Vida a bordo (parte 3/3)

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
1685 visitas

Recomendación:
Libros eróticos - Los libros de ficción erótica más populares de Amazon

Al día siguiente, después de dos inmersiones y la comida, la mayoría de la gente aprovecho como siempre para echarse la siesta. Yo me subí a la plataforma superior del barco con mis instrumentos de fotografía con la intención de limpiar las lentes, dar silicona a las juntas y cambiar las pilas. Me senté en una mesa y me puse a era  la tarea.

A la plataforma superior solo se accedía por una única escotilla y si alguien la utilizaba lo primero que se le veía era la cabeza y de espaldas. Ni siquiera la vi acercarse absorto en mi tarea. Fui consciente de su presencia cuando me preguntó que hacía y ya estaba de pie a mi lado con una mano apoyada en mi hombro.

- Me encantó ayer cuando me apretaste el pecho - dijo.

- Yo creo que más bien fuiste tú la que lo apretó con mi mano – conteste sin muchas ganas de entrar en esa conversación.

- Si pero eran tus dedos los que lo tocaban. Yo solo apreté tus dedos como si fueras tú quien ejercía presión y lo retorcías. Cuando me duche aun sentía el dolor y repetí la operación pensando que era tu mano de nuevo la que me lo apretaba – añadió.

No contesté y seguí con lo mío, como si no la hubiera escuchado.

Juntó su cadera a mi cuerpo y se frotó contra mí brazo en el momento que daba silicona a una de las juntas. La aparté y la dije que estaba ocupado y me estaba distrayendo, pero ella insistió. Para retirarla le empuje del culo a un lado, pero volvió a pegarse. La separé de nuevo y la di un azote en el culo para que no insistiera.

- Dame otro, pero más fuerte que con ese solo no vas a conseguir que te deje tranquilo - me dijo pegándose de nuevo.

- No ves que estoy ocupado y tengo que acabar esto antes de la próxima inmersión.

Volvió a insistir y para que me dejara tranquilo le di otro azote más fuerte.

- Me encantan los azotes – dijo azotándose el culo ella misma con energía.

Se le estaba empezando a poner colorado. Me llamó la atención y fije la vista allí observando el cambio de color. Le di otra vez, ahora con fuerza y me quedé observando cómo se le oponía rojo de verdad. Se bajó la parte de abajo del biquini para que lo observara desnudo. Aunque ella no me atraía lo más mínimo me estaba empezando a calentar viendo su culo.

Aparté un poco a un lado mis cosas y la incliné sobre mesa de forma que el culo quedaba en pompa como si me estuviera invitando. Se dejó hacer. Le apreté una nalga con fuerza mientras le daba un azote con todas mis ganas en la otra. Volví a repetir la operación cambiando de nalga, varias veces. Ahora sí que lo tenía rojo de verdad, pero seguía pidiéndome más y más fuerza. Quite la correa de la bolsa de la cámara, la doble por la mitad y la azote con ella. Después de dos correazos se apreciaba perfectamente donde la correa había impactado en su culo.

Empezó a jadear y pedirme que siguiera azotándola. Le pasé la mano por debajo del culo y le toqué el coño, estaba chorreando. Le presioné el clítoris y después metí dos dedos dentro de ella. En ese momento empezó a moverse para acomodarlos y conseguir más fricción. Saqué los dedos y separé los glúteos para observar el orificio trasero. Le pasé un dedo por el centro y lo masajeé hasta que entró la primera falange fácilmente debido a la lubricación del coño.     

Presioné un poco y el dedo entró entero mientras se removía para aumentar la sensación. Saqué el dedo ante sus protestas, lo metí en el bote de silicona cogiendo una generosa porción y se lo esparcí por la entrada del culo ya visiblemente dilatada. Metí dos dedos que entraron sin dificultad y empecé a follarla con ellos. Cuando noté que se deslizaban sin dificultad metí otro y empecé el mete saca con fuerza. Se corrió enseguida e intentó incorporarse. No la dejé y seguí con mi labor hasta se corrió de nuevo.

La incorporé y la di la vuelta. Ejercí presión sobre sus hombros haciéndola agacharse hasta que estuvo rodillas en el suelo, con la cara a la altura de mi polla mientras yo seguía sentado. Cuando empezó a bajarme el bañador le facilité la tarea levantándome un poco. Nada más sacármelo por los pies se lanzó sobre mi polla y empezó a chuparla como una posesa. Le di una colleja y le dije que más despacio porque no quería que me hiciera daño. Se lo tomó con más calma.

Me dijo que la mirara a la cara mientras me la chupaba y ella me miraba a los ojos. La visión de su cara no era lo que más me apetecía en ese momento, así que sin hacerla caso cerré los ojos y dejé volar la imaginación pensando que la boca que chupaba era la de Nadin.

Ahora sí estaba excitado. Llevé mis manos a sus tetas y levanté la tela que las ocultaban. Cogí con fuerza sus pezones y los estrujé con fuerza. Era increíble que, con un pecho tan pequeño, tuviera aquellos pezones que sobresalían más de dos centímetros de su cuerpo facilitando el agarre. Tiré de ellos hacia arriba y ella ejerció presión hacia abajo para hacer más intenso el estiramiento y entonces fue cuando empecé a retorcérselos como ella había hecho en la barca el día anterior.

Las lágrimas empezaron a resbalarle por las mejillas, pero solo le preocupaba de chupármela. Empezó a succionármela y pensé que iba a arrancar el capullo cuando se la saco de la boca y se corrió escandalosamente. Con seguridad cualquiera que estuviera despierto en el barco, la tripulación al completo seguro, estaría oyendo sus inconfundibles alaridos.

Un marinero apareció por la escotilla y al vernos, ella prácticamente separada del suelo y colgando solo de sus pezones entre mis dedos, se quedó paralizado mirándonos. Yo no hice caso y ella no era consciente de su presencia al estar de espaldas a él.

La solté y metí la polla en su boca ante la ya expectante mirada del marinero. Poco a poco se la fui introduciendo cada vez más hasta que me di cuenta que hacia tope en la garganta cunado le dio una arcada. Salí un poco y volví a entrar de nuevo produciéndola otra arcada mientras las lágrimas se deslizaban por su cara.

Volví a sacársela y volví a metérsela. Esta vez no tuvo arcadas porque su garganta ya se había acostumbrado a la presión, así que me quede allí dentro mientras notaba como me presionaba el capullo contra su paladar, cada vez que respiraba por la nariz. Estaba a punto de correrme y decidí hacerlo dentro de su boca cuando la vuelta a tras ya me era imposible. Presioné su garganta y me deslicé más dentro atravesando la entrada de la tráquea y corriéndome mientras ella se quedaba sin posibilidad de respirar al habérsela bloqueado, como en las pelis porno. Me quedé allí disfrutando hasta que ella intentó retirarme de forma desesperada porque se estaba ahogando.

Cuando se la saqué de la boca me miró con cara de odio y me dijo que era un hijo de puta. Mi respuesta fue volver a retorcerle los pezones sin piedad y volví a metérsela de nuevo en la boca. Empezó a disfrutar de nuevo con el castigo en sus pechos y empezó a chupármela de nuevo ansiosamente, presionando la lengua sobre el capullo. Volvió a correrse de nuevo ante la mirada fija del marinero que se masturbaba sin perder detalle y que se corrió en ese momento.

Una vez acabó el hombre, le hice una seña con la cabeza para que se fuera. Le dije a ella que me limpiara los restos de la polla con la lengua y así lo hizo. Cuando acabó se levantó, me miró a los ojos y sin decir nada se fue. No le dije que durante todo el rato mi imaginación estuvo ocupada con Nadin, ni que el final de nuestro encuentro había tenido un espectador, porque soy un caballero.

Ya no buceó más ese día y tampoco la vimos por el barco. Su compañera de camarote y amiga nos dijo que no se encontraba bien y prefería quedarse acostada. A nadie le pareció extraño porque es frecuente que esta situación se dé en algunas personas después de varias inmersiones seguidas.

Cuando nos estábamos sentando a cenar apareció y antes de sentarse en su sitio se acercó a mí y me dijo al oído que había sido un cabrón y un animal y que le dolían a rabiar los pezones y la garganta. No volvió a hablarme durante esa noche. Yo estaba convencido de que cuando el dolor le desapareciera volvería buscarme, consciente de que la situación la había provocado ella y era la que más había disfrutado. Nunca hubiera imaginado que aquella chica con apariencia de monja le gustaran las prácticas masoquistas. Sorpresas que da la vida.

Esa noche la canadiense me dijo que sabía que habíamos follado. Le dije que sí pero que mientras lo hacía con otra estaba pensando en ella.

- Quédate con eso porque es lo único que vas tener de mí - me dijo riéndose.

Una pena, me hubiera encantado disfrutar con ella de un buen polvo, pero no siempre se cumplen los deseos.

La última noche, después de cenar vino Bárbara a hablar conmigo. Me dijo que no le importaría repetir lo de la otra tarde, pero en su camarote. Había hablado con su compañera para que no apareciera si veía que nos íbamos juntos.

Le di las gracias, pero rechacé su oferta diciéndole que era la última noche y la quería disfrutar con todos los compañeros de viaje. Bajó la mirada al suelo, se dio media vuelta y se marchó.

Al día siguiente al despedirnos todos en el aeropuerto ella ni siquiera se acercó a mí, ignorándome. Una pena.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.