El loco del Cabildo - parte 1

Por
Enviado el , clasificado en Cuentos
80 visitas

Marcar como relato favorito
Recomendación:
Deviajeros.es - La página de referencia para planificar tus viajes y vacaciones

    El oficinista se sentó en un banco de la Plaza de Mayo y empezó a comer un sandwich de milanesa. El sol le daba de lleno, haciéndole soportable la brisa fría que se escurría desde el Río de la Plata por los oscuros corredores que formaban las calles entre los altos edificios. Al primer bocado una sombra se interpuso entre el sol y él, levantó la vista: era un joven, más o menos de su edad. El joven se quedó, como hipnotizado, mirando hacia el Cabildo. Al oficinista le pareció que lo conocía de vista, aunque no recordaba de dónde, pero buscando en su memoria al rato recordó que a menudo lo había visto en diferentes puntos de la plaza, siempre observando el Cabildo. Terminado su almuerzo, fumó un cigarrillo y volvió a la oficina. Pasados unos días volvió a verlo, como tantas veces, observando el Cabildo. Esta vez lo hacía sentado en uno de los bancos, unos cuantos más allá del suyo. Se prometió que a la primera oportunidad que tuviera le preguntaría qué tanto observaba; quizás fuera algún estudiante de arquitectura, que vaya a saber por qué razón observaba con tanto detenimiento para la construcción, conjeturó. Esta oportunidad se le dio unas semanas más tarde cuando, buscando un lugar libre, lo vio sentado en uno, de modo que fue a sentarse al lado. Después de conversar sobre cosas de todos los días, el clima, el gobierno, las palomas, etcétera, se animó a preguntarle sobre su peculiar costumbre de observar el cabildo. 

   Perdón, pero hay algo que vengo observando desde hace mucho y me tiene intrigado. Me podrías decir, si no te importa, ¿qué es lo que tanto miras en el Cabildo? El joven, sin dejar de mirar hacia en edificio, le dijo: 

   Vengo todos los días para ver, de primera mano, cuando el progreso de la ciudad obligue a las autoridades a terminar de derrumbarlo de una buena vez. El oficinista frunció el ceño y se quedó pensando en su extraña respuesta. 

   Perdón otra vez, pero no le encuentro lógica en lo que me decís. Puede que eso no ocurra nunca, o que ocurra en un futuro en el cual ya ninguno de los dos estemos en este mundo, ¿no te parece? El joven asintió sin decir nada, pero poco después se dio vuelta hacia él. 

   Me temo que si nunca ocurra tendré que seguir esperando hasta que acabe el mundo, pero si ocurre, en ese futuro que mencionaste, solo yo estaré aquí para verlo, dijo, tan campante como si estuviera hablando de algo factible. El oficinista pensó que estaba hablando con un loco de remate, pero como aún faltaba media hora para regresar a la oficina decidió seguirle el trencito. 

   ¿Y hace mucho que estás esperando el derrumbe total? El muchacho, que había vuelto a la obsesiva observación, le dijo: 

   Desde que terminamos de construirlo, allá por 1751.

 


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Diseño web para pequeños negocios, rápido y barato Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed