Los marcianos

Por
Enviado el , clasificado en Cuentos
36 visitas

Marcar como relato favorito
Recomendación:
ManualidadesEn.casa - Haz manualidades en casa. Cientos de proyectos para desarrollar tu creatividad, con diversos tipos de materiasles y niveles de dificultad.

El chico ya había apagado las luces de su habitación en el segundo piso y se disponía a dormir cuando percibió clarones intermitentes a través de los párpados. Abrió los ojos, ráfagas plateadas entraban por la ventana iluminando buena parte de la habitación. Una luz afuera prendía y apagaba a pequeños intervalos. El chico se levantó y miró por la ventana, la claridad se escurría al exterior por los ventiluces desde el galpón del vecino. 

   Allí vivía una familia extraña y taciturna afincada en el pueblo desde hacía algunos meses y como no se daban con nadie en el vecindario no se sabía si eran del interior o del extranjero. 

   "¿Qué estarán haciendo ahí adentro?", se preguntó el chico, intrigado. A la noche siguiente ocurrió lo mismo. Por la mañana, el chico comentó con sus padres, que concordaron en que debían estar soldando alguna cosa. 

   Esa noche el chico apagó la luz y se quedó montando guardia en la ventana, el galpón estaba a oscuras y el patio, entre la casa y el galpón, escasamente iluminado por las luces de la calle. De pronto hubo un movimiento, los vecinos se dirigían al galpón. Su corazón se aceleró a mil revoluciones por minuto cuando vio las cabezas del vecino y su esposa grandes como un zapallo, verdes y con antenitas a cada lado. 

   "Marcianos", se dijo, temblando de miedo. Pero la curiosidad, más fuerte que el miedo, hizo que se  quedarse junto a la ventana viéndolos pasar vestidos enteramente con trajes plateados hacia el galpón. Al rato las luces intermitentes empezaron a escaparse por los ventiluces como las otras noches. Los vecinos estuvieron hasta tarde en el galpón y cuando salieron el chico volvió a ver sus verdaderas formas. 

   Esa noche no consiguió conciliar el sueño. Por la mañana les contó a los padres lo que había visto. La madre le dijo que parara de ver tantas películas de ciencia ficción, pero el padre se quedó con la espina clavada en un costado. Esa noche padre e hijo, plantados en la ventana con la vista puesta en el patio, cerca de las once vieron pasar a los marcianos hacia el galpón, tal cual los había visto el chico la noche anterior. El padre bajó corriendo las escaleras y llamó a la policía. 

   "¡Qué sí, señorita, qué son marcianos le digo!, los vi con mis propios ojos o cree que lo estoy inventando. Sí, sí, rápido y traigan al FBI y por las dudas a los hombres de negro también", exageró el hombre al hacer la denuncia; luego colgó y volvió junto a su hijo, los vecinos continuaban en lo mismo. A la media hora dos patrulleros llegaron a su casa.

   "¿Ustedes nada más?", exclamó el hombre, sorprendido al ver solo cuatro agentes policiales. 

   "¿Y cuántos esperaba que vinieran, cien?", dijo el agente, sonriéndoles a sus compañeros. 

   "Claro que no, oficial, esperaba muchísimos más. Vaya a saber uno qué tipo de armas tienen esos seres. Recuerde que los extraterrestres son más avanzados que nosotros", exageró una vez más el hombre. 

   "Ok, señor, copiado. Ahora dígame cuál es la casa", dijo el agente.

   "Es esa casa, oficial", le indicó con la mano el hombre.  

   "Muy bien, usted quédese aquí que ahora nosotros nos encargaremos del asunto, gracias ciudadano", dijo el policía y se juntó a los otros, después se dirigieron a la casa del vecino. A los pocos minutos el dueño de la casa, ya cambiado a la forma humana, abrió la puerta, intercambió algunas palabras con los policías e ingresaron en la casa. El hombre, la esposa y el chico corrieron a espiar por la ventana del segundo piso. El vecino, la esposa y los policías se dirigieron al galpón, las luces se encendieron y después de algunos minutos volvieron a la casa. El hombre, la esposa y el chico corrieron escaleras abajo y se asomaron a la calle. El vecino y la esposa saludaron a los policías y éstos subieron a los vehículos, entonces el hombre se acercó a uno de ellos. 

   "¿Y agente, qué me dice?", preguntó afligido. 

   "Qué pare de ver películas de ciencia ficción", respondió el agente, con una sonrisa burlona y con la mano mandó al conductor marcharse de allí. 

   Pasaron los meses y los vecinos siguieron con lo mismo en el galpón; y cuando llegó febrero ganaron el primer premio con la carroza más original: un disco volador con dos marcianos en su interior, cabezones y con antenitas,  que saludaban a la gente por las ventanitas rectangulares. 

                                                                      Fin. 


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Diseño web para pequeños negocios, rápido y barato Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed