EL MASAJISTA TURCO

Por
Enviado el , clasificado en Adultos / eróticos
1877 visitas

Recomendación:
Libros eróticos - Los libros de ficción erótica más populares de Amazon

Hicimos un viaje corto, mi marido y yo, a Estambul para ver las maravillas que ofrece la antigua capital de Constantinopla, sobre todo sus mezquitas y el famoso Gran Bazar, uno de los más grandes del mundo con más de tres mil tiendas. Llevaba dos días con rigidez en el cuello seguramente por el cambio de almohada y aunque era soportable era molesto.

Estábamos curioseando las tiendas del Gran Bazar cuando vimos un local que anunciaba masajes y le dije a mi marido que quería entrar a ver si me quitaban el dolor de cuello y mientras él podía quedarse tomando una cerveza en un quiosco que había justo enfrente.

De no muy buena gana aceptó y sin hacerle mucho caso entré en el local. Me atendió una señorita con el velo en la cabeza que para mi sorpresa hablaba bastante español. Le dije lo que me pasaba y me señalo un pasillo con puertas cerradas y me dijo que entrara en la número tres y enseguida me atendían.

Pasaron cinco minutos y entró un señor de unos sesenta años de piel muy morena y barba poblada vestido con una chilaba hasta los pies. Era muy grande, al menos dos metros y hombros muy anchos, pensé que demasiado para una persona de esa edad. Por señas me indicó que me sentara en la camilla y empezó a tocarme el cuello. Lo iba presionando por distintas partes y yo me quejaba cuando me tocaba donde me dolía.

Me indicó que me quitara la blusa y me quede cortada sin entender que tenía que ver con mi dolor de cuello. Ante mi sorpresa tiró hacia arriba de ella y levantándome los brazos para sacármela por la cabeza. Cortada me llevé las manos a los pechos intentando tapar la desnudez de mi ropa interior. Me bajó los tirantes del sujetador y empezó a clavar los inmensos dedos desde el cuello hasta los hombros. Me hacía ver las estrellas cada vez que pasaba por donde tenía el dolor para a continuación sentir que la rigidez iba desapareciendo cuando me movía la cabeza hacia los lados.

Después de un rato empezó a deslizar los dedos desde el cuello hacia los pechos, primero en un lado y después en el otro. Luego hizo lo mismo con las palmas de las manos desde el cuello a los hombros y terminaba pasándome los pulgares por la parte superior de los pechos, estirando la piel hacia los lados.

Empecé a sentirme molesta y un poco excitada lo que no le pasó desapercibido. En uno de sus recorridos metió los pulgares por dentro del sujetador y me acaricio los pezones que se pusieron de punta involuntariamente. En la segunda pasada ya jugo con ellos entre sus dedos que parecían morcillas e intente retirarme. Se colocó delante mí mirándome fijamente a los ojos como solo los árabes saben hacerlo con esos ojos tan profundos y me bajó el sujetador. Me quede aterrada sin saber qué hacer y la imposibilidad de comunicarme con él verbalmente.

Me cogió los pezones con los dedos y empezó a masajearlos, según se me iban endureciendo me los apretaba más y empecé a notarme húmeda entre las piernas. Era consciente de mi excitación y debió de intuir que estaba mojada. Soltó un pecho y metió la mano entre mis piernas hasta tocarme el sexo. Retiró las bragas y me lo acarició comprobando lo mojada que estaba. Me acarició el clítoris y fue bajando el dedo hasta la entrada de la vagina. La palpó e hizo un par de giros con la yema en los labios exteriores. De pronto sentí como su dedo me penetraba y empezaba a follarme. Lo sacó y volvió a meterlo, pero esta vez eran dos dedos los que me llenaron más que cualquier polla de las pocas que me habían penetrado en mi vida.

Me penetraba muy duro y enseguida me hizo advertir que el orgasmo estaba cerca cuando su pulgar se situó sobre el clítoris y empezó a masajearlo al mismo tiempo que me penetrada con los otros dos. Me corrí mordiéndome los labios para no gritar y cuando no aguantaba más le retiré la mano de mi sexo.

Me tumbó en la camilla y me quitó las bragas. Deslizó mi humedad hacia el orificio trasero y empezó a presionar con un dedo. Estaba tan excitada que aunque me dolía quería que siguiera. Enseguida sentí como se deslizaba por mi interior al tiempo que otros dos dedos lo hacían por delante. Con la otra mano empezó a masajearme el clítoris y estallé en un segundo orgasmo. Sacó sus dedos de los dos orificios y se los limpió con una toalla. Me dio las bragas y se marchó.

Me incorporé como pude, me coloqué la ropa y salí al mostrador de recepción donde estaba la chica que me mostró un ticket de caja con lo que tenía que abonar donde se reflejaban dos servicios distintos. El primero ponía quinientas liras turcas y el segundo cero liras. Le di la tarjeta de crédito a la señorita que con una sonrisa me dijo que el segundo servicio era obsequio de la casa para que volviera si me había gustado. Me devolvió la tarjeta y el justificante de pago.

Me cobró y salí a reunirme con mi marido con el culo un poco escocido y dolor en los pezones, pero feliz. Me preguntó qué tal estaba y le dije que me habían dejado nueva y que seguramente repetiría si volvía a molestarme, convencida de que me ocurriría.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.