El Mismo Día 1985 y 2017

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Se despertó la familia Pérez, todos los miembros de aquella familia odiaban su apellido, porque siempre es el que se usa como ejemplo Juan Pérez de lo ordinario, de lo común y corriente, ellos se despertaban a las 6:00 para darles tiempo de desayunar e ir a sus respectivas actividades, la mamá había preparado unos chilaquiles, que son pedacitos de tortilla con salsa y queso rallado, la televisión de la cocina la tenía prendida, como siempre, en el canal del noticiero, estaban recordando el terremoto del 85, el papá comento: hoy hace 32 años fue el sismo que destruyó toda la ciudad, a lo que nadie contestó nada, el ambiente familiar no estaba en su mejor momento, sin causa alguna, solo como que ya estaban aburridos de convivir todos con todos, cuando estaban con los platos servidos, nadie se dirigía la palabra, los dos hijos agachados viendo el celular, eso sí, deseándoles a todos sus grupos de whatsapp buenos días y feliz martes, poco coherentes en su actuar, por lo demás, muy ordinario, común y corriente en nuestros tiempos.

El papá siguió viendo la tele y desayunando, comentó al aire, ese sismo fue con los 2 movimientos trepidatorio y oscilatorio, batallando para pronunciarlos, la esposa fue la única que contestó al comentario diciendo que si se acordaba, aclarando que ella vivía en la Colonia Roma donde ahora vive su tía Laura, sus hijos ni la vista levantaban, del todo indiferentes. El papá dijo mira el presidente Peña esta izando la bandera a media asta en el zócalo para conmemorar el aniversario, seguro se va a equivocar en algo, este menso. Se despidieron los hijos sin siquiera dar las gracias por el desayuno y se fueron a la universidad, la mamá acostumbrada a la indiferencia no les reclamó nada a sus pelafustancillos, el esposo se despidió de beso y le comentó que le había gustado mucho el desayuno.

La señora Pérez se fue a comprar unos abarrotes a la tienda más cercana como a las 11:00 de la mañana y cuando iba a regresar a su departamento, la detuvo una vecina muy platicadora para contarle un chiste que había oído de los Pérez, ella con una cara de bueno ándale, cuéntalo rápido, le empezó a decir que el apellido Pérez es el primer apellido que ha existido, ¿Por qué? preguntó, porque cuando Adán y Eva estaban en el paraíso, se comieron la manzana y Dios les dijo; como se comieron el fruto prohibido “Pérez serán” y soltó la carcajada la vecina, la señora Pérez se despidió amablemente y siguió su camino, deseándole a la vecina le cayera un edificio encima.

En eso que empieza a temblar, ella creyó que estaba mareada, a su mente le vino el recuerdo de lo que habían platicado en la mañana, sería demasiado casualidad, no puede ser, ella se detuvo un poco y siguió teniendo la rara sensación, cuando empieza oír gritos, cosas cayéndose y vidrios quebrados, está al frente de la entrada a su departamento y ve asombrada que el edificio se empieza a quebrar y se derrumba completamente, ella se hinca, empieza a llorar, no lo puede creer, le preguntaba al cielo ¿porque?, puso sus manos juntas el pecho y se desmayó de la impresión.

Un vecino y su esposa que la vieron tirada en la calle, la auxiliaron metiéndola a su casa, habían tenido más suerte y no se había dañado con el fuerte sismo. Las comunicaciones de celular de todas las compañías habían colapsado, nadie se podía comunicar con sus parientes para saber cómo estaban, esto causó mucha incertidumbre entre los habitantes de la cd. De México, fueron horas de mucha angustia.

El señor Pérez, que estaba trabajando en el momento del sismo, creía que era un simulacro más por la fecha del anterior sismo, pero nada, era verdadera la evacuación. Salió junto con todos sus compañeros a los centros en donde se deben de ubicar cuando sucede este tipo de acontecimientos, están pintados con color verde. Tuvo un mal presentimiento, pero siguió el protocolo como siempre, para estar a salvo. Tomó su celular y quiso comunicarse primeramente con su esposa que se había quedado en casa. Lo intentó en varias ocasiones pero no contestaba, se empezó a preocupar más, le marco a sus hijos y tampoco contestaban. Los demás compañeros, decían que no se podían comunicar con sus parientes. El señor Pérez tomó la decisión de irse a su casa a buscar a su esposa. Pudo tomar un taxi y en el trayecto, en el radio pudo oír que las zonas más afectadas eran por donde estaba su departamento, la sangre fría se le fue a los pies. Todo el trayecto pensaba lo peor, que su esposa habría muerto, que iba a hacer con sus hijos adolescentes. Vio su vida afectada de la noche a la mañana.

Cuando al fin llegaron a su casa y vio  que el edificio está totalmente destruido, no lo piensa dos veces, empieza a buscar entre los escombros a su esposa, no tiene nomas que sus manos para ir quitando los materiales en donde cree el que están los restos de su departamento. Un vecino saca unas tinas para llenarlas con los materiales destruidos e ir avanzando, en los huecos que se habían hecho, gritaba con la esperanza de oír la voz de su esposa. En eso llegaron los dos hijos con una cara de angustia por su madre, el papá los abrazó y les pidió que lo ayudaran a mover unas varillas que estaban retorcidas, el hijo más chico le dijo que oía algo en uno de los huecos, que lo dejara entrar a rescatar a la persona. Se metió y pudo ver a una vecina que estaba atorada por una viga en su pierna, le preguntaba de su mamá que si la había visto, le contestó que no y como quiera la ayudo a salir. Los tres hombres estaban desesperados, no les importaba las cosas materiales, solo encontrar a la mamá con vida.

Empezó a llover, se oían las sirenas de las ambulancias, todas las personas se pusieron a ayudar para rescatar a los posibles sepultados entre los escombros, se ponían a mover con tinas las piedras que se habían caído de los muros de ladrillo y concreto. Algunas voluntarias se ponían a preparar comida para los que estaban trabajando en el rescate, en eso que los vecinos que habían auxiliado a la señora Pérez, reconocieron al esposo y le llamaban para avisarle que su esposa estaba en su casa. Le gritaban pero por tanto ruido, no les podía escuchar, en eso que todos alzan el puño como señal de que guarden silencio, fue cuando el señor Pérez pudo oír a la vecina que le gritaba. Bajo de entre los escombros y le explicó, el señor daba gracias al cielo, les aviso a sus hijos, entraron a la casa donde estaba la señora Pérez, quien seguía inconsciente, la abrazaron pero no despertaba, cuando le tomó el pulso, notaron que estaba muerta, la impresión le había ocasionado un infarto fulminante. Los tres hombres lloraban junto a ella.

Y en vida ni la pelaban los jijos...

 


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