Daniel

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
3387 visitas

Recomendación:
Lesbianvideos.co - Videos a diario de relaciones íntimas entre mujeres

La urgencia que ambos teníamos por desnudar al otro era palpable. Se podía sentir en el ambiente. Pero un bar no es el mejor sitio para desnudarte. Por eso nos pasamos la noche entera rozándonos casualmente, observándonos el uno al otro, comiéndonos con los ojos.

Nos despedimos todos en la puerta del bar en el que estábamos. Nadie sabía que entre nosotros había algo, por lo que Daniel tomó una dirección opuesta a la mía, a diferentes bocas de metro. Ya habíamos acordado que nos encontraríamos en mi casa por mensaje por lo que no importaba. Llegué unos minutos antes que él. Cuando llegó a mi puerta yo ya estaba en ropa interior, ropa que dejaba muy poco a la imaginación. Como cazador que tiene cerca a su presa me beso con prisa, con angustia, tomándome en sus brazos, obligándome a rodear su cintura con mis piernas y cerrando la puerta de una patada.

Terminamos tirados en mi cama, él con su cuerpo sobre el mío, permitiéndome sentir su erección peleando por salir de sus pantalones, contra mis braguitas rosas de encaje. Continuamos besándonos apresuradamente, como si lleváramos mucho tiempo sin hacerlo. Yo me ayudaba de mis piernas para juntar nuestros cuerpos y poder sentir mejor su erección contra mi mientras el paseaba sus manos por mi pecho, pellizcando mi pezón por encima del sujetador.

Daniel... Estoy muy mojada... - No tardó en querer comprobarlo y metió la mano que tenía en mi pecho debajo de mis braguitas.

Me encanta que me recibas tan mojada Nomi. No hay mejor recibimiento – su voz sonaba ronca, profunda, masculina...

Se recreo con mi clítoris, rozándolo, pellizcándolo, tocándolo como el sabía que me gustaba que lo hiciera, para después deslizar sus dedos dentro de mi. El placer que me estaba haciendo sentir no tenía nombre, mis dedos se perdían en su pelo buscando algo a lo que aferrarse y de mi boca se escapaban gemidos que salían de lo más profundo de mi ser.

Me tenía a punto de llegar al orgasmo cuándo se levantó, dejándome desorientada, para desvestirse. Yo sólo pude centrar mi vista en su pene, saliendo de sus calzoncillos, como un mástil. Duro y grande. Sacó un condón de mi mesilla de noche, se lo puso de forma rápida y se colocó entre mis piernas. Me rozó suavemente el clítoris para de una embestida introducirse completamente dentro de mí, haciéndome gritar de sorpresa y de placer. Estaba tan mojada que no tuvo ningún problema para entrar. Comenzó a penetrarme con un ritmo cadente, como quien calienta antes de hacer deporte, para ir aumentando el ritmo. Colocó mi pierna sobre su hombro y alcé mi cadera para que las penetraciones fueran más profundas y placenteras. Notaba como el orgasmo iba llegando, él entrando y saliendo de mi rápidamente, con fuerza, sus gruñidos... utilicé mis manos para pellizcarme un pezón y para tocarme ayudándome a llegar al orgasmo.

Joder Nomi, córrete, apriétame... estoy a punto – Contraje mis músculos con el dentro. El orgasmo llegaba.

Una sensación de calor que crecía desde donde estaba él y como corriente eléctrica recorría todo mi cuerpo. Daniel comenzó a embestirme más fuerte, con furia. Ambos llegamos al orgasmo entre gemidos, gruñidos y gritos de placer. Se dejo caer en la cama después de tirar el condón y ambos nos quedamos dormidos en mi cama. Reponiendo fuerzas para repetir unas horas después.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.