El Baúl de los Recuerdos

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Ese año el cumpleaños del abuelo cayó en sábado, razón o pretexto más bien, más que suficiente para que se organizara una comida con toda la familia, obvio, en la casa de los abuelos, allí hay un comedor grande donde se puede hacer una sobremesa como Dios manda, porque cabemos todos los hijos y los nietos, podemos convivir todos juntos, como ya en muy pocas ocasiones se puede hacer. Al llegar lo primero que vi fue el altar de muertos que tenían puesto en la sala, estaba dedicado a los 4 bisabuelos, decorado con todo lo que les gustaba, tenía los 7 niveles tradicionales, muchas flores de cempasúchil color naranja, su cruz en el camino, papelitos picados con calaveras, como las vemos en muchos altares; me acerque a ver detalladamente el altar y mi abuela se paró a un lado y me dijo -es importante seguir recordando a los muertos para que no mueran-, le contesté que sí con la cabeza y pensé que era una frase muy bonita, porque realmente lo peor que le puede suceder a una persona que se muere es que nadie la recuerde, por eso siempre me ha parecido una tradición muy noble levantar los altares de muertos, a pesar que en lugares del mundo nos ven como satanistas o cosa peor. La veneración de los muertos se cocina aparte en nuestra cultura y en nuestros recuerdos.
Pasamos a la mesa, todo olía muy rico, había grandes ollas de comida para todos los gustos, eso solo lo puede hacer la abuela, que si no te gusta la carne de puerco, hay otro guisado con pollo, que si no te gusta el arroz, puedes servirte crema de elote, todo es variado, para ella sentirse orgullosa de lo que puede ofrecerle a sus hijos y nietos, a mi parecer ella se siente contenta y satisfecha de darle a cada quien lo que les gusta.
Al terminar de comer el abuelo, se levantó de la silla y se despidió diciendo que se iba a ir a jugar golf temprano, porque con eso del nuevo horario, no alcanza a dar las 2 vueltas al campo de golf. Se despidió como siempre, todos tenemos la costumbre de levantarnos y darle un abrazo. En la sobremesa la abuela empezó platicar sus recuerdos, muchas historias que han pasado, algunas ya se las he escuchado, pero nunca le digo que no las vuelvas a repetir, porque siento que cuando nos las platica se multiplica la emoción que siente con recordarlas junto con nosotros.
Mi primo le preguntó a la abuela ¿cómo eran tus papás? Le contestó -eran personas normales, muy trabajadores, siempre con buena actitud ante el futuro, pero quiero decirte una cosa y haciendo referencia a esto que me preguntas, cuando leí Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, me llamó la atención algo de la novela, los personajes se justificaban de sus errores preguntando así como tú, se disculpaban de hacerlos otra vez, como decir esto lo hago yo porque mis antepasados también lo hicieron, eso no debe de ser, hay que aprender del pasado y no cometer los mismos errores que hicieron ellos, en eso la interrumpió el papá de mi primo diciendo una frase que siempre dice la abuela cuando se abre una botella de vino, acuérdate que tenías un tío alcohólico, como para advertirte, no caer en lo mismo que aquel que tuvo ese problema. Todos se rieron porque repitió las palabras de la abuela, como imitándola, la abuela cuando todos se reían decía en voz alta pues será el sereno, se les voy a seguir diciendo.
Mi tía que es muy meticulosa, comentó que todos tenemos un baúl de los recuerdos, pero que es importante seleccionar los bonitos recuerdos, los malos recuerdos no tiene caso mantenerlos vivos, aclaró además que ella llevaba una agenda en donde tenía pegados en las hojas los recuerdos agradables, para que cada que la abriera para usarla, se topara con algo bonito, como el dibujo que hizo su hijo cuando era niño, una tarjeta de su esposo para invitarla a cenar todos los viernes de su vida, y así cosas bonitas que te leventen el ánimo cada que la abras.
Mi abuela volteó con mi tía la mayor y le dijo una frase, muy adecuada porque esta tía al estar recientemente separada de su esposo, se le ve la tristeza en la cara, no es la misma que eras hace unos meses, ¿cuál era la frase?, hay recuerdos que el tiempo no borra, el tiempo no hace la perdida olvidable, solo superable; todos nos quedamos callados un instante y luego mi tía, le contestó -pues si me quedo con lo bonito de los recuerdos a lo malo ya no le voy a dar valor, para que no me siga afectando-, en eso su hija la abrazó como solidarizándose con ella. La abuela le dijo -muchas veces la vida es injusta, pero hay que olvidar esos malos recuerdos y ¿para que irlos cargando toda la vida? Cuando todo está perdido aún queda el recuerdo-.
Tiene recuerdos para todos, a mí me recuerda diciéndome ¿te acuerdas aquella vez que estábamos viendo la final del mundial de futbol, cuando México metió un gol en el último minuto contra Holanda, le contesté: sí abuela ¿cómo no me voy a acordar, estábamos brinque y brinque todos?, hasta usted se le olvido que había dicho que le dolía la rodilla, me contestó -si, pues con la emoción hasta se me olvidó que me dolía-, al acordarse se le veía su cara de contenta. Luego volteó con mi prima que acaba de comprar una cámara fotográfica, le dijo -fíjate que tu abuelo era muy fanático de la fotografía, por ahí han de estar muchas fotos que tomó cuando sus hijos estaban niños, será que fue una época de más felicidad y procuró guardar los recuerdos para toda la vida, así tu guarda muchas fotos para que tengas bonitos recuerdos para recordar-.
-Somos una familia muy bonita- dijo la abuela, -yo estoy muy orgullosa de ustedes, y me encanta hacerles de comer, es una satisfacción que yo siento al prepararles la comida-, aclaró además -tengo amigas envidiosas que me critican y me dicen que para que me esfuerzo tanto en invitar a toda la familia a comer, pero les contesto que lo hago con mucho amor, no es un sacrificio para mí, además cada vez que hacemos una sobremesa con toda la familia disfruto tanto la plática con todos, y recordar los momentos que hemos pasado, que vale la pena todo, además es mi gusto y mi dinero… pos estas metiches.
Después de varias horas de sobremesa, la abuela mencionó que hay muchas canciones y muchas novelas que están basadas en los recuerdos, es bonito abrir el baúl de los recuerdos, para recordar nuevamente cada suceso bueno y platicar del pasado. El recordar es muy satisfactorio, lo comparo con oler un buen vino, y más acompañados con la familia. Termino diciendo: si no tienes buenos o malos recuerdos es porque no estás viviendo la vida; hay que vivir.


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