Victima.

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No sabía exactamente dónde estaba, tampoco hacia dónde iba, solo sentí la necesidad de huir de ese ambiente tenso que empezaba a formarse dentro de la habitación. Camine por horas divagando en la parte más oscura de mi consciencia hasta que me perdí. No hablo solo de perderme en ella, si no que me perdí por las oscuras y frías calles de Madrid, siguiendo el claro olor a humedad e intentando alcanzar el descenso del atardecer. 

Mi pulso empezó acelerar junto con mis piernas recordando las advertencias de mi abuela. Aquellas que acuñaban cual era la zona más peligrosa de la ciudad, en este caso, los callejones de Madrid.

Gire el callejón con la esperanza de encontrar el camino de vuelta, con la boca seca y la angustia latiendo detrás de las orejas. Sin embargo, mis pies se detuvieron paralizados al escuchar un penetrante sonido, un disparo.  

Por acto reflejo mis ojos se abrieron como platos y toda la sangre se congeló al instante en el mismo lugar. Achine los ojos intentando ver algo pero fue en vano. 

Miles de preguntas empezaron arremolinarse en mi cabeza mientras intentaba agudizar mi oído, pero como en todas las películas, el malo, el que disparo, se fue corriendo dejando que la víctima se desangrará. No se por qué estúpida razón corrí hacia allí, no se porque extraña razón no me fui de este nefasto lugar. Solo sentí la necesidad de ayudar a la víctima por muy poco que lo fuera. Mis ojos no tardaron en apreciar el cuerpo tirado en el suelo,  aunque no supe muy bien cómo sentirme, pues el asombro era lo único claro en mi sistema nervioso. Apoye mis manos en la herida situada en el abdomen mientras pedía ayuda. Era un hombre, bastante alto y seguramente  mayor que yo por un par de años. Su pelo largo era del mismo color de la noche, caía por la frente, tapando la mitad de las cicatrices que poseais, pues estas tenían un aspecto rudo, aterrador y frío, aunque a mi, me pareció lo contrario. Mis dedos picaban por acariciarlas, por sentirás bajo mi piel pero este no era el momento más oportuno para ello. Sus labios eran gruesos y rosados, su mandíbula cuadrada estaba relajada y su pecho subia y bajaba lentamente. Acto seguido, presionando la herida, sus ojos se abrieron de golpe penetrando los míos...

 


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