Instinto Sexual

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Sus miradas se cruzaron cuando salían del ascensor, y ella sintió que le desnudo el alma. Nada obvio pero intenso. Ya habían coincidido antes pero no de esa forma. En ese momento. Ella se detuvo. Él tan perspicaz se volteó a verla y entre un juego de miradas entraron juntos a su apartamento. Había silencio, pero no era incomodo, sus miradas estaban conectadas, no hacían falta palabras, ellas lo decían todo con tan sincera intensidad.

Él tomo su rostro y se acercó, ella se aferró a las manos de él, sus labios se juntaron y sus lenguas húmedas se entrelazaron en el más delicioso, jugoso y erótico beso, sus respiraciones se hicieron más rápidas. Él dejó caer su mano sobre uno de sus pechos y a ella eso le encantó. Posó su mano sobre la de él como invitándolo a explorar. Entonces, él deslizó sus dedos bajo la blusa de ella y encontró su pezón firme y erizado, lo masajeo con su pulgar y lo fricciono con sus dedos de la forma más exquisita mientras le besaba el cuello. Ella se erizó por completo, ya no solo su pezón estaba erizado y se maravilló de no haber usado sujetador esa mañana.

De repente, fue sintiendo como se humedecía su entrepierna y tomó la otra mano de él y la deslizó dentro de sus jeans hacía su vagina húmeda y palpitante de placer, él se excito aún más al sentirla tan mojada y le susurró al oído "que rica estas" a lo que ella respondió "siii" entre gemidos e inmediatamente su mano salto al pantalón de él y con tal agilidad se lo zafó; y de manera intensa le tomó el pene y también lo sintió húmedo, tan húmedo y tan firme como una roca y entre sollozos se le escapo un "aaah" que lo enloqueció.

En un intercambio cómplice de miradas rompieron el hielo, se deshicieron de la ropa y se empezaron a desnudar de manera apresurada y ansiosa, sabían que era el momento. Él por fin halló los senos de ella desnudos, hermosos y perfectos; no esa perfección que imponen las revista de moda; sino, eran perfectos porque eran de ella, de su rostro lujurioso. Con tal atención los admiró y exploró. Entonces, entre manoseos morbosos y besos perversos la llevó a la habitación. La tumbó sobre la cama y la admiró por unos segundos tan divina, tan sexy, tan sensual; sumergida en un placer libidinoso que lo enloquecía. Lo llamaba con su mirada penetrante y lujuriosa y una vez más introdujo su lengua en su boca mientras le estimulaba el clítoris en el punto exacto con tal perfección que la embriagaba de placer y la hacía gemir extasiada mientras él la observaba completamente excitado.

Realmente lo estaban disfrutando. Ella llevó sus manos hacia sus senos y empezó a estimularlos mientras lo miraba incitada como invitándolo a que los chupara, sin dudar, él descendió, chupó y lamió uno de sus pezones una y otra vez y ella se arqueaba de placer; mientras le acariciaba el cabello y le decía completamente deleitada "chúpame más aaah...que rico" y él complaciente lo hacía con ambos pezones. Se los chupaba y halaba al instante que ella jadeaba.

Empezó a descender con besos mojados por su abdomen hasta llegar a su vagina mojada y palpitante, separó sus muslos y los agarró firmemente mientras los lamia hasta llegar a su clítoris. Empezó a lamerlo y chuparlo e introducía por completo la lengua en su vagina y seguía lamiendo y lamiendo. Le succionaba el clítoris y se lo chupaba, ella gemía una y otra vez mientras le decía con su voz fatigada y sexual "no pares aaah... dame más... sigue ahí...aaah". Entonces. Empezó a sentirse fuera de sí, palpitante y desinhibida. Él continuó hasta que ella con respiración entrecortada terminó. En ese momento. Él subió impregnado de su olor. Ella fatigada y extasiada se acercó, lo beso salvajemente mientras lo obligaba a ponerse en pie. Ella lo miró al instante que se mordía el labio inferior, le agarró el pene y comenzó a chuparlo. Él jadeando le sujeto el cabello con una de sus manos. Ella seguía chupándoselo de forma exquisita, lo introducía por completo en su boca y lo sacaba, repetía esto una y otra vez al momento que le acariciaba las bolas. En ese instante empezó a chupárselas mientas le estimulaba el pene, él no paraba de jadear y continuaba con su mano sobre el cabello de ella como controlando los movimientos que ella hacía al chupársela.

Entonces. Ella se detuvo. Se tumbó en la cama y abrió sus piernas. Él estaba embelesado en ella, la tomo de los muslos, la jalo hacia él y puso sus piernas  en sus hombros. La penetró. Tenía todo el control, la tenía justo como él quería. Introdujo su erecta verga en el coño de ella. Lo hizo con sevicia, salvaje, duro, tan duro que la hacía vibrar. La humedad de su coño producía un chapoteo exquisito cada vez que él entraba. Cual melodía para sus oídos, y esto los excito aún más. Él estaba tan encendido, la deseaba demasiado, le enterraba su verga de forma severa y ambos jadeaban. Ella le suplicaba con voz orgásmica y agitada “si, así, aahh, no pares, dame duro, cógeme duro, entiérramela hasta el fondo, si así aahh, dame más aahh, quiero más, aahh”, esto a él lo prendía más y con más sevicia la penetraba. Su coño hervía; él seguía embelesado en ella. La tumbó de lado y ella se apropió de la posición. Se tumbó al lado de ella. Ella abrió sus muslos para que él entrara. Él la agarró de uno sus muslos y la penetró al instante que le chupaba el cuello y parte de su oreja. Ella jadeaba con respiración entrecortada al tiempo que sentía la respiración entrecortada de él.

Sus cuerpos empapados en sudor se hacían uno solo, el rose de su espalda con el torso de él era extraordinario, sus cuerpos se balanceaban al mismo compás, cada espacio de la habitación olía a sexo, nada más importaba en ese momento. Estaban perdidos el uno en el otro. Al penetrarla en esa posición sentía como si su verga estallara, se aferraba a ella, a sus tetas, a su cadera, se la metía hasta el fondo, duro, encarnizado chapoteaba en ella, en su coño caliente y exquisito. Ella se arqueo para besarlo y ahí lo monto como a un potro. Ahora ella tenía el control. Le lamió y besó la barba y el cuello. Fue descendiendo por el pecho y abdomen hasta llegar a su verga; la introdujo una vez más en su boca. Él volvió a jadear y ella se la chupo por unos segundos. Volvió a montarlo. Introdujo se erecta verga en su coño. Hacía movimientos ascendentes y descendentes no tan rápido no tan suave al momento que la verga de él chapoteaba dentro del coño de ella; mientras él la manoseaba de forma pervertida, le agarraba las tetas, le apretaba el culo y la nalgueaba. Ella lo estaba disfrutando. Ambos jadeaban. Ella le tomó el dedo pulgar y se lo comenzó a chupar. Entonces, hizo sus movimientos más rápidos. Sentía que iba a estallar, su clítoris explotaba, estaba fuera de sí. Arqueó su cabeza y empezó a gemir desinhibida; su orgasmo era exquisito, delicioso, majestuoso, al mismo tiempo él la tomó de las caderas y gimió con ella. Su orgasmo también era exquisito. Llegaban juntos; era realmente majestuoso.

Estuvieron así por un par de minutos. Entonces, ella fue disminuyendo el ritmo de su vaivén al tiempo que su gemido se hacía más suave y por unos segundos se dejó caer sobre el pecho de él completamente exhausta. Se tumbó de lado y con voz fatigada dijo “que gran cogida”. Él asintió al instante que la miraba. Entonces, los ojos de ambos fueron dominados por el cansancio de tremenda faena.

Un poco más tarde, los brillos del sol lo sorprendieron por su ventana como trayéndolo nuevamente a la realidad. Al reaccionar, solo encontró un trozo de papel al lado de su cama que decía “fue un gusto conocerte… Aleja”.

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