Ni cielo ni infierno - parte 2

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II- INFIERNO 

Después del rechazo en el cielo la vieja volvió a errar entre las nubes hasta que encontró un cartel indicativo que decía: AL INFIERNO POR AQUÍ. Una flechita mostraba una cueva.

   "¿Cómo que acá tampoco puedo entrar?", le reclamó la vieja, como lo hiciera antes con el ángel del cielo, al guardián patovica parado delante de las puertas del infierno. 

   "La ley es la ley, enemiga de lo bueno y lo noble. No insistas", dijo el gorila infernal. 

   "Pero en el cielo me dijeron que el infierno es mi lugar", le explicó la vieja. 

   "Y a mí qué me interesa lo que dicen en el cielo. No sabes que allá está lleno de mentirosos. Esos granujas siempre mandan la peor escoria para acá", gruño el guardián.

   "Que yo sepa el mentiroso es su patrón", objetó la vieja.

   "Usted por lo visto no entiende nada de nada, ¿no?. No sabes acaso que la verdad y la mentira es una cuestión de conveniencia", aclaró el patovica. 

   "Diablillo, por favor se lo pido, hágame un lugarcito, ¿sí?", suplicó la vieja. 

   "¡Imposible!, acá en el relatorio dice que te has pasado de la cuenta, zorra. Una cosa es un pacadillo aquí, otro por allá, pero hacer del pecado una religión ya es competir con el mismo demonio para ver quien es más diablo, ¿no lo crees tú?", dijo el guardián, achicando los ojos.  

   "Pero... pero...", titubeó la vieja. 

   "Shhhito y a llorar al campito", dijo el gorilón, anteponiendo un dedo delante de los labios. 

   "¡Qué shhhito ni nada, pelirrojo de mierda! Exijo hablar con el diablo, !qué carajo!", explotó la vieja, mostrando su verdadero carácter

   "¡Epa, epa! Y esos modales en qué antro oscuro lo has aprendido, guarra; dentro de una iglesia seguro que no. Pero si es así como te gusta jugar, lamento decirte que has perdido por goleada, vieja", respondió con una carcajada el patovica infernal. 

   "No pienso moverme de acá hasta ser atendida como corresponde a una dama", advirtió la vieja. 

   "¿Pero quién se cree que es esta vieja chocha, la última Coca-cola del desierto?", preguntó en voz alta para sí el oscuro guardián. 

   "Es que ese relatorio tiene que estar equivocado", señaló la vieja. 

   "Aquí lo único equivocado es tu cerebro, macabra", retrucó él.

   "Entonces, si es así yo no me muevo de acá", sentenció ella. El guardián estaba que no se aguantaba más de zamparle una patada en el culo a la vieja insistente.

   "Pero mira vos, cómo serás de jodida que no te importa ni un poco arder en el infierno por el resto de la eternidad. !Anda a ser mala de ese modo a la casa del carajo! Vamos a ver si no salís de acá cuando te zampe un tridente al rojo vivo en el culo, quiero ver", sentenció el guardián.

   "Pero entonces, si no puedo entrar ni en el cielo ni en el infierno, ¿adónde voy a ir?", preguntó la vieja. 

   "Al purgatorio, vieja podrida, y espero que se haya acabado todo el estoque de papel higiénico para que te hundas en tu propia mierda", dijo el guardián, soltando una risotada que despeinó las greñas de la vieja, después cerró la cueva con una pesada piedra. 

                                                              Fin. 


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