El Huracán Gilberto

Por
Enviado el , clasificado en Reflexiones
105 visitas

Marcar como favorito
Relato patrocinado por:
Libros de ficción - Consulta las novelas y libros de ficción más populares de Amazon

Casi nunca entran los huracanes hasta la ciudad donde vivo, porque estamos como a 360 kilómetros de la costa y hay unas montañas muy altas que hacen que sea difícil que puedan avanzar hacia acá, además se suponía que la trayectoria del célebre Huracán Gilberto, era hacia New Orleans, había pasado por la península de Yucatán, donde había sido muy destructivo, pero no, en los ciclones no se puede confiar, como dicen también de tanta gente.

Era el mes de Septiembre, había puente ese fin de semana por ser el lunes el día de la Independencia, así que unos amigos que estudiaban preparatoria se organizaron para irse a acampar a un lugar cercano que se llama Cañón de San Lorenzo, ellos eran 4 jóvenes que ni tenían idea que el huracán podía venir hacia allá, todos eran scouts desde niños y les gustaba mucho caminar por el campo, hacer actividades al aire libre, así que vieron la oportunidad y se fueron de paseo.

Tomaron un camión a la Central de Autobuses Sur, al llegar compraron algo de latas y otras cosas para tener que comer en el campamento, el lugar a donde habían planeado ir estaba  aproximadamente a siete kilómetros de trayecto, era  un distancia muy corta para lo que estaban acostumbrados a recorrer.

Al llegar al cañón, comentaron que qué bueno que estaba nublado, así sería más cómoda la caminata, al rato se sentaron y empezaron a armar el campamento, a un costado de un arroyo que no llevaba agua, solo tenía muchas piedras y tierra, como que alguna vez hacia corrido agua por ahí. Era sábado como a las 3 de la tarde, ya habían terminado de armar el campamento con su tienda de campaña y habían juntado madera de la que estaba tirada en los alrededores para prender la fogata en la noche para calentarse y platicar antes de dormirse.

Para las 9 de la noche, empezó a llover ligeramente, ellos seguían sin saber que el huracán había cambiado su trayectoria y se dirigía hacia donde estaban ellos, era un huracán de dimensiones enormes, tenía un diámetro de 700 kilómetros, aparte venía muy cargado de mucha agua por lo lento que se desplazaba.

Toda la noche estuvo lloviendo, cada vez más fuerte, ellos se refugiaron en la tienda de campaña que era impermeable, pero al fin jóvenes, no les importaba mucho el mal clima, y porque les gustaba eso al ir a acampar, pasar aventuras fuera de lo común. El lugar donde estaban como su nombre lo dice es un cañón, es donde se juntan dos montañas muy altas, que hasta algunos las usan para hacer rapel, eso que hacen los escaladores. Al ser tan altas, ese día se convirtieron en un embudo gigante por el que el agua escurría, y así empezó a tener caudal el arroyo, y este a hacerse cada vez era más ancho. Ellos como diversión y sorprendidos, ya que nunca llevaba agua ese arroyo, pues habían acampado en varias ocasiones y a pesar que llovía, nunca se juntaba tanta agua como para que corriera por el arroyo, siendo como es una zona semidesértica.

El domingo al el medio día, el huracán había tocado tierra en la costa de Tamaulipas, las montañas detuvieron los vientos fuertes, pero toda el agua que tenía se precipitó en un lapso de tiempo muy corto, provocando mucha destrucción y muerte. Fue algo nunca visto, lo llamaron el huracán del siglo XX. Mis amigos al ver correr el agua se pusieron a jugar a brincar el arroyo con un palo largo como si fuera una garrocha de esa que usan los de las Olimpiadas para saltar. Corrían con la garrocha hechiza, la clavaban en el centro del arroyo y cruzaban, de ida y vuelta, en ese tiempo eran muy ágiles y livianos, después de hacer la suerte los cuatro varias veces, Fernando lo quiso hacer de nuevo y la garrocha no resistió como las anteriores veces y su trayectoria fue hacia el medio del arroyo. Cayó de espalda y la corriente se lo llevó, quizás se pegó con una piedra que arrastraba el caudal, porque los otros ya no lo vieron más.

Fue un momento de mucha angustia, corrían por la orilla del arroyo gritándole a Fernando pero no lo veían, mientras seguía lloviendo. Se fueron hasta la carretera siguiendo el cauce del arroyo pero no lo encontraban, no sabían que hacer, ¿qué le iban a decir a sus papás?, Victor tomó la decisión de irse corriendo hasta la Central para llamar a la casa de Fernando para avisarles a sus papás, los otros dos se quedaron buscando en el arroyo, a ver que podían ver. Victor corrió lo más rápido que pudo, halló un teléfono público y marcó a casa de Fernando, contesto su mamá, Victor le empezó a explicar pero ella no le entendía por lo rápido que hablaba, su esposo al oír que hablaba muy angustiada le pregunto que qué pasaba. Tomo el teléfono y Victor le volvió a explicar lo sucedido, el papá dijo que iban para allá para ver que podían hacer. El papá marco a la Cruz Roja para que mandaran una ambulancia, pero todas las unidades estaban ocupadas, recatando a muchas personas que el huracán había tomado por sorpresa. Que iban a hacer lo posible pero que no le garantizaban nada, el papá de Fernando les marcó a sus cuñados para pedirles apoyo y se fueron en unas camionetas al cañón.

Seguía lloviendo, el papá de Fernando llegó al punto donde le había dicho Victor que estaban acampando, se bajó de la camioneta y ellos le explicaron cómo había estado todo, Victor había regresado de la Central, el papá empezó a regañar a los jóvenes diciéndoles pero a quien se le ocurre hacer lo que estaban haciendo, no veían que el arroyo llevaba piedras grandes, los jóvenes solo ponían cara de tristeza pero no contestaban nada, luego se pusieron todos a buscar por la orilla del arroyo hasta la carretera, había un tubo por donde pasaba el agua por debajo de la carretera pero era en ese momento muy peligroso entrar y estaba muy obscuro, les preguntó a los jóvenes si habían buscado pasando la carretera y ellos dijeron que no, entonces se fueron a buscar pasando la carretera, había un campo de equitación que se había construido sin considerar que era arroyo porque nunca llevaba agua, pero como dicen, el agua tiene memoria, el caudal había destruido todo a su paso.

Siguieron caminando por donde se veía más caudal y a 500 metros más abajo encontraron a Fernando muerto, ahogado y todo golpeado, como que al estar inconsciente se hubiera golpeado contra las piedras, el papá trato de darle resucitación pero era demasiado tarde, estaba color verde los labios, lo cargaron entre dos y se fueron a un hospital para ver que podían hacer, pero desgraciadamente fue víctima también del descomunal huracán que había azotado toda la región.  


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.