El delfín

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Sergio, por fin, emprendía las tan esperadas vacaciones. Hacía tres años que no sabía lo que era un descanso, entre la empresa y la ONG ecologista de la cual era miembro activo su vida era vertiginosa. El médico le había dicho: 

   "Páre o se muere". El corazón era su problema no la empresa ni la ONG, y por eso iba a camino de Pinamar. 

   "Y nada de salvar pingüinos embadurnados de petróleo ni ballenas encalladas", le había aconsejado el médico, antes de salir del consultorio. 

Llegó temprano al hotel, antes de las ocho, por eso a las diez ya se encaminaba a la playa, a dos cuadras del hotel, cargado como un ekeko boliviano: silla plegable, sombrilla, agua, libro, protector solar, toalla, hielera, frutas y los prismáticos. 

Aún había poca gente cuando llegó. Desplegó la silla y extendió la toalla sobre el respaldo, enterró la sombrilla a un costado porque no demoraría el sol en darle de lleno y acomodó la hielera al lado. Después se pasó protector y se sentó a leer. 

   En ese momento la playa empezaba a llenarse de gente. Al rato los gritos estridentes de los niños no lo dejaban concentrarse en la lectura; un poco más tarde un pelotazo le sacó en libro de las manos y no mucho tiempo después un grupo de niños jugando a la mancha empezaron a dar vueltas a su alrededor salpicándolo de arena. Sergio, molesto por el gentío bullicioso, cerró el libro, agarró los prismáticos y empezó a buscar un lugar más aplacible donde disfrutar su descanso. Fue ahí que vio lo que le jodería el descanso tan ansiado: a unos quinientos metros un tipo estaba arrastrando a un niño lejos de la orilla del mar, seguramente su hijo, pensó. El tipo tenía en la mano un palo o tal vez fuera la parte de abajo de la sombrilla. En un primer momento Sergio pensó que le daría un palazo al niño, pero como el tipo gesticulaba con insistencia señalando el agua dirigió los prismático al lugar señalado por el tipo. Entonces, no muy lejos de ellos, vio de qué se trataba: un delfín, un delfín que seguramente herido había sido arrastrado por la corriente. En ese momento unos niños se interpusieron delante, Sergio se paró para ver mejor y ahí vio que el hombre, ahora sin el niño, se dirigía hacia el animal herido balanceando el palo. 

   "¡El cobarde va a matarlo a palazos!", exclamó y, largando los prismáticos, salió corriendo en su dirección. Las ojotas sobre la arena blanda le dificultaban la corrida, se detuvo, se las sacó y siguió corriendo. Mientras corría gritaba "¡asesino, asesino!". Las pocas personas por las que pasaba miraban extrañadas, a él y hacia donde él miraba,  echándose a reír. 

   "¡Pedazos de mierda, hagan algo!", les dijo a un grupo de muchachos, pero ésto hizo que rieran más alto aún. 

    El tipo ya había empezado a apalear al delfín indefenso y el corazón de Sergio a decirle que parara de correr. Sentía, como en los sueños, que corría y no avanzaba, y que no iba a llegar a tiempo de salvar al indefenso animal. El tipo seguía golpeando al delfín y él no llegaba nunca, y la gente, inconsciente, riendo en su cara, y el corazón insistiendo en que se detuviera. El delfín ahora ya casi no se veía y el tipo seguía dándole palazos. 

   "¡Pará, pará hijo de puta!", gritaba Sergio, pero el tipo, o no lo oía o no le hacía caso. La vista empezó a enturbiársele, las piernas ya casi no le respondían y el corazón le decía "hasta aquí llegamos, Sergio". Entonces, ya a pocos metros del tipo, cayó en la arena y con las últimas fuerzas que le quedaban empezó a arrastrarse hacia el asesino. El tipo, quizás al oírlo caer, se dio vuelta y cuando lo vio tirado, queriendo decir algo a través de gestos, porque la voz no le salía, largó el palo sobre el delfín inflable y fue a socorrerlo. 

  Mientras los salvavidas lo socorrían, sergio pudo oír al tipo que le decía a uno de ellos: 

   "No sé qué pasó, yo estaba rompiendo a palazos al delfín por la rabia que tenía, porque recién se lo había comprado al nene y descubrí que estaba pinchado, cuando de pronto sentí algo a mis espaldas, entonces me di vuelta y vi a este señor caído ahí.

                                                                  Fin. 


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