La suerte

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Dos amigos estaban sentados tomando unas copas en el bar. Uno decía:  

   "Mirá, yo creo que la suerte consiste en estar en el lugar y el momento correctos, y, claro, estar munidos con las herramientas necesarias. No hay que pretender aspirar a un cargo importante y aparecer al concurso correspondiente apenas con el diploma de bachiller nomás; además hay gente a la que todo siempre le sale mal y mientras que otras han nacido con el culo apuntando a la luna",  dijo uno. 

  "Yo, en cambio, creo que suerte y mala suerte suceden en igual medida. Las cosas se nos dan de una u otra manera a lo largo de la vida con la misma frecuencia. A veces sucede que solemos usar como parámetros los bienes materiales, como cuando se dice "tanto tenés tanto valés". Mirá te voy a poner un ejemplo..." En ese momento los amigos fueronn interrumpidos por un viejito que estaba en la mesa de al lado escuchándolos con atención. 

   "Perdón amigos, pero creo que usted está equivocado (se dirigía al que habló por último) y se lo digo yo que soy más viejo que los dos juntos. Miren, yo nunca conseguí pasar de peón en ningún trabajo y miren que tuve todos los tipos de patrones que se puedan imaginar, desde los muy buenos hasta los más perros que existen, y las tres esposas que tuve se mandaron a mudar y dos todavía me cornearon bien corneado, y para empeorar Dios no me dio ni un hijo para consuelo. Y si les parece poco les digo que la casa en donde vivo es una tapera olvidada por sus dueños, sino ni eso tengo. Así que ven ustedes que la mala suerte existe y muchas veces se ensaña con uno y todo siempre le sale torcido", dijo, al fin, el viejito. El que había sido interrumpido miró a su amigo y le dijo:

   "Ajá, ves, acá tenemos un ejemplo de lo que te estaba por decir", dijo, y dándose vuelta le preguntó al viejo: 

    "Dígame amigo, ¿qué edad tiene usted?" 

   "Noventa y ocho recién cumplidos", dijo el viejo, orgullosamente. 

   "Ah, pero qué bien, no lo parece, quiero decir que se lo ve bastante enterito para su edad". 

   "Y sepa que nunca fui al médico y no sé lo que es cama de hospital tampoco", volvió a decir con orgullo el viejo. Entonces el hombre se vuelve al amigo y le dice: 

   "Ves, el hombre acá dice que con casi cien años nunca estuvo enfermo ni conoce lo que es padecer en un hospital, pero así mismo afirma que siempre ha tenido mala suerte, ¿entendés ahora lo del parámetro equivocado con que se suele medir las cosas y como suerte y mala suerte ocurren con la misma frecuencia?" 

                                                                   Fin. 


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