Garosa

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Nina bailaba al ritmo de la música, lo estaba disfrutando, sus movimientos eran muy sensuales, estaba extasiada. Juanjo llevaba un rato observándola desde la mesa sin parpadear. Nina le atraía desde hace algún tiempo ya y esa noche lo estaba enloqueciendo con su forma de moverse que junto al corpiño que llevaba puesto la hacían ver realmente sexy.

El bar estaba a reventar pero esto no fue impedimento para que Nina notara que Juanjo la observaba y sin pensarlo le hizo un giño invitándolo a que fuera a la pista con ella, él se puso en pie, acomodándose la entrepierna dirigiéndose a la pista, acercó su cuerpo al de ella siguiendo el ritmo de la música perdido en sus movimientos, entonces se acercó un poco más y en un movimiento rápido chupó su oreja a lo que Nina se estremeció y entre risas sensuales lo miró y siguió bailando. Él también se sonrió, y de pronto empezó a tener una erección. El solo hecho de que Nina lo mirara de esa forma se le ponía dura, él la deseaba demasiado, quería sexo con ella desde hace mucho tiempo. La atracción hacia Nina era netamente sexual, solía masturbarse pensando en ella, en sus ricas tetas y su enorme culo. Muchas veces se había imaginado como sería su primer encuentro sexual y de solo pensar que tal vez esa noche podría suceder le sudaban las manos.

El trago se estaba acabando, entonces, Nina se ofreció ir a la barra por mas trago. A medida que Nina se acercaba a la barra se percató de lo guapísimo que estaba el barman, se mordió los labios y le dijo “hola, necesito más trago para la mesa 4” al tiempo que lo miraba seductoramente. Él correspondió clavándose en sus sensuales ojos y desvistiéndola con la mirada, la chispa entre ambos fue evidente. Nina sintió una descarga por todo el cuerpo que le hizo mojar la entrepierna, lo miró lujuriosamente y él la condujo al cuarto de depósito detrás de la barra, en donde se hallaron solos, se miraron libidinosamente y se comieron los labios en el beso más sexual e intenso, se manosearon todo el cuerpo por encima de la ropa. Él alcanzo a palpar la entrepierna de ella completamente húmeda e introdujo suave pero intensamente su dedo medio en su vagina. Ella jadeo y se meneo un poco mientras se miraban de manera penetrante a los ojos, él sacó su dedo y lo chupo, ella le dio una sonrisa pícara y retorcida, lo tomó del cuello y lo volvió a besar intensamente. Él fue deslizándose hacía su cuello mientras ella con los ojos cerrados gemía. Las manos inquietas del barman les desabrocharon los shorts que escurrió de forma salvaje por sus apetitosos muslos y ella con un movimiento ágil los arrojó hacia una esquina, deshaciéndose rápidamente de sus bragas, quedando completamente libre. El barman se saboreó, le agarró morbosamente las nalgas, la levantó y la sentó sobre la mesa de despacho. Bajó llevando su boca hacía el mojado y rozagante coño de Nina, empezó a lamer, estaba empapada, le introducía la lengua en su chorreado coño, le palpaba su clítoris duro y erecto, Nina gemía y se arqueaba de placer, ponía su mano sobre el cabello de él al tiempo que entre gemidos decía “aahh…aahh.. Qué rico…no pares por favor…aahh”, el barman deslizaba su lengua de arriba abajo por el mojado coño de Nina, le chupaba y halaba el clítoris, lo masturbaba con su lengua al tiempo que ella vibraba, la lamía en el punto exacto en donde ella estallaba. En ese momento, su gemido empezó a hacerse más intenso, desinhibido, se corría de forma deliciosa, su orgasmo era majestuoso. Él no se detuvo hasta que ella fue bajando su intensidad y culminó. Entonces, él le dio un beso en el muslo, ella agitada lo miro y él poniéndose de pie le dijo “que rica estas”.

Salieron del lugar, el barman le despacho los tragos guiñándole el ojo al tiempo que le pasaba un trozo de servilleta con una nota que ella ágilmente guardo en el bolsillo de sus shorts. Volvió con los tragos a la mesa a donde sus amigos esperaban impacientes, Juanjo notó que Nina lucía diferente, tenía una actitud tan sexual; diferente a cuando llegaron al bar. Se preguntó si la demora con los tragos tenía que ver con si había cogido con algún tipo en ese momento, este pensamiento lo excito e inmediatamente la llevó a la pista. Ella empezó a moverse de una manera muy erótica y él acercó su cuerpo al de ella, tomándola de las caderas, juntando su pene al culo de ella. Ella se pegó aún más a él recostando su cabeza en su  hombro sonriéndole extasiada, él notó que ella estaba excitada, entonces, de forma sutil lamio su cuello y percibió que Nina olía a sexo, cosa que lo encendió.

La canción finalizó y entre risas volvieron a la mesa pero Juanjo enloquecía de ganas. El tiempo transcurrió y se hizo el momento de partir, todos los chicos empezaron a salir. Entonces, Nina le dijo a Juanjo “ven con migo, acompáñame a mi casa y luego tú sigues a la tuya”. Juanjo no lo podía creer, asintió rápidamente y juntos tomaron un taxi. Al instante Nina se lanzó sobre él besándolo intensamente, él se aferró a ella besándola también.

Al llegar bajaron apresurados del vehículo, se comían a besos, hicieron una pausa improvisada mientras Nina abría la puerta, entraron sin vacilar mientras se manoseaban. Ella estaba empapada y él lo saboreaba, Nina tomo la mano de él y la introdujo dentro de sus bragas, él la sintió deliciosa y exclamo en un suspiro ¡qué rica!, se tumbaron en el sofá y él le sacó sus shorts. Nina le saco la camisa y con mirada lujuriosa saboreó su pecho. Juanjo era tan semental y ella no lo había notado, entonces, deslizó sus manos suavemente por su pecho hasta llegar a su pantalón que zafo con urgencia,  dónde halló se enorme verga, erecta y dura. Él también estaba mojado, ella se mordió los labios saboreando tal espectáculo, le bajó el bóxer y empezó a chupársela, él jadeaba y arqueaba la cabeza, las mamadas de Nina eran exquisitas, la forma en que se la estaba chupando era extraordinaria. Hacía un buen tiempo que ninguna mujer le practicaba sexo oral de esa manera, lo estaba disfrutando, la sujetaba del cabello como controlando sus movimientos, estaba perdido en ella, lo estaba llevando al cielo, estaba completamente excitado. Nina lo miraba lujuriosamente mientras introducía su verga hasta lo profundo de su garganta, Juanjo estaba extasiado, realmente no podía creer que por fin estuviera sucediendo, había imaginado tanto este momento que realmente parecía una locura, el ángulo que tenía de ella en esa posición era extraordinario. Con una de sus manos le bajó el corpiño, sus ojos se  clavaron en las deliciosas y perfectas tetas de ella, las agarro y estrujo morbosamente con ambas manos, palpando su pezón erizado. Nina no paraba, introducía su verga hasta su garganta y volvía a sacarla produciendo un chapoteo exquisito, entonces, trepó hasta sus labios, con ambas manos él se aferró a su rostro comiéndole sus carnosos labios, se besaban intensamente, se mordían y chupaban los labios. Juanjo se fue deslizando por el cuello de ella, lamiéndoselo y chupándoselo exquisitamente. En ese instante. Le quitó las bragas, deslizó sus dedos hacía la vagina de Nina introduciendo su dedo medio, ella estaba empapada, la tomó de las caderas y la halo hacia su erecta verga rociando su coño con ella. La tumbó sobre la alfombra, admiró a su diosa que se meneaba con tal sexualidad, al instante que se inclinaba hacía sus senos. Los agarro firmemente y empezó a chupar sus erizados pezones, las tetas de Nina eran exquisitas, grandes y jugosas, las apretujó salvajemente al tiempo que se saboreaba, friccionaba el pezón con sus dientes, lo chupaba y halaba. Nina gemía excitada, estaba recibiendo un placer demencial, intenso. Juanjo estaba embelesado en sus tetas, le chupaba ambas una y otra vez al tiempo que Nina entrelazaba sus dedos en el cabello de él.

Entonces. Sujetándola firmemente de la cadera hizo que ella se girara, quedando en la posición exacta en donde deleitaba el enorme y fantástico culo de Nina, con sus manos apretó y separo sus nalgas y empezó a saborear su  culo de forma exquisita, lo lamia como animal insaciable, introducía su lengua en su pequeño agujero una y otra vez al tiempo que la exploraba con sus dedos curiosos con los que también penetraba su culo. Nina arqueó más su cadera dejando que Juanjo viera todo su mojado y rozagante coño. Él no dudó un segundo en llevar su lengua y perderse nuevamente en ella; le hacía un oral demencial; le palpaba con la lengua su clítoris duro y erecto al tiempo que le introducía el dedo medio en el culo, le chupaba y halaba el clítoris, introducía su lengua y nariz en su chorreado coño, quería perderse en su olor, imprimirse en ella.

Nina gemía extasiada al tiempo que balanceaba su cadera de arriba abajo. Juanjo se sentía completamente excitado. Esa mujer lo traía loco. El coño de Nina estaba caliente, mojado y palpitante, introducía sus dedos en él y seguía lamiéndolo. Entonces, Nina entre gemidos le dijo “follame ya, párteme, reviéntame el coño ya...aahh….follameee”, estas palabras hicieron enloquecer aún más a Juanjo quien se apoyó sobre sus rodillas y la penetro. Al instante, Nina emitió un gemido y empezaron a moverse simultáneamente, él estaba completamente perdido en ella. Había anhelado por tanto tiempo coger con ella, penetrarla y fallársela como nadie más lo haría jamás. La penetraba una y otra vez, al tiempo que la miraba tan desinhibida, siendo una puta para él. Nina gemía mientras con voz libidinosa le pedía más, le pedía que la destrozaran sin piedad. Él la complacía, le daba duro al tiempo que exhalaba en cada entrada,  le apretaba las nalgas y la nalgueaba. El palmoteo que se producía en cada vaivén era completamente exquisito; el coño de Nina hervía al igual que su verga, sentía que iba a estallar, le hacía más duro, tal cual depravado, se la estaba follando como siempre lo había soñado.

Entonces, Nina se empezó a sentir fuera de sí y estallo. Se corrió produciendo un gemido ensordecedor que Juanjo disfrutaba. Se chorreó intensamente. Sin titubear Juanjo acerco su cara y se mojó en ella, tenía su olor impregnado en todas partes, se saboreó, era como si ella lo hubiera marcado.

En ese instante, le agarró las nalgas y se las chupo, subió un poco rozando de arriba abajo con su lengua la espalda de Nina, al instante que le agarraba nuevamente las nalgas separándoselas apreciando una vez más su agujero que yacía mojado y placentero como seduciéndolo. Sin dudarlo lo penetro. Lo hizo con furia. Le enterraba su verga con ferocidad, sin clemencia, sus bolas chocaban en su coño empapado, ese sonido chapoteante que se producía con cada clavada lo encendía aún más. Nina lo disfrutaba, seguía gimiendo. Estaba muy cachonda y era extraordinario, él le daba duro, le estaba partiendo el culo. Empezó a sentir que estaba al límite. Sentía que iba a llegar.

En ese instante se detuvo sujetándola de las caderas. Ella, ligada intensamente a él se giró velozmente y entre la complicidad de sus miradas libidinosas Nina se agarró y apretujo las tetas  al tiempo que se meneaba. Juanjo estalló y empezó a llegar sobre ella, se chorreo vigorosamente sobre sus deliciosas y enormes tetas hasta sentirse liviano. Entonces, se tumbó al lado de ella exhalando exhausto. Sus miradas se volvieron a cruzar entrelazando sus cuerpos hastiados de sexo.

Más tarde,  los ruidos de las bocinas en la calle sorprendieron a Nina. De a poco fue despertando y se dio cuenta que ya había amanecido. Hacía un sol hermoso que pronosticaba un día caluroso y enérgico. Juanjo aún dormía plácidamente. Nina se levantó y se puso un blusón que sacó de su recamara, tomó las prendas de vestir que había usado la noche anterior y al revisarlas halló en uno de los bolsillos de sus shorts un trozo de servilleta en el que estaba anotado el número telefónico del barman.

Recordó que la noche anterior después de su encuentro intenso con él. Él le había pasado un trozo de servilleta que ella ágilmente había guardado en sus shorts sintiendo al instante un cosquilleó en el estómago que la hizo sonreír. Sabiendo con certeza cuál sería su plan del próximo sábado en la noche.

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