Isa, azotes y erotismo en familia en presencia de su amigo.

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- ¿Qué vas a hacer? - dijo Emilio mirando a la chica con la que estaba.

- No lo sé. - respondió Isabel con el nerviosismo reflejado en el rostro.

Isabel o Isa como la llamaban los que la conocían, era una chica menuda y de complexión delgada que por aquel entonces tenía dieciocho años. Tenía la piel pálida y los ojos y el cabello negros. Se consideraba femenina y aquella tarde vestía una blusa azul marino y unos pantalones blancos de tipo vaquero que marcaban su figura.

Emilio por su parte, tenía pelo castaño, ojos marrones y un año más que su compañera de clase. Oficialmente eran amigos, pero la realidad es que Emilio estaba colado por ella.

Isabel sentía afecto por el muchacho y no podía negar que había tenido alguna que otra fantasía erótica en el que él era el protagonista. Sin embargo prefería ir poco a poco y a lo más que habían llegado era a un inocente beso en las mejillas.

- Supongo que tendré que decir la verdad. - continuó la chica tras unos minutos de silencio.

Había cogido el coche de su padre sin permiso, convencida de que nadie se enteraría. No contaba con la multa y la rozadura. La primera tardaría unos días en llegar, pero la rozadura estaba ahí.

- Si quieres hablo yo con tu padre. - dijo el joven.

Isabel suspiró y se mordió el labio. Era un gesto que solía hacer cuando estaba preocupada por algo.

- No le conoces. Me refiero, no sabes cómo es... es un buen hombre, pero chapado a la antigua y con muy mal genio... si te soy sincera no sé lo que hará cuando se lo cuente. Puede salir por cualquier lado. - reflexionó mientras se retorcía las manos con nerviosismo.

- No te preocupes. Yo hablo. Y si no entra en razón te vienes conmigo. - dijo Emilio tomando las manos de Isabel en las suyas.

La loca idea de escapar dibujo una momentánea sonrisa en el rostro preocupado de la joven. Pero pronto la realidad tomo el control devolviéndola a ese mundo que combinaba la angustia del momento, con la placentera corriente de sensaciones que emanaban del contacto con las manos de su compañero.

- Vivo con mis padres, dependo de ellos. Seamos realistas.

********************

En el salón de la casa de Isa la tensión hacía que respirar fuese difícil. Había esperado el enfado de su padre, pero no contaba con el cabreo monumental de su madre que no hacía más que echar leña al fuego.

 Las acertadas palabras de Emilio no habían conseguido aplacar los ánimos. 

- Mantente fuera de esto. - le espetó el padre de su amiga cuando acabó su discurso conciliador.

- ¿Pero no ves lo que has hecho? ¿has puesto en riesgo tu vida y la de este joven? ¿a tus años? ¿dónde está tu juicio? - añadió la madre encendida mientras hacía aspavientos con las manos cerca del rostro de la joven. 

Por un momento Emilio pensó que su amiga recibiría un bofetón. Pero, tal y como Isabel había le había dicho horas antes, el peligro era el padre, menos ladrador que su progenitora, pero, sin duda, más temible.

****************

La escena, por unos segundos, pareció llevarse a cabo a cámara lenta. El padre, con el rostro serio, se desabrochó el cinturón y lo sacó de los pantalones doblándolo por la mitad.

La muchacha se quedó petrificada, incapaz de procesar todo el significado y el miedo que sentía. Miedo al dolor, pero por encima de todo, miedo a la humillación. Emilio sin saber muy bien que hacer, hipnotizado y sí, porque no admitirlo, excitado, permaneció inmóvil. La madre, muda, no intervino, se podría decir que aprobaba todo aquello.

- No... no pensarás. - dijo la chica cuando recuperó el habla.

- Inclínate. Recuéstate en el sillón. - ordenó el progenitor.

La chica, ruborizándose, obedeció apoyando el vientre en el reposabrazos mientras su culito quedaba en pompa listo para el castigo.

- Bájate los pantalones. - ordeno su padre.

- Pero... - 

- Nada de peros. Obedece y no me enfades más de lo que estoy.

- Las bragas también. - espetó el hombre al mando.

- No, las bragas no. - dijo llevándose las manos al trasero para protegerlo.

- ¡Obedece! - le gritó su padre con autoridad y de un tirón con el que casi desgarra la ropa interior de su hija, dejo al aire unas pálidas nalgas y una rajita que invitaba a ser explorada.


Pasaron unos segundos. La azotada contrajo los glúteos un par de veces esperando con incertidumbre la llegada del cuero. Cuando este al fin llegó, la contundencia del golpe provocó la queja de la muchacha. Pero esto no había hecho más que comenzar. El segundo golpe coloreó de rojo la pálida piel y el tercero y el cuarto y el quinto se sucedieron mientras la chica intentaba mantener el poco decoro que la situación le permitía.

De repente, Emilio quiso ayudar.

- Es suficiente. - dijo mirando a los ojos al padre.

- Esto no ha hecho más que empezar y acabará cuando yo lo decida.

- Por favor, no hables más y déjalo acabar. - dijo Isa que tenía la cara tan roja como el culo.

El castigo continuó entre una vorágine de sensaciones. Una mezcla de escozor y excitación. Isa noto que se estaba mojando en frente de todos. El culo escocía, tenía lágrimas de rabia en su rostro y todo ese calor se concentraba en su sexo de una manera salvaje. Tenía que aguantar como fuese, pensar en otra cosa. Si eso seguía así lo más probable, para su infinita vergüenza, es que se corriese allí mismo.

Quizás fue porque veinte azotes con el cinto era suficiente castigo o quizás fue porque su padre noto que aquello podía írsele de las manos. El caso es que para alivio de Isabel. El castigo terminó en ese momento.

- Me voy a la habitación. ¿Emilio vienes conmigo? - dijo la muchacha nada más reincorporarse y cubrir su desnudez.

Emilio la miró y luego miró a los padres, pero estos no dijeron nada. Así que la acompañó.

Nada más entrar en el dormitorio, Isa echó el cerrojo a la puerta. A continuación abrió un cajón y sacando un envase azul dónde se leía en letras blancas la palabra "Nivea", se lo entregó al chico.

- Puedes extenderlo sobre mis nalgas. - dijo mientras desnudaba su trasero y se tumbaba boca abajo.

Emilio hundió varios dedos de la mano en la crema y luego, acercándose al culito rojo de su amiga, comenzó a extender la crema. Isa se mordió el labio y deslizando su mano derecha bajo el cuerpo, empezó a frotarse y a gemir. Un par de minutos después volvió su rostro encendido hacia su compañero.

- Acuéstate conmigo.-

El chico no se hizo de rogar y se tumbó al lado de su amiga, acercando el rostro a su cuello, oliendo el perfume natural de su piel. La chica se volvió y le beso en la boca. Luego apoyó la mano en la entrepierna de Emilio acariciando su pene.

- Sácalo, quiero verlo. -

En el salón estaba puesta la tele.


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