yyyyy…!¡Muy elevado por sobre el travesaño y el partido sigue empatado sin goles!

Lo que el relator olvidó decir es que la pelota elevada sobre el travesaño, también se fue elevada sobre la reja de doña Juliana. La pelota no rozó las afiladas puntas, fue directo a una camelia inmensa que era el orgullo de doña Juliana. Que la pelota haya caído allí era un gran problema por varios motivos: el primero era Duque, el perro viejito de la dueña de casa. No era malo, pero cómo no le gustaba correr, ladraba a todo volumen para que alguien más se acerca a solucionar el inconveniente que lo hacía ladrar. El segundo de los motivos era la hora: las tres de la tarde es un horario muy hermoso para la siesta. Y si algo amaba doña Juliana era la siesta, y la ponía de mal humor ser interrumpida. El tercero de los motivos era el hecho de que la señora amaba a su camelia más que a la siesta. Es por esto que una pelota que aterriza golpeando su planta favorita interrumpiendo su siesta era algo intolerable. Y por último, pero no menos importante, era la tercera vez que la pelota caía en ese lugar en la misma tarde, es por eso que es fácil imaginarse que doña Juliana no estaba nada contenta.

-Alguien va a tener que ir- dijo Agustín esperando que alguno de sus amigos de ofrezca a pedir la pelota. Mariano se miraba la punta de las zapatillas para no mirar a sus amigos. Sofia se puso de todos colores pero no dijo ni "a". Sebastián, el único de ellos que no se interesaba por el futbol, movía la cabeza diciendo que "no" en silencio. En ese momento todos miraron a Sabrina. Ella no se había dado cuenta de que la miraban hasta que notó que nadie hablaba. Los miró de costado y dijo:- y bueno, tendré que ir yo, si nadie se anima…- pero está vez volvió a hablar Agustín y mirandola fijo le hizo entender que era la que tenía que ir porque siempre era ella quien pateaba la pelota ahí. - Uh viejo, al final, me castigan por ser goleadora…- dijo Sabrina mientras se acercaba a la reja de doña Juliana arrastrando los pies. En ese momento recordó las palabras de la señora:- ¡Si cae de vuelta se las pincho…!- y volvió con sus amigos. Les recordó lo que doña Juliana dijo y le pidió que pensaran un plan juntos.

Después de varias horas de aburrimiento y sin ideas, Sofía le dijo a Sebastián, que era su primo, que era hora de contarles un secreto. Sebastián al principio no quería decir nada pero después aceptó contarles a sus amigos.

-Chicos, tengo un superpoder- dijo y los miró fijo. Agustín se mordió el labio y dijo:-¡que hambre, que vas a tener un superpoder!- y se seguía mordiendo el labio. Sofía lo hizo callar y le contó que lo descubrieron hacía unos meses atrás. Agustín y Sabrina querían saber cuál era ese súperpoder y preguntaban una y otra vez sin callarse. Ahí fue cuando Sebas comenzó a contarles:- una vez mi abuelo, que es abuelo de Sofi también, nos enseñó a armar barriletes. Y nos hizo uno muy lindo, bastante grande. Y a mí me encantó, así que lo empecé a remontar todos los días- . Sabrina, muy impaciente, le dijo que eso no era un superpoder. - No es sólo eso, nena, el barrilete vuela aunque no haya viento y hace todo lo que yo quiero - dijo Sebas muy serio. Sofia, para demostrarlo salió corriendo a su casa, que quedaba ahí nomás a la vuelta y que era al lado de la casa de su primo. Volvió a los cinco minutos con un barrilete grande, de muchos colores. Cuando Sebas lo vio, puso una sonrisa gigante. Su prima le dió el carretel con el hilo y el barrilete. Sebas lo levantó lo más arriba que pudo, dió tres pasos hacia atrás y lo soltó. El barrilete se empezó a elevar cada vez más alto sin que el nene de mueva del lugar. No necesitaba correr ni nada, el barrilete subía solo y podía ir de un costado a otro, según cómo Sebas moviera el hilo. Sus amigos quedaron con la boca abierta sin poder creer lo que veían. Después de unos minutos Agustín, todavía un poco asombrado, dijo:- pepepero, ¿Cómo vamos a recuperar la pelota?- y siguió viendo al barrilete volar. Sebastián miró a su prima y sonrió.


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