BAUTISMO DEL VINO

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Contaré una pequeña historia de mi persona para que sepan que las mujeres también hicieron faenas abusando de su superioridad al reunirse varias..
En este caso más bien a un niño en un territorio para mi desconocido, de costumbres y gentes. y medio asustado al no conocer a nadie.
Corría el año 1953. yo tenía 13 años trabajaba en un pueblo de Toledo, muy lejos de mí familia, en un comercio con jornadas interminables, al ser allí como un extranjero todo el mundo tenía derecho a mandarme lo que tenía que hacer, esto incluía mis jefes sus hijos y las clientes del comercio. En todo era un novato con otras costumbres más del norte de España que eran diferentes a las de aquel lugar
Uno de los piropos usados era decir que era un tonto de la pitorra y otras que era muy bolo. y varias expresiones más para mi desconocidas.
El domingo que debía descansar, ni ese día tenía descanso. En época de vendimia me mandaron con una cuadrilla de personas entre las cuales había varias jóvenes.
Su atuendo para ese trabajo se componía de, sombrero, gafas y pañuelo cubriendo las caras,manguitos en los brazos y sayos largos, imposible saber quienes eran y menos al no ser de aquel lugar.
Llegó la hora de la comida y un poco de descanso el cual aprovecharon las jóvenes para apartarme del grupo, tumbarme en el suelo bajarme los pantalones y calzoncillos y estrujar un racimo de uvas en mis partes, entre carcajadas diciendo que con ese aderezo el chorizo y los huevos se maduran o curan antes y estan para chuparlos.
La cosa no terminó ahí, llegó otra con un salero y dijo que a los huevos y al chorizo había que ponerle sal que estaban demasiado dulces así que lo mejor sería contrarrestarlo añadiendo sal, para que ambos productos cogieran sabor ya que parecía que en mi tierra no sabían aderezar esas cosas. Esto servía para que todas las personas de la cuadrilla se partieran de risa y lo pasaran de lo lindo a mi costa.

Poco podía hacer yo. Solo retirarme a un lugar apartado y ponerme a llorar. No sabía que hacer ni a quien pedir ayuda, ni cómo deshacerme de aquello que parecía un empaste y picaba de cojones.
Un alma caritativa se acercó con un botijo, me pidió que me desnudara de cintura para abajo y con al agua del botijo enchufando el chorro conseguí limpiarme un poco todo aquel empaste.
Seguí vendimiando y los mayores me dijeron que eso era el bautismo del vino y ya pertenecía al gremio de vendimiadores.
Varios años estuve en ese pueblo y casi no supe quienes fueron las simpáticas bromistas, pero daba igual, nadie me haría caso, ni se denunciaban esas cosas.
Tengo muchas más cosas parecidas para denunciar, lo peor es que muchos/as han muerto y todo queda como recuerdos de las fatigas y burlas que se pasaban al no tener nadie de la familia cerca y rodeado de personas que por falta de sensibilidad se burlaban del débil y desconocido.
Es seguro que a sus paisanos ni a miembros de su familia no le hacían esas putadas.
Hasta la próxima!.


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