La mejor cita...

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Alex husmea en mi nevera y encuentra una botella de vino banco. Sirve un poco en un par de vasos (porque no tenemos copas) y degustamos de la comida.

—Cocinas muy rico. —me dice antes de beber un poco de vino.

—Muchas gracias.

—¿Eres italiana? —pregunta de la nada— Lo digo por tu apellido.

—Mis bisabuelos lo eran, llegaron a Madrid al terminar la Guerra Civil. —le explico.

—¿Los conociste?

—No, mi abuelo me contó esas locuras.

—Eres adorable.

—¡Cállate! —le doy un manotazo en el brazo y vuelve a reír. 

—¿Quieres helado de fresa? —le pregunto antes de beber el último trago del vaso y asiente.

Me levanto y recojo los platos. Mientras yo lavo él los seca y guarda. Termino primero y comienzo a comer el helado, sentada en la isleta.

Se acerca a mí y se cuela entre mis piernas y yo le doy un poco de helado con mi cuchara. Acerca su pulgar a mi boca para limpiar mis comisuras, lo introduce y yo lamo su dedo con helado, sin dejar de ver sus perversos ojos. Siento como mi sexo convulsiona.

Este hombre vuelve loca a cualquier mujer. Me quita el bote de la mano y lo pone al lado. Se acerca a mi oído y besa con ternura mi oreja con sus labios terriblemente fríos por el helado, sus manos que están aún más frías acarician mi espalda baja por debajo del jersey. Mi cerebro se queda en blanco al sentir como juega con el lóbulo de mi oreja, dándole pequeñas mordiditas. Cuando sus manos están lo suficientemente calientes, acaricia mi vientre y lo soba con la mano completamente abierta y con los dedos juntos.

Tomo su rostro y le doy pequeños besitos en los labios, dejándome probar su fría boca con sabor a fresa y a él. 

Puedo oler su perfume, su esencia que me inunda los sentidos y me embota la mente.
Su mano desciende por mi vientre, por debajo del chándal, hasta mi entrepierna. Jadeo al sentirlo en mis bragas.

Me acaricia muy despacio con suavidad, en pequeños círculos. Hace un poco de presión y trato de controlar mi respiración. Una oleada de deliciosos calambres me llena desde la entrepierna hasta el cerebro, todo mi cuerpo se ha tensado y mi mundo entero gira alrededor de su fuerte mano que me da un exquisito asalto de placer, algo que nunca creí que llegaría a sentir. Hunde sus dos largos dedos en mí y gimo en su boca con desesperación.

Me quito el jersey y se acacha para chuparme los senos, tomando la punta de mi pezón con sus labios y succionando. Me levanta de la cintura con un brazo y con el otro me quita el chándal de un tirón hasta dejarme completamente desnuda. El pudor se ha ido a la mierda, sabe todo de mí y aun me desea y yo a él, ahora solo quiero que me haga suya sin temor de que me bote, porque aunque lo haga, nunca me arrepentiré de lo que estoy comenzando a sentir.

Le quito la camisa lo más rápido que puedo mientras él se quita los zapatos. Después saca un par de paquetitos cuadrados metálicos y los pone en la isleta. Le deslizo la camisa por los brazos y me quedo sin aire al ver lo perfecto que es, ni una sola marca, muy musculoso y de piel suave y muy levemente bronceada. Mi boca tiene un deseo y lo cumple al lamer su cuello, gime cuando chupo entre su oído y su mandíbula.

Escucho el tintineo de su cinturón y un cierre abrirse. Se baja el pantalón junto con su ropa interior y su enorme polla rebota como un resorte en su abdomen, hasta dejarme sin aliento. Larga y gruesa, con la punta hinchada y húmeda, deseosa de entrar en mí. No puedo apartar los ojos, es hipnotizante y me hace la boca agua. 

Alex levanta mi cara y me besa con pasión, jadeando en mi boca por la tensión de la anticipación. Me entrega un preservativo y me da el honor de ponérselo. Debería ser pecado ponerle un condón y ocultar su belleza. Rasgo el paquetito y saco el grasoso producto de su interior. Es transparente y sin ningún olor. Lo deslizo por su largo miembro y respinga al sentir mis manos en su miembro.

Me toma de las nalgas y me arrastra hasta el borde, dejándome la mitad del culo al aire. Se la agarra y la pone justo en mi entrada, respiro profundo al tenerlo tan cerca.

Lo miro y sus ojos llenos de lujuria me ven, me ven de tal manera que pareciera que quiere leer mi mente. Me inclino hacia atrás y me apoyo sobre mis brazos y dejo que me vea por completo. Pone ambas manos en mi cintura y se hunde con fuera en mí. Gimo tan fuerte que hace eco en la cocina, cierro mis ojos y dejo caer la cabeza hacia atrás, me concentro en la sensación tan deliciosa de él dentro de mí. Se acerca un poco más y me termina de llenar por completo hasta que siento su vello en mi pubis. Siento que me golpea el ombligo y mis piernas tiemblan como gelatinas y todo a mi alrededor da vueltas. El empuja mi pecho y me obliga a acostarme, toma mi pierna y la coloca en su hombro. Asalta sin piedad y los gemidos salen solos por parte de ambos, besa la parte interna de mi pantorrilla y le da un pequeño mordisco. La estancia es silenciosa, solo se escuchan nuestros gemidos y el choque de nuestras pieles sudorosas. Sus brazos se tensan y veo las venas de sus bíceps. Siento que me va a explotar el vientre y tengo la necesidad de morder algo. Me arrastra más hacia él y gira mi pierna completamente. Toco el piso con mis pies y en un parpadeo estoy con el pecho contra la isleta y Alexander aferrado a mis caderas. Ne apoyo en el borde de la isleta y enarco la espalda. Le rodeo el cuello con mis manos y pega su boca a mi sudoroso cuello, succionándolo con fuerza. Sus manos acarician mi vientre hasta que su pulgar juega un poco con mi clítoris dándome el doble de placer, me arden las nalgas de sentirlo chocar contra mi piel y siento tanto placer que roza el dolor.

—Córrete para mi, Aurora. —susurra en mi oído tan sexy que me pone más caliente.

Mi primer orgasmo nace en mi vientre, y escucho el eco de mi grito retumbar en la casa y una risa malvada en mi oído, triunfal. Siento que me quité 10 años de encima y el corazón me late como galope de caballo.

Apoyo mi frente en mi antebrazo y descanso sobre la isla mientras Alex embiste suavemente y termina de absorber mi explosión de hormonas y placer. Da un lametón por toda mi espalda y besa mi hombro. Se queda estático unos minutos mientras se recupera.

Sale de mí y me voltea, le rodeo el cuello y lo beso con ternura. Frota sun contra la mía y le da un besito. 

La mejor cita del mundo...

 


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