La casa en el aire - parte 3

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9- MIENTRAS TANTO EN LA FLORESTA NEGRA... 

El mago, después de leer el mensaje del rey, no quiso perder ni un minuto. Le dijo al bufón que lo esperara mientras hacía un brebaje adivinatorio, y que después lo acompañaría al castillo. El bufón respiró aliviado, porque si de día la floresta era negra como su nombre lo indicaba por la noche no quería ni imaginar cómo sería. 

   El mago puso agua a calentar en un caldero y cuando el agua empezó a hervir arrojó dentro yuyos secos, polvos mágicos y extrañas criaturas disecadas. Sin decir nada esperó al lado del caldero y cuando  los primeros vapores empezaron a elevarse al techo agarró un cucharón y sacó un poco de brebaje; sopló hasta que estuvo tibio, entonces le echó un puñado de azúcar y con una palito empezó a revolver. 

   El bufón seguía las acciones del mago atentamente y por dentro rezaba para que al beber aquella porquería no se fuera a morir allí mismo. El mago, al darse cuenta que el bufón seguía con la mirada cada detalle de lo que hacía, lo miró de reojo y le dijo: 

   "El azúcar es para hacerlo más digerible". 

   "Ni quiero imaginar el gusto asqueroso que debe tener eso", pensó el bufón, con un rictus de asco al ver cómo el mago tomaba hasta la última gota de aquella porquería. 

   Enseguida el mago dejó caer el cucharón y revoleó los ojos. 

   "Sonamos dijo Ramos", pensó el bufón, imaginando que se moría. De pronto el mago dijo: 

    "Ya lo tengo, ya sé quién es esa mujer". El bufón pensó que se lo diría, pero el mago que conocía la fama de alcahuetes que tienen los bufones no dijo nada más, para que al llegar al castillo no corriera a contarle la primicia al rey antes que él, el artífice del descubrimiento.

10- EN EL CASTILLO 

El bufón acompañó al mago hasta el salón donde el rey, espatarrado en el trono, bufaba de calor mientras era ventilado por dos eunucos; allí, por fin, pudo enterarse del descubrimiento del mago. 

   "Es una bruja, Su Majestad. Nadie normal puede sacar tanta basura de una misma casa todos los días durante todo el día", dijo el mago. El bufón agrandó los ojos. 

   "¿Tanto misterio para eso?, creí que iba a referirse al hecho de la casa mantenerse por sí sola en el aire. Viejo falluto", pensó. El rey, después de gratificar al mago con unas monedas de oro, mandó a llamar al hijo. 

11- EL PRÍNCIPE 

  "Tengo una tarea de suma importancia para que ejecutes en mi nombre, hijo. Y de paso vas sabiendo cómo se gobierna un reino", le dijo el rey al príncipe. 

   "Sí, padre, ¿qué debo hacer?", respondió el hijo, agarrando con fuerza la empuñadura de su espada. 

   "Descolgar una casa", dijo el monarca, sin ceremonias. 

   "¡¿Descolgar una qué?!", preguntó el príncipe, la cara dibujada de perplejidad. Él imaginaba una misión donde la sangre corriera como un río, pero... ¿una casa en el aire? Eso no se lo esperaba, era casi lo mismo que bajar un nido de ruiseñor de un árbol. 

   "Eso mismo que oyes, hijo, pero ten cuidado que no es tan simple como parece. Me dijo el mago que se trata de una bruja", le dijo el rey. El príncipe asintió y fue a ver al capitán del ejército real para que empezara con los preparativos. 

12- UNOS DÍAS DESPUÉS... 

Una de esas mañanas, tanto los habitantes de la aldea como los de la casa en el aire, al asomar sus caras fuera de sus casas, se quedaron atónitos con las tiendas de campaña y las catapultas desplegados en la campiña, lindera a la aldea. Los aldeanos inmediatamente empezaron a cargar las carretas con sus enseres. Iba a haber jaleo, así que lo mejor era alejarse de allí cuanto antes. 

   Ya los de la casa en el aire pensaron tratarse de un circo o, tal vez,de un parque de diversiones instalado por la noche. El esposo dijo: 

   "Si es un parque de diversiones por lo menos desde aquí no necesitamos pagar para ver el espectáculo". Y la esposa, parada a su lado, se quejó de la mugre que iba a quedar en la campiña cuando se fueran. Por su parte el hijo temió que la hija del verdulero se enamorara de un equilibrista y huyera con él, mientras que la hermana se preguntaba en silencio si el príncipe del lugar vendría a ver las funciones. 

13- ANTES DEL ATAQUE 

Secundado por varios soldados, por el mago, que no quiso volver a la floresta negra sin antes ver cómo acababan con la bruja, y por el bufón, que pensó que podía sacar de allí una buena historia para representar delante del rey, el príncipe ordenó que dispusieran las tres catapultas a cierta distancia entre sí, cargadas con grandes bolas de lana empapadas con alquitrán; por último ordenó que las encendieran e iniciaran el bombardeo contra la casa. 

14- EL ATAQUE 

El primer bólido de fuego pasó a unos metros a la izquierda de la casa. El marido oyó un misterioso zumbido cerca de la ventana, largó el libro que leía y asomó la cabeza. Una gran bola de fuego ardía a pocos metros de la última casa de la aldea. Inmediatamente se dio vuelta en dirección a la campiña, justo a tiempo de ver como otra bola de fuego venía derecho a la casa. El nuevo bólido rozó la casa por la derecha. El marido soltó un grito de alerta y empezó a buscar, allá abajo, un buen lugar donde caer cuando otra bola alcanzara la casa y no tuviera otra salida que arrojarse para salvar el pellejo. 

15- LA TERCERA ES LA VENCIDA 

El príncipe ordenó que colocaran la tercera catapulta en determinado lugar. 

   "Si la primera bola de fuego pasó a pocos metros a la derecha y la otra a pocos metros a la izquierda, el próximo lanzamiento debe efectuarse desde aquí", señaló con un pie. Y la tercera bola de fuego dio de lleno en la casa. Bajó vítores exultantes los soldados del rey y los aldeanos, que miraban el bombardeo desde una colina cercana, vieron cómo los ocupantes se disponían a arrojarse al vacío a cualquier momento, ya que la casa ardía casi por completo. 

16- HÉROES EN ACCIÓN 

Los cuatro ocupantes, las cabezas asomadas por las ventanas, agitaban los brazos en claro pedido de socorro. El verdulero, sintiendo pena de ellos, de un salto subió a la carreta, seguido por la hija, y se encaminó raudamente hacia la aldea. 

   El príncipe, al ver a la muchacha de la casa (¡oh, casualidad!), exclamó: 

   "¡Una bella doncella en peligro!". Y como buen y noble príncipe que era y caballero que que  se consideraba montó de un salto en su corcel y se encaminó a todo galope hacia la aldea. 


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