Alma rebelde - parte 3

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Enviado el , clasificado en Intriga / suspense
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VI- SIN RUMBO

Erró por el bosque un par de horas y se tiró a descansar. X tuvo un sueño liviano, esporádicas explosiones a la distancia lo despertaban a cada tanto hasta que en el silencio intermedio el sueño volvía. No bien amaneció siguió caminando sin saber hacia dónde se dirigía. De momento creyó que necesitaba encontrar algún poblado donde alguien pudiera hablar su idioma y lo orientara para llegar a España, ya que era el único idioma que conocía, después vería qué inventaba para explicar su presencia allí, pero de algo estaba seguro: no contaría de qué época venía y mucho menos cómo había llegado allí. 

   Unas horas después llegó a un camino de tierra y decidió seguirlo por la orilla, entre los matorrales. A media mañana sintió hambre y cansancio. Los bombardeos habían cesado y ahora se oían el canto de los pájaros y la brisa susurrando entre las hojas de los árboles. Por no entender francés no pudo descubrir en que año estaba exactamente, con lo que debía suponer que cada uno de los días era tan peligroso como cualquier otro, pero a pesar de todo esa nueva realidad que estaba viviendo era mejor que estar muerto. Él, que nunca, ni en sus sueños más delirantes, había imaginado que después de la muerte sería posible una cosa así y, hasta tanto nada grave le sucediera, se sentía feliz. Esta segunda chance, aunque fuera dentro de una historia ficticia pero real, como si estuviera viviendo una otra vida en otra dimensión, lo hacía sentirse más vivo, incluso que cuando estaba vivo de verdad. Era una locura, sin duda, o quizás la muerte fuese eso mismo, pero como nadie vuelve de ella para contarlo... De una cosa estaba cierto, no podía dejarse atrapar por nadie ya sean alemanes o los espectros que andaban tras sus talones. Si sus oscuras intenciones eran la de llevarlo al cielo o al infierno tendrían que sudar bastante porque no pretendía acompañar a ninguno de los dos. Ahora que conocía este otro lado de la vida era mejor que buscaran otra alma, una que vaya de buena gana tanto para ir al infierno como al cielo. El trato con los hombres era diferente, otra cosa, mismo viviendo en una ficción. Aunque, si por acaso, lo atrapaban los alemanes la cosa cambiaba. Pero en ese momento X no quiso más pensar en todo ello, al final cuando más buscaba encontrar una explicación menos lógica encontraba en todo ello. Tantos pensamientos le dieron hambre, pero apenas empezó a masticar unos bizcochos percibió movimiento por el camino. Era el espectro blanco que, vistiendo uniforme de soldado americano y sin noción del peligro que corría, caminaba como si nada. X se puso en marcha tratando de no hacer demasiado ruido, ya que el espectro venía a unos trecientos metros detrás. Por un momento pensó en dejarlo que pasara adelante, pero creyó mejor llevar él la delantera. Si lo perdía de vista o si entraba en el bosque lo único que debía hacer era tenderle una emboscada, de lo contrario la ventaja sería del espectro. 

VII- ENCUENTROS

Hizo bien al tomar dicha iniciativa, porque a unos cientos de metros adelante, en una curva, vio una patrulla de soldados alemanes viniendo en dirección contraria. Los soldados avanzaban a pie y en silencio y traían perros. La oportunidad de deshacerse del espectro sin su intervención, sin duda, era esa. Tal vez lo capturasen o lo matasen, pero en cualquiera de los dos casos le restaría apenas lidiar con un espectro solamente. Pensó alertar a los alemanes gritando desde los matorrales: "soldado americano", pero con seguridad después de liquidar al espectro vendrían tras él. La suerte estuvo una vez más de su lado cuando los perros empezaron a ladrar apenas vieron el espectro, que no tuvo tiempo de ocultarse y fue acribillado al instante. X se embreñó bosque adentro y subió por una cuesta hacia la cima de una colina,escarpada, más allá del bosque; no podía exponerse tanto ni contar con la suerte, que es finita y como el viento. Unos minutos después, ya en la cima de la colina, pudo ver que el otro espectro venía subiendo la cuesta tras él, pero aún desnudo, como no importándose con más nada que con cumplir su misión a cualquier precio. Ahora X no tenía una patrulla enemiga para que le echara una mano, el asunto tendría que ser resuelto por su cuenta, así que empuñó la pistola, se parapetó detrás de un tronco caído y esperó a tenerlo cerca para abatirlo y mandarlo al lugar de donde había venido. 

 


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