Premonición

Por
Enviado el , clasificado en Cuentos
81 visitas

Marcar como relato favorito
Recomendación:
ManualidadesEn.casa - Haz manualidades en casa. Cientos de proyectos para desarrollar tu creatividad, con diversos tipos de materiasles y niveles de dificultad.

Cuando el camión se marchó, descargó el bidón de gasoil en el tanque y puso en marcha el motor. Caminó unos metros hacia afuera y se cercioró que la luz en lo alto brillaba como siempre. Después encaró los noventa y siete escalones de la escalera caracol hasta la cima. La tarde ya se venía abajo. A esa hora le gustaba escrutar en el horizonte para ver cuando el mar se convertía en noche y el mundo pasaba a ser una sola cosa y de un solo color; a pesar de no ser dado a una fantasía, a veces solía imaginar que era un astronauta y que el faro, una nave solitaria viajando a través de las estrellas. 

  Al rato bajó al entrepiso donde se había instalado, porque la casa junto al faro era demasiado silenciosa, allí adentro en cambio el ruido continuo del motor era como un amigo conversador al que nunca se le acababan las historias. Preparó café, se sentó sobre la cama y recostado contra la pared circular continuó la lectura de La Reliquia, de Eça de Queirós. En un dado momento sintió una trepidación, como si un gigante zarandeara el faro para arrancarlo de raíz. 

   Corrió hasta los ventanales. 

   El tiempo había cambiado repentinamente y ráfagas de viento castigaban con furia los vidrios; se arrimó al cristal para ver mejor el exterior, una tormenta de fin de mundo se abatía contra el faro. De pronto, por el flanco que daba al mar, vio una aeronave venir directo hacia él. Lanzó una puteada y se precipitó escaleras abajo, cayendo de mala manera cuando faltaban pocos escalones para alcanzar el piso. Al instante se dio cuenta que se había torcido o quizás quebrado el tobillo del pie izquierdo. Se arrastró hasta la puerta y, agarrado al picaporte, consiguió apoyarse en el pie sano. Temiendo morir sepultado bajo los escombros cuando el avión hiciera impacto contra el faro sus ojos apuntaban hacia arriba al tiempo que, manoteando a ciegas, trataba de dar con la llave colgada en el marco de la puerta, y cuando la hubo encontrado no conseguía acertar la ranura de la cerradura y al conseguirlo la llave no respondió, porque la había metido al revés. Respiró hondo y se concentró en lo que era de suma urgencia: salir del faro. Ya afuera, corrió hacia el descampado saltando con un solo pie sin rumbo porque cualquier lado le venía bien. Algo, sin embargo, lo hizo caer y al voltearse hacia el faro fue como si hubiera despertado de una pesadilla: el cielo continuaba estrellado como lo había visto cuando contemplaba el anochecer. ¿Qué había sucedido entonces?, ¿qué misterio fuera todo aquello?, se preguntó sin hallar respuestas. Pasado el susto tomó noción del dolor en el pie. 

   Por la mañana recorrió los cuatro kilómetros hasta la ruta apoyado en la bicicleta, que dejó tirada en un zanjón. Al rato, serpenteando por la lonja oscura del pavimento, vio acercarse el colectivo. Cuando llegó a la ciudad el conductor, condolido, le hizo el favor de dejarlo en la puerta del hospital. 

   Por suerte solo había sido una torcedura, con lo que le vendaron el pie y le dieron un analgésico para el dolor y la recomendación para que pusiera el pie en una cubeta con hielo y lo forzara demasiado al caminar. Cuando salió del hospital, ahora sí, una tormenta tenebrosa como la imaginada la noche anterior cubría todo el cielo. 

   Resopló aliviado cuando llegó a la terminal porque temía que la lluvia lo sorprendiera en plena calle. El colectivo salía a las tres y media así que se sentó a esperar pacientemente en un banco. Entretanto lamentó no haberse acordado de traer el libro, con lo que tuvo que entretenerse con el exiguo movimiento del lugar. A eso de la una de la tarde el aire empezó a enrarecer, la temperatura a aumentar y el día a hacerse noche. Las luces de la terminal se encendieron. Un rato más tarde un trueno pareció quebrar la tierra en dos, al cual le siguieron rayos y relámpagos que iluminaron de plata las edificaciones al otro lado de la calle y hasta que, finalmente, la lluvia cayó. 

   El vendaval se mantuvo al mismo ritmo durante horas. Cerca de las tres se acercó a la ventanilla donde una nota pegada en el vidrio anunciaba el servicio interrumpido por el mal tiempo hasta la mañana del día siguiente. La noticia le arrancó unas cuantas puteadas. Contó el dinero que llevaba encima, fuera el pasaje de vuelta daba para algunas empanadas, que tendría que dividir en tandas para aguantar hasta la mañana. Ya resignado a pernoctar por allí mismo recorrió los canastos de basura donde consiguió un diario del día anterior y una insípida guía del Club de Leones. Por lo menos era mejor que entretenerse con nada, pensó. Después fue hasta la cantina donde se guareció hasta las cinco cuando el dueño le dijo que iba a cerrar. 

   La tormenta había arreciado y el viento silbaba entre las columnas y hacía rechinar las chapas del tinglado, pareciendo que a cualquier momento saldrían volando sobre los techos de la ciudad. Perdió la cuenta de cuantas veces tuvo que cambiar de banco porque el viento se encaprichaba en soplar de distintas direcciones a cada tanto; y a cada cambio de banco el pie le arrancaba maldiciones contra el destino adverso, contra la vida jodida del pobre y contra la madre que lo parió. En fin, fue otra noche terrible. 

   Temprano por la mañana lo despertaron las sirenas de los bomberos y de las ambulancias. La tormenta ya había pasado y apenas soplaba un viento frío y constante que helaba hasta los huesos.  

    Casi llegando a su parada, detrás de una loma, vio en el horizonte una columna de humo, oscura y retorcida, escalando las alturas. Con ello conjeturó varias hipótesis de posibles catástrofes, unas más siniestras que otras, menos la posibilidad de una catástrofe aérea, como la del avión que se estrelló contra el faro la noche pasada mientras él maldecía el mal tiempo debajo del tinglado de la terminal. 

                                                                       Fin.  


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Diseño web para pequeños negocios, rápido y barato Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed